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La necesidad de obtener resultados o del cumplimiento de unos requisitos para poder actuar en una categoría aficionada o profesional, será la justificación para hacer uso de cualquier medio fraudulento a fin de obtener como recompensa un beneficio deportivo o económico.
Ingenuamente se pensó que erradicando del reglamento la obligación de incluir a un menor de 18 años en cada partido, se pondría remedio al cúmulo de demandas que se presentaron en el último año y que permitieron a algunos equipos obtener triunfos en los escritorios y no en los campos de juego. En Colombia, la obligación de incluir menores se reglamentó en 2000 por “presión” de algunos propietarios de clubes que no veían recompensadas las inversiones que realizaban en sus divisiones menores, cuyos jugadores no eran tenidos en cuenta por los técnicos, quienes por miedo a perder su puesto no se arriesgaban y siempre utilizaban jugadores con mayor experiencia para ‘garantizar’ los resultados deportivos demandados por directivos, hinchas y periodistas.
Este requisito de alineación obligatoria desencadenó la crisis que atravesamos, incentivando una mafia de intermediarios que, sin escrúpulos, adulteraron registros y documentos de identidad que les permitieron inscribir jugadores con las edades exigidas para cada torneo. Desconozco que esta situación se haya presentado con la misma magnitud que en Colombia, pero la propia Fifa ha tenido que ajustar sus mecanismos de verificación para impedir que las falsificaciones de documentos terminen por acabar con la competencia y para el último mundial exigió la realización de pruebas de carpograma.
Evitar esta práctica es imposible mientras existan intereses económicos de semejante envergadura. Esperemos a que la abolición de este requisito permita que compitan los que mejor jueguen, independientemente de la edad que tengan, y que los resultados de los equipos se consigan en las canchas y no en los escritorios.