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La amazona paisa que triunfa en Argentina

El cierre del hipódromo antioqueño de Los Comuneros llevó a Carolina Zapata Robledo a Buenos Aires y ahora es figura en los tres escenarios de una de las hípicas más prestigiosas del mundo.

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En las concurridas tribunas de los hipódromos argentinos los aficionados a las carreras de caballos ya corean su nombre. El miércoles y jueves de esta semana, por ejemplo, Carolina Zapata recibió ovaciones por dos triunfos espectaculares en San Isidro y en La Plata: uno en 1.200 metros después de una atropellada desde el último lugar hasta ganar por una cabeza y otro en 1.100 que definió por una nariz. Emocionada, me las narra desde su apartamento en las afueras de Buenos Aires.

Venció en 15 carreras, la primera de ellas el 19 de noviembre de 2008, cuando debutó en las pistas australes sobre Pulida Parade, dos días después de recibir el diploma de la Escuela de Jinetes de La Plata. Estudió y practicó diez meses a pesar de que en Colombia ya había corrido durante tres años, ganado 26 veces y disputado el Gran Derby Colombiano.

Lo hizo para cumplir con las normas de una de las potencias hípicas del mundo. “Tenía que pagar el derecho a piso en un ambiente muy machista”. Recién llegada no la querían dejar correr; por mujer, por colombiana, por bonita, tal vez por ese contradictorio porte de niña distinguida que parece no encajar en un ambiente tan rudo.

Pero pudieron más su talento y sus contactos. Una vez se cerró el de Los Comuneros, cerca a Medellín, el técnico de fútbol Francisco Maturana la convenció de conocer los hipódromos de Argentina. Maturana dirigía el club Gimnasia y Esgrima de La Plata y la recomendó con Horacio Torres, hoy su segundo padrino y uno de los entrenadores de caballos más reconocidos en ese país.

Bella y disciplinada

Carolina empezó a galopar los potros de Torres y pronto demostró que está hecha, en cuerpo y alma, para este tipo de competencia: mide 1,60 de estatura, pesa 47 kilos y sabe conducir con destreza un purasangre de 500 kilos que avanza a 60 kilómetros por hora. “Y mantiene una disciplina férrea en un mundo hostil para la mujer”, agrega su mamá Consuelo Robledo, abogada y procuradora de Andes (Antioquia).

Tras sus primeras victorias, los periódicos argentinos se interesaron en ella porque, además, “tiene una belleza muy colombiana”. El diario La Nación la definió así: “Es mujer de a caballo y si un entrenador como Horacio Torres confía en sus aptitudes, oportunidades para seguir triunfando no le van a faltar”. Desde mediados del siglo pasado un jinete colombiano no era noticia en Argentina. Entonces Óscar Mazuera fue el primero en ser contratado por recomendación del embajador de ese país en Bogotá.

¡Diseñadora de modas!

Más sorprendidos quedaron los expertos en el llamado “deporte de los reyes” cuando se enteraron de que Carolina no corresponde en nada a la clásica historia de la mayoría de los jinetes: muchachos pobres, sin estudio, que ven en los hipódromos la única oportunidad de redención. ‘Caro’ proviene de una familia en la que no faltó nada. Estudió en el Colegio Alemán y se graduó como diseñadora de modas en La Colegiatura de Medellín. Desde niña se dedicó a la equitación y llegó a ser campeona nacional juvenil.

El entrenador Emilio Álvarez fue quien la respaldó en el Hipódromo de Guarne, donde la primera vez que saltó a la pista, el 10 de marzo de 2005, fue silbada porque llegó de última con el caballo Naranjillo. Sin embargo, siguió levantándose a las 4:30 a.m., galopando desde las 6:30, estudiando de noche, diseñando sus propios uniformes, aprendiendo de los mejores —por ejemplo, Jorge Duarte, quien llegó a ganar el Clásico Internacional del Caribe y fundó la escuela de jinetes donde se forjó Carolina, montada en una caneca con resortes—, hasta que el día del primer triunfo le llegó sobre una yegua “de nombre perfecto”: Air of Rose.

