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Pensaría uno que la vida de una bella rubia que a los 20 años es apodada La heredera de Mónica Seles (la ambidiestra serbia nacionalizada estadounidense que fue número uno del mundo) es un camino de rosas. Lejos de los flashes que la perseguían durante sus partidos y en las calles, de los pretendientes oportunistas y de los millones con los que se lucraba, la australiana Jelena Dokic vivía un infierno en los lujosos hoteles en los que se hospedaba y en su mansión en Sidney. Su padre abusaba de ella.
Damir Dokic, un boxeador de antaño y otrora conductor de un taxi en Belgrado, deliraba confabulaciones sobre su única hija Jelena. Alguna vez culpó al novio de ella, Tim Bikic, de chantajearla y robarla, con tal de alejarlo de ella. En 2001 denunció amaño en el sorteo del Australian Open, por lo que Jelena perdió el pasaporte australiano que había obtenido en 1994 tras su llegada desde su natal Serbia.
Esa sobreprotección demente de Damir lo llevó a protagonizar polémicas de marca mayor: desde la agresión a un juez de pista, hasta amenazar con “lanzar una bomba sobre Sidney o matar a un australiano”. Y lo más grave: abusar de ella, de la bella rubia que alcanzó el puesto número cuatro del mundo en agosto de 2002. La que infla sus cachetes al pegar una bola y realiza una exhalación sonora y molesta.
La heredera de Mónica Seles nació en 1983 en los Balcanes, pero maduró como tenista en la tierra de los canguros, a donde llegó en 1994. Consiguió la doble nacionalidad y jugó defendiendo los colores de Australia entre 1998 y 2000, año en que consiguió alcanzar las semifinales de Wimbledon, su mejor resultado en un Grand Slam hasta la fecha.
Ya no volvió a ser ninguna heredera de nadie. Se retiró del tenis por el fantasma de las relaciones con su padre y con otros novios. Por esa época alejada de las pistas, en 2004, denunció públicamente a su papá. “He pasado por cosas mucho peores que nadie en el circuito femenino de la WTA. Cuando vives algo así, un partido de tenis es algo fácil a lo que enfrentarse”, dijo Dokic, quien pasó su adolescencia en su casa ubicada en un suburbio de Sidney, antes de convertirse en número uno del escalafón juvenil y saltar a la fama.
Confesó que gran parte del dinero que ganó en su mejor etapa como tenista acabó dilapidado por su padre, al que le entregaba grandes cantidades de efectivo para evitar un acoso sexual brutal. “Tengo mucha suerte de estar aquí”, se lamentaba.
Alejada de su karma, pasó el ostracismo del mundo tenis junto a su familia en Serbia (tiene un hermano de 20 años). Su corazón no estaba inerme y los miedos se apoderaron de ella durante ese tiempo. No encontraba satisfacción: quiso reducir el tamaño de sus senos para jugar mejor al tenis, que había vuelto a practicar de vez en cuando. De hecho, un año después regresó a Australia, país que representó desde que se hizo profesional en 1998. Reapareció en 2006, en Auckland, donde perdió en primera ronda al cometer 51 errores no forzados y 28 doble faltas. No tenía ritmo.
Suma 14 títulos como profesional y actualmente ocupa el puesto 67 del escalafón. Sin embargo, es tratada de eminencia en el circuito femenino. Anoche, la serbia-australiana de 28 años, arribó a Bogotá, en donde disputará desde el próximo lunes la Copa BBVA-Colsánitas que se realizará en el Centro de Alto Rendimiento de la capital. Hoy, ofrecerá su primera rueda de prensa en Colombia y tendrá su bautismo en la altura.
Será una de las 12 jugadoras top-100 del mundo que estarán en el cuadro principal del competencias de la Copa BBVA-Colsánitas, torneo que en esta edición celebra sus primeros 20 años de realización ininterrumpida. Se destacan la italiana Sara Errani y la argentina Gisela Dulko. Mariana Duque, Catalina Castaño y Yuliana Lizarazo será las representantes del país.
Dokic y su trágica novela, será la principal figura del evento que empieza el sábado con el cuadro de clasificación.