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Se miraban incrédulos, con cierta dosis de vergüenza. Ahí estaban, una vez más, en el estadio Monumental, testigo de tantas noches de gloria. Hasta que la pelota empezó a rodar y entendieron que ya no cabían los lamentos, que lo que pasó, pasó. Si sobre el césped había once jugadores con la banda roja sobre el pecho blanco, la misma que lucieron Norberto Alonso, Roberto Perfumo, José Manuel Moreno, Enzo Francescoli y tantos otros cracks de todos los tiempos, había que apoyar como nunca. Y eso hicieron. Después de 51 días de duelo, alentaron con todo el repertorio de su corazón. Volvieron a disfrutar los hinchas de River Plate en la Primera B, la segunda categoría del fútbol argentino. Y en un día histórico, porque jamás había sufrido semejante oprobio en sus 110 años de historia, le ganó a Chacarita, un rival con el que protagonizó clásicos en los años sesenta y setenta.
De aquel 26 de junio, el domingo en que empató con Belgrano de Córdoba y descendió por primera vez en su vida, al 16 de agosto, martes en el que tuvo su bautismo en el Ascenso, pasó de todo. River Plate se reforzó como pocas veces en los últimos años. Trajo a ocho futbolistas de primer nivel. Entre ellos, Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez. Cavegol, que alguna cantó como el primer fanático junto a la barra brava, fue tres veces campeón con la banda. El Chori, de extensa trayectoria en Rusia y España, también supo conocer la gloria en Núñez. Los dos dejaron contratos millonarios en euros para volver al club de sus amores. También llegaron Agustín Alayes, campeón con Estudiantes; Luciano Vella, de Newell’s; Carlos Sánchez, de Godoy Cruz; Martín Aguirre, de Olimpo; César González, El Maestrico de la selección de Venezuela, y Cristian Ledesma, de Colón. Entre los titulares, hubo apenas dos sobrevivientes del onceno que condujo Juan José López a la B: Juan Manuel Díaz, autor del gol, y Jonatan Maidana. Y en el banco se sentó Matías Almeyda, quien decidió abandonar el fútbol y dejar de ser el capitán y símbolo para transformarse en el entrenador del equipo en esta nueva etapa del club más ganador de Argentina, al que nadie podrá arrebatarle los 33 títulos a nivel local.
River venció a Chacarita y logró reconectarse con su gente, más golpeada que nunca por el impensado descenso. Hubo 40 mil personas en el Monumental que por fin pudieron disfrutar del juego. El gol del uruguayo Díaz en el amanecer del partido le quitó la presión del resultado. Pero hubo momentos de lucidez y buen toque, algo que poco y nada se había visto en el último tramo de los millonarios en Primera. Domínguez es un jugador de Champions League, sin ninguna duda. Un lujo en una categoría donde sobra fibra y se impone el roce, donde el fútbol a ras del piso es un oasis en el desierto. Esconde la pelota bajo su suela El Chori. Maneja los ritmos. Y contagia. Cómo habrá sido que al pibito Lucas Ocampos, 17 años, mediocampista externo que jugó en la selección sub-17 que quedó eliminada en los octavos de final del Mundial de México, no le pesó el debut. Tampoco a Luciano Abecasis, otro juvenil, aunque mayor de edad, que reemplazó al histórico Paulo Ferrari en el lateral derecho de la defensa. Lo que se vio en el primer partido es esperanzador para esos fanáticos que se vistieron de rojo y blanco y desafiaron un martes gris y lluvioso.
“Cuando se gana el balance suele ser positivo, pero lo que más rescato es la actitud de los jugadores. Hay que mantenerla para hacer cosas importantes y devolver a River Plate al lugar que se merece. Pero, además, queremos recuperar la identidad. Yo soy consciente de que la mancha del descenso va a quedar para siempre, pero con la unión que hay en el grupo, este equipo va a hacer algo importante, estoy seguro”, afirmó Almeyda.
Y en eso anda River. Ya ganó la primera batalla. La segunda será pasado mañana, en Mendoza, ante Independiente Rivadavia. Y tanta expectativa genera el fenómeno del equipo millonario en la B, que el titular del club mendocino, el empresario Daniel Vila, habilitó una tribuna para los hinchas “no locales”, ya que en el Ascenso de Argentina está prohibida la venta de localidades para el público visitante. Hasta la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se preocupó por el futuro del equipo de Núñez. Ella le ordenó a la ministra de Seguridad, Nilda Garré, que esperara para dar a conocer la sanción por los incidentes que sus hinchas protagonizaron el día que descendieron.
Ajenos a todo, incluso a las pesadas bromas de los aficionados de Boca, Almeyda, Cavenaghi, Domínguez y compañía empezaron a transitar el camino a la A. Como lo hicieron San Lorenzo en 1982 y Racing en 1985, otros dos grandes caídos en desgracia. Comenzaron con el pie derecho en un torneo que será duro. Y no es poco.