Maturana le echó el ojo para que probara sus caballos del Stud Clásico. Ganó cuatro con Classic Band y la convirtió en su jinete oficial. Era la única yóquey entre una veintena de hombres burlones. (La última mujer que montó caballos de carreras en Colombia lo había hecho a comienzos de los 80 en el hoy abandonado Hipódromo de los Andes, en las afueras de Bogotá). Con ellos compartía el camerino y a todos los derrotó alguna vez. A duras penas le pagaban 20 mil pesos por monta y no le importaba. Para cubrir sus gastos les fabricaba los uniformes a sus colegas y trabajaba con la conocida marca Agua Bendita en el diseño de trajes de baño.

En Buenos Aires tampoco le creían, hasta que la vieron -antes que excederse con la fusta como los malos yoqueis- braceando en la recta final como una profesional para ganarles a los hombres dos carreras por media cabeza desde las riendas de las yeguas La Escala y Belleza Dorada. Hasta Pablo Falero, el jinete local más famoso, le dio la bienvenida y las seis yoqueis que corren allí empezaron a tratarla con respeto.

Rumbo a EE.UU.

Es el comienzo de su carrera. Carolina tiene 26 años y los buenos jinetes trabajan hasta los 50. Ella viajó a Argentina por dos meses y se radicó. El siguiente paso será consolidarse entre los mejores y dar el salto a los Estados Unidos. Sueña emular a la mujer con más triunfos con puros de carreras, la norteamericana Julie Krone. Y, ¿por qué no?, ganar el mítico Derby de Kentucky, que se corrió ayer en el Hipódromo de Louisville y en el que el jinete colombiano Marco Castañeda fue 4° en 1983 y Real Quiet, caballo criado por el colombiano Eduardo Gaviria, ganó en 1998.

A pesar de que ya le propusieron irse a montar a Arabia Saudita, y lo rechazó porque allá no les permiten a las mujeres ingresar a las tribunas, Carolina prefiere no desconcentrarse y me recuerda que está lista para salir a su próxima carrera, a las 9 de la noche. No tiene tiempo para novio, aunque admite que hay argentinos que dicen “enloquecer” por su belleza latina. “Yo estoy en lo mío, no pendiente de los piropos”. Prefiere leer o pintar nuevos diseños. Tal vez en la marroquinería argentina encuentre la combinación perfecta de sus dos oficios.

Con Fernando Savater

El experto hípico y escritor español Fernando Savater asegura que ser jinete es una profesión “semiheroica”, porque requiere de una rara mezcla de valentía, técnica, fortaleza, delicadeza e inteligencia. Desde el momento en que dan la partida, el jinete debe saber si su caballo es veloz para ganar de punta a punta, resistente para aguantarlo entreverado o atropellador para quedarse entre los últimos y atacar en la recta final. A esto se suman múltiples factores: si la arena o la grama están secas, húmedas o barrosas, si el puesto de partida que le corresponde en suerte está cerca o lejos de las barandas, si el animal está en un buen día, si lo frena o le suelta riendas en el momento justo, si lo fustiga cuando debe, si encuentra el hueco por donde filtrarse, si no lo estorban o golpean los demás; incluso, si las mafias de las apuestas inciden o no.

Para Carolina, la mejor sensación del jinete es “sentir esa conexión de vitalidad con el caballo”. “Cómo le fluye la sangre me llena de felicidad”. No por su trabajo deja de ser femenina. Fuera de la pista permanece atractiva, maquillada, perfumada. En carrera adora cómo la arena le salpica la cara, “así pegue duro, queme la piel y reviente los labios”.

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Comenzó con los caballos de Horacio Torres y ahora nueve preparadores más le confían sus purasangre inglesa. Por eso vive a tres cuadras del bucólico hipódromo El Bosque, en La Plata, donde compite viernes y domingos; miércoles y sábados lo hace en el refinado San Isidro, y martes y jueves en el tradicional de Palermo. Su sacrificio es recompensado: “La verdad, aquí me pagan muy bien por hacer lo que amo. Estoy feliz, más no puedo pedir, siento que no hay obstáculos que me detengan”. Hasta de camerino con sauna dispone.

