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En la audiencia del miércoles el papa Benedicto XVI recibió al Atlético de Madrid en pleno, donde juegan los colombianos Falcao García, goleador, feligrés de iglesias cristianas incluso ahora en España, y Amaranto Perea, católico, apostólico y urabeño —en el buen sentido de estas palabras—.
El técnico Diego Simeone y los directivos le entregaron en un estuche de terciopelo azul la camiseta rojiblanca firmada por todos los jugadores. También un lingote de plata con los tres escudos históricos del club, un monolito en recuerdo del partido jugado durante la Jornada Mundial de la Juventud y reproducciones en miniatura de los dos trofeos ganados en 2010: la Liga Europa y la Supercopa europea. Según fuentes vaticanas, el papa tienen un salón de reliquias para guardar algunos detalles y otros los dona a museos religiosos.
En la foto oficial apareció un dichoso Amaranto Perea portando un recordatorio de que en agosto de 2011 la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol reconoció al Atlético de Madrid como “el mejor club del mundo”. “El papa nos deseó mucha suerte”, contó. Falcao, pasivo, quedó en la imagen casi escondido detrás de Joseph Ratzinger, detalle que seguro agradecerán en su iglesia no católica.
Es la tercera vez que un papa recibe al Atlético. El 30 de abril de 1997 Juan Pablo II atendió a la comitiva, encabezada por el entonces presidente Jesús Gil y Gil, aquel recordado pecador español, encarcelado tres veces, pero muy católico. Le llevó reproducciones de dos trofeos como regalo. En la segunda visita al pontífice polaco, con motivo del centenario del equipo en 2003, le regalaron otro lingote de plata y una réplica en bronce del estadio Vicente Calderón.
Esta semana Benedicto XVI, de blanco y con sus controvertidos y carísimos zapatos rojos, bendijo a los colchoneros antes del partido contra Lazio, que tuvo lugar al día siguiente y en el que se impusieron 3 a 1 en el estadio olímpico de Roma por la Liga Europa, con dos goles del cristianísimo Falcao. ¿Dios toma partido en un deporte de bendiciones y maldiciones? El actual presidente del equipo, Enrique Cerezo, aseguró: “Quedamos bendecidos para todos los partidos, para jugar bien, para meter goles y para que la gente vaya al estadio”.
Religión y goles
Más que anecdótico, el evento es una prueba de la importancia del fútbol para el Vaticano. El primer crédito se le atribuye en Roma a Pío XII, con cuyo nombre fue bautizado el estadio de fútbol de ese país. Según el escritor Fernando Vallejo, crítico de la curia romana (léase La puta de Babilonia) y del fútbol como espectáculo, ese “criminal” Papa vio el potencial del deporte para llegar a las masas, y en eso coincidía con Hitler, su amigo y a quien ayudó a callar el Holocausto judío.
Juan XXIII, llamado “el Papa bueno”, ratificó la visión de Pío XII e incluyó al deporte en su agenda, dentro de la política de apertura generada con motivo del Concilio Vaticano II. Con Pablo VI se volvió común ver a los papas recorriendo el mundo y llenando estadios, como las estrellas de la canción. En esta categoría, el campeón es Juan Pablo II, que en sus 104 viajes apostólicos, a lo largo de 26 años, reunió en canchas de fútbol tantos millones de seguidores como pueden tener el Manchester United, el Real Madrid o el Barcelona.
El 7 de noviembre de 1982 este pontífice recibió el carnet de socio del FC Barcelona, durante una visita a la capital de Cataluña, donde celebró misa en un repleto Camp Nou. Josep Lluis Núñez, entonces presidente culé, le entregó el carnet número 108.000. “Gracias… Os animo a seguir dignificando el mundo del deporte”, dijo el Papa, que ya en 1999 había exaltado al Barça con motivo de su centenario de fundación.
El caso Maradona
Pensando en Latinoamérica, donde está la mayor hinchada católica del mundo, Juan Pablo II le concedió audiencia a la selección de Argentina el 22 de marzo de 1987, para exaltarla por haber obtenido el título mundial en México, de la mano de Diego Maradona, a quien más tarde celebró por segunda vez cuando llevó al Nápoles a convertirse en el mejor de Europa.
Muy católico, el ídolo recibió la bendición del exarquero Lolek, pero más tarde se arrepintió. “Entré al Vaticano y vi el techo de oro. Y me dije: cómo puede ser tan hijo de puta de vivir con un techo de oro y después ir a los países pobres y besar a los chicos con la panza así. Dejé de creer, porque lo estaba viendo yo”, confesó en el 2000 desde La Habana, ya como amigo de la comunista Revolución cubana. Fue al programa argentino Punto Doc/2, de Azul Televisión. No le respondió Juan Pablo II sino el arzobispado de Buenos Aires: “Sus palabras evidencian los efectos terribles que la droga tiene sobre una persona que fue creyente”.
La opinión de Wojtyla sobre Maradona quedó en evidencia durante una cena vaticana con un presidente suramericano, recuerda Guillermo León Escobar, entonces embajador de Colombia ante la Santa Sede. El jefe de Estado le preguntó por el argentino. Hubo un momento de silencio, hasta que el Pontífice lo miró y le respondió con firmeza: “¿Me preguntaba usted por Pelé?”.
