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Kylian Mbappé se la soltó directa. El astro francés atacó el mensaje de odio de una senadora de Paraguay después de que ella lanzara comentarios racistas en su contra tras la victoria de Francia en los octavos del Mundial. No rodeó la polémica ni eligió el silencio. Le respondió de frente. Le dijo que era una “incompetente” y una mujer “indigna para su cargo”. Otra vez Mbappé dejó claro que no le tiene miedo a meterse al barro cuando se trata de defender sus ideas.
No sorprende por él, que desde hace tiempo ha demostrado ser un futbolista consciente de su lugar en el mundo. Pero sí llama la atención por el contexto. En un fútbol cada vez más apático, más calculado, más temeroso de incomodar, Mbappé sigue apareciendo como una voz política. No necesariamente partidista, pero sí pública. Una voz que toma posición frente al racismo, la extrema derecha, la migración, la desigualdad y los discursos de odio.
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Antes del Mundial lo dejó claro, cuando en una rueda de prensa no encontraba a un periodista que le había hecho una pregunta. El reportero le aclaró que estaba a la “extrema izquierda” de la sala. Mbappé se rio y remató con ironía, diciendo que menos mal estaba ahí y no del otro lado. Fue un gesto pequeño, casi una broma, pero generó ruido: un futbolista posicionándose en el espectro político. Por supuesto, no fue la primera vez que lo hacía.
Periodista: “Estoy a tu izquierda, extrema izquierda.”
— Izquierda Web Noticias (@IzquierdaWeb) June 18, 2026
Kylian Mbappé: “Uf, que suerte que no estabas del otro lado.”
Es imposible odiar a Mbappé. Cómo él: siempre contra la extrema derecha. pic.twitter.com/NDM34ErLgE
De un tiempo para acá el francés no ha titubeado en expresar sus críticas a las medidas antimigrantes y racistas. Ha usado su voz en un ecosistema que suele preferir a futbolistas neutros, frases vacías y declaraciones sin riesgo. Por eso sus gestos pesan. Porque no son frecuentes. Y cuando aparecen, incomodan.
Le pasó también hace poco a Lamine Yamal, cuando celebró el título liguero del Barcelona con una bandera de Palestina, incluso a contraviento de lo que le había pedido su entrenador, Hansi Flick. No es usual ver a una estrella joven desmarcarse así. No es usual, porque el fútbol moderno, con sus patrocinadores, sus clubes-empresa y sus marcas globales, suele castigar cualquier gesto que pueda interpretarse como político. Por eso, cuando alguien lo hace, el ruido es inmediato.
Mbappé, sin embargo, parece salido de otro molde. No solo por lo que juega, sino por lo que representa. Es hijo de la Francia mestiza, de los suburbios, de una selección que desde hace décadas es símbolo de las tensiones migratorias del país. En él conviven el ídolo nacional y el blanco de los discursos racistas. Es francés cuando gana, pero para algunos deja de serlo cuando opina.
También por eso levanta ampollas. A Mbappé le han dicho de todo. Lo han llamado tirano, dictador, dueño de vestuarios, futbolista que manda más que los entrenadores. Su imagen ha sido deformada por el meme, por la caricatura y por una lectura que muchas veces mezcla sus decisiones deportivas con un rechazo más profundo a su carácter. No es una voz cómoda en un mundo de ovejas. Nunca lo ha sido.
El puto Mbappé ha llevado el meme del dictador a otro nivel este Mundial https://t.co/SG2lZZZGoD pic.twitter.com/OxNTS1Erir
— Tage (@Tagelca) July 1, 2026
Durante años, además, se alimentaron rumores sobre su vida privada, incluso sobre una supuesta relación con una modelo trans. En un universo tan homófobo como el fútbol, Mbappé terminó representando, incluso sin proponérselo del todo, una especie de ruptura. No encaja en el molde tradicional del futbolista que solo habla de goles, familia y trabajo. Es otra cosa. Una estrella global que no parece interesada en esconder todas sus aristas.
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En los últimos meses su rendimiento en Real Madrid también estuvo rodeado de ruido. Se habló de él como causante de un vestuario dividido por egos y jerarquías. Se le señaló, sin pruebas, de ser el causante del despido de Xabi Alonso.
Su período en la “Casa Blanca” no ha sido fácil. Y más por la coincidencia que le quedó perfecta al relato: Mbappé salió del PSG y el equipo parisino terminó bicampeón de la Champions League. Para internet, la conclusión fue inmediata: el problema es él. Para el fútbol, la explicación fue más compleja. El PSG encontró una estructura más colectiva, más equilibrada, más funcional. No todo se explica desde la presencia o la ausencia de un jugador.
Mbappé, en cualquier caso, no tiene que demostrar nada. Ganó su primera Copa del Mundo con 19 años. Cuatro años después, en Catar, compitió como un gigante en la final más extraordinaria de todos los tiempos. Le hizo tres goles a Argentina y sostuvo a Francia cuando parecía derrotada. Técnicamente, además, hay un dato demoledor: Mbappé nunca ha perdido un partido mundialista en el tiempo de juego. La única caída fue aquella final, empatada hasta la prórroga y decidida por penaltis.

Ahora lidera nuevamente a Francia. Busca sus terceras semifinales de un Mundial, una cifra inverosímil para su edad: 27. Francia es candidata al título, aunque tendrá enfrente a Marruecos, un rival incómodo al que ya venció en las semifinales de Catar. Estos partidos le gustan a Mbappé, que en las Copas del Mundo se le ve con otro brillo. En su selección parece contento. Se siente libre. Se siente líder.
También corre, de manera precoz, por el título de máximo goleador en la historia de los Mundiales. Tal vez este torneo no lo consiga, porque todavía hay un Lionel Messi descomunal en la cima de esa carrera. Pero todo indica que lo terminará alcanzando con el paso del tiempo. Su calidad es demasiado única, demasiado sostenida, demasiado feroz.
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Mbappé es una bestia competitiva, un animal del gol, pero también un jugador con voz. Con una opinión que incomoda. Y cuando se juntan tantos elementos —el talento, la ambición, la conciencia y el conflicto— empieza a formarse algo más grande que una carrera. Comienza a formarse una leyenda.
Kylian Mbappé, diciembre 2024, Clique: “Las apuestas deportivas destruyeron a gente cercana. Es un tema que conozco. Somos la selección de Francia, inspiramos a mucha gente, y muchos venimos de barrios humildes, donde las apuestas y la comida basura destruyen innumerables vidas”. pic.twitter.com/xPMTaUEREr
— Roberto Parrottino (@rparrottino) June 30, 2026
Podrá haber dudas sobre su trascendencia a nivel de clubes, sobre las Champions que no ganó todavía, sobre los vestuarios que lideró o fracturó. Pero hay algo seguro: su lugar en el olimpo del fútbol ya está garantizado. Y no solo por lo que hace con la pelota, sino porque en tiempos de silencio eligió hablar.

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