Cuando pasa por Buenos Aires, Francisco Maturana la anima desde la tribuna: “Es una chica de empuje, que ha renunciado a todo por su carrera, que madruga a trabajar todos los días, que se está haciendo a pulso en Argentina. Estoy seguro de que va a llegar muy lejos y eso nos gustará a todos los colombianos”. ‘Pacho’ no quiere que la valoren por ser amiga suya, sino por la calidad que ha demostrado. Ella no ahorra agradecimientos para él.

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La semana pasada le conté la historia de Carolina al filósofo Fernando Savater, quien estuvo en Bogotá para presentar su novela inspirada en las carreras de caballos La hermandad de la Buena Suerte. Como debía ir a Argentina, fue a verla correr en San Isidro y la compara con jinetes colombianos que él admira y han hecho historia en España, como Santiago Calle y su sobrino Jesús Albeiro Machado Calle.

Carolina está leyendo la novela de Savater. No puede creer que un personaje como él hable de ella. Los dos le apuestan al mandamiento existencialista de Montaigne en De la vanidad: “Lo que más me gusta es ir a caballo… si los destinos me dejasen conducir mi vida a mi gusto… elegiría pasarla con el culo pegado a la silla”.

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Otros jinetes colombianos que triunfan en el exterior

Julián Pimentel

Es estrella de la hípica en EE.UU., en especial en hipódromos de Nueva York y Maryland. Ya superó los 15 millones de dólares en ganancias, ha estado en el top 50 de los mejores jinetes y ha sido nominado al Premio Eclipse. Unos 20 jinetes nacionales compiten allí.

Jairo Rendón

Era figura en el Hipódromo de los Comuneros en Antioquia, se radicó en Panamá, ganó las estadísticas en ese país —considerado el que produce los mejores jinetes del mundo— y ahora triunfa en Arabia Saudí, donde monta caballos de las familias reales, junto con el colombiano Camilo Ospina.

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Jesús Machado Calle

Sobrino del legendario Santiago Calle, es uno de los jinetes más reconocidos en hipódromos de España, por ejemplo La Zarzuela de Madrid. Ha ganado carreras clásicas como la Copa de Criadores y el Criterium Nacional. Junto con su hermano Fredy también corren en Francia.

Anyelo Rivera

Durante la última década ha disputado los primeros lugares de las estadísticas y los grandes premios en los hipódromos de Chile junto con paisanos como Jesús Toro, Nelson Cajamarca, Rubén Bonilla y Héctor Salazar. En pistas de ese país murió en 2003 el bogotano Javier Niño.

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Las pioneras de la fusta

Julie Krone

Esta norteamericana fue declarada por la revista ‘Sports Illustrated’ como la mejor jinete de todos los tiempos. Venció en 3.545 carreras, obtuvo 81 millones de dólares, fue la primera en ganar el Belmont Stakes, una de las tres grandes en EE.UU., y en ingresar al Salón de la Fama. Se retiró en 1999.

Yoqueta y fiscal

Anita Montes es una leyenda en la hípica colombiana, porque el bogotano Hipódromo de Techo se colmaba para verla correr. A pesar de su gran talento, una vez llegó a la madurez, no pudo controlar su peso y se dedicó al derecho llegando a ser directora de fiscalías a comienzos de los años 90.

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Mujer de temple

Esperanza Aldana fue otra de las mujeres que decidió enfrentarse al machismo de un ejército de jockeys hombre que mandaban en los hipódromos de Techo y de Los Andes.

Otra triunfadora

A comienzos de los años 80, Jeanette Amorocho fue la estrella femenina del hoy abandonado Hipódromo de los Andes, en las afueras de Bogotá. Le fue tan bien que la contrataron para la exigente hípica venezolana, pero un accidente en la pista la obligó a retirarse.

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