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¿Por qué empezó jugando regular en su semifinal Na Li, la primera finalista china en un Grand Slam? “Porque estaba nerviosa: no dormí bien anoche, me despertaba cada hora. Mi marido Jiang Shan ronca mucho”. ¿Qué le llevó a superar ese mal momento y a salvar un punto de partido contra la danesa Caroline Wozniacki, la número uno del mundo (3-6, 7-5 y 6-3)? “El dinero que gano por pasar a la final”. Todo eso, además de negar que fuera el día de su quinto aniversario de boda, dijo la número 11 nada más terminar su semifinal del Abierto de Australia.
El éxito de la china es importantísimo para el negocio. Ávido de triunfar en Asia, el tenis extiende sus redes por China desde hace años y a través de contratos comerciales, nuevos torneos de primer nivel y decenas de pequeñas citas de categoría inferior. Al mecanismo del dinero, sin embargo, aún le faltaba la tuerca fundamental para engrasar la maquinaria: un jugador o jugadora que animara al público local, movilizara las marcas y excitara a los patrocinadores.
Na Li o Li Na es esa mujer y la apodan La Muralla China. Lleva un romántico corazón tatuado en el pecho, pero bien pudiera haberse puesto una cobra. Juega igual, lanzando andanadas de la misma forma que una serpiente catapulta su cabeza en busca de la presa.
La china, de 28 años de edad y con apenas once temporadas en el circuito mundial, contesta a las preguntas con una sinceridad brutal, mezcla de su personalidad y de un inglés peculiar que no le permite esconder con palabras sus pensamientos. Cinco preguntas para conocer parte de su vida. ¿Por qué le ganó a Azarenka, una de las favoritas? “Porque soy mejor”. ¿Es su marido un buen entrenador? “Hasta ahora, sí”. ¿Él manda en la pista y usted fuera? “Ya me gustaría. Tiene todo el control”. ¿Por qué le va bien a usted? “Porque normalmente las mujeres no trabajan tan duro como yo”. ¿Por qué se separó del sistema deportivo estatal para trabajar por su cuenta? “Porque si estás en el equipo nacional no tienes que preocuparte de nada. Pagan el billete de avión, reservan el hotel, te buscan un entrenador. Lo hacen todo por ti. Ahora, si tengo ganas de vaguear, si quiero descansar, con mi equipo, puedo decirlo. Antes, no podía hacer muchas cosas como un individuo, éramos un equipo”.
Hace una semana, en Sydney, Ni La, quien estudió dos años de periodismo, ganó el torneo tras derrotar a la belga Clijsters, la gran favorita en Melbourne, que también clasificó a la instancia final, tras vencer a la rusa Vera Zvonareva (6-3 y 6-3). Aquí su receta: “Cuanto más pienses en una pista, más fallarás. No pienses. Concéntrate. Juega. Y eso justamente es lo que haré”.
La primera en todo…
El avance a la final del Abierto de Australia le representó a Li convertirse en la primera de muchos ítems en su país y en el tenis mundial: la primera china en llegar a una final de un grande, fue la primera china en llegar al top ten del ranking mundial, la primera en ganar un título WTA (Guangzhou 2004) y la primera en alcanzar unos cuartos de final de Grand Slam (Wimbledon 2006). De Melbourne saldrá con el número siete del mundo y el cuatro si gana el título.
“Si gano el Abierto de Australia, tal vez el año que viene me retiraré. Sería todo lo que podría hacer. Este éxito supone mucho para mí y para todo mi equipo. Y es muy bueno para el tenis de China, seguramente. Nunca nadie allí ha llegado a una final de un Grand Slam. Hoy entiendo lo que supone eso”, reconoció Na a los medios en Melbourne.
Considerada una veterana en el circuito, Na Li ya inscribió su propia historia. De eso no hay duda. No quiere pensar mucho en la final. Tal vez ni los ronquidos de su esposo podrán inquietarla.
“No es el final”
El suizo Roger Federer (foto), eliminado del Abierto de Australia después de perder ante el serbio Novak Djokovic, rechazó que hubiera llegado ya la hora del relevo para él y para Rafael Nadal. “¿La hora del relevo para mí y para Rafa? Ahora se habla rápidamente, así que… vamos a hablar dentro de seis meses. Me siento bien porque estoy sano. Me hubiera gustado jugar la final, pero Novak fue el mejor. Hay que aceptar eso y pasar página. De ninguna manera es el final. Es un comienzo para muchos otros torneos. Es decepcionante y me duele. Pero no fue posible”.