El analista Ratzinger
Al actual Papa y a su secretario de Estado, el cardenal y exarquero hincha de Juventus, Tarcisio Bertone, se les atribuye la creación en 2007 de la Copa Clerical, el campeonato interno disputado entre equipos de obispos, sacerdotes, seminaristas y empleados de la Santa Sede y de Roma.
En 2005 Bertone promocionó así la llegada de Ratzinger al trono papal: “¡La Iglesia ha encontrado a su Beckenbauer! Benedicto XVI es como un director retirado, pero puede dar aún pases largos”. Benedicto XVI estuvo al tanto del reglamento y del régimen de entrenamientos de sus jugadores.
Los secundan en el tema el cardenal portugués José Saraiva Martins, que llegó a jugar con Garrincha, y el cardenal Fiorenzo Angelini, seguidor de la Roma y comentarista de fútbol con autorización pontificia en la televisión de la Conferencia Episcopal italiana.
Además, el Vaticano tiene selección y, aunque no ha pedido reconocimiento de la FIFA, participa en partidos amistosos internacionales contra selecciones vecinas, como San Marino y Mónaco. Le ganaron 4-1 a un conjunto de exprofesionales italianos. El equipo luce los colores blanco y amarillo de la bandera y está compuesto en su mayoría por voluntarios de la Guardia Suiza, miembros del Consejo Papal y guardias de los museos.
El 23 de octubre de 2010, el Papa autorizó que su selección se enfrentara a la de la Policía Financiera italiana. La dirigió Giovanni Trapattoni, el mismo técnico de la selección de Italia que en el Mundial de Japón-Corea esparció agua bendita en el banco de suplentes. Los oponentes estaban bajo el mando de otro extécnico de la azzurra, Roberto Donadoni. Ganaron los policías 1 a 0.
Los periodistas italianos lo llaman el “equipo de Dios” y especulan que Ratzinger y Bertone sueñan con convertirlo en profesional. Bertone lo niega e, incluso, a mediados del año pasado, a través del presidente de la Fundación Juan Pablo II para el Deporte, Edio Costantini, el Vaticano pidió suspender el Calcio, la liga nacional, por los escándalos de apuestas y partidos arreglados.
Pero el cardenal portugués que jugó con Garrincha confesó emocionado: “Es bella y fascinante la idea de un gran equipo del Vaticano”. Tenía razón el mexicano Juan Villoro cuando bautizó su libro sobre el mundo del fútbol: Dios es redondo.
‘Lolek’ e Higuita se conocieron
Karol Wojtyla fue un apasionado del fútbol. Jugaba de guardameta en el Wadowice y es el aficionado más famoso del equipo MKS Cracovia, en Polonia. En una de sus biografías se lee que organizaba partidos entre judíos y cristianos y reforzaba al equipo hebreo cuando le faltaban jugadores. El médico Jerzy Kluger, amigo de juventud del hoy beato, define su capacidad futbolística con la palabra “coraje”. “Era un excelente portero, podía salir a los pies de los contrarios sin importar cuán fuerte fuera el ataque”. Lo apodaban Lolek.
La agenda de Juan Pablo II revela que en diciembre de 1986 recibió a técnicos, jugadores y familiares del Milan. Les pidió “dar ejemplo de las virtudes y valores”. Rechazaba la violencia en el fútbol y citaba el libro de su compatriota Ryszard Kapuscinski, La guerra del fútbol, basado en el conflicto entre El Salvador y Honduras, en 1969, a causa de tres partidos entre las selecciones de ambos países en las eliminatorias previas al Mundial México-70.
En enero de 1987 recibió a los de Lazio y, en una intervención en la que se basa esa ultraconservadora hinchada para decir que tendrán al primer hincha convertido en santo, les recordó que pertenecen a la diócesis del obispo de Roma. Los llamó “amadísimos atletas” y les advirtió: “el fútbol se convierte en una palestra de adiestramiento de la voluntad, una escuela de promoción humana y espiritual que la Iglesia no cesa de reafirmar en sus enseñanzas”. Para zanjar la controversia entre los fanáticos de la capital italiana, en marzo de ese año atendió al club Roma.
Luego globalizó sus bendiciones futbolísticas. En el Año del Jubileo (2000) organizó en el estadio olímpico de Roma un partido amistoso entre la selección italiana y el resto del mundo, incluidas figuras como Shevchenko, Cafú y Nedvev.
Uno de los testigos fue el entonces embajador de Colombia ante la Santa Sede, Guillermo León Escobar. “Fue un partido sin goles, un ballet de entrenamiento; se hacían pases para perder la pelota, los arqueros recibían el balón de una manera dulcísima; fue un encuentro arreglado para que todo resultara correcto, no hubo leña, se hubiera podido jugar sin árbitros; el Papa estaba en las graderías y se fue quedando dormido. Al final comentó con ironía, pues esperaba un partido intenso como le gustaban: ‘esto resultó un baile no un juego’”.
Ese mismo año reunió a grandes figuras del deporte en la sala Pablo VI del Vaticano. El día anterior apareció en la embajada de Colombia el arquero René Higuita. “Me regaló una camiseta suya y me rogó que le consiguiera una boleta para el evento”, dice Escobar. El embajador fue a la Casa Pontificia y uno de los religiosos organizadores le dijo que no había posibilidad de conseguir la entrada.
Pero cuando le explicó que el personaje era Higuita, se emocionó y lo puso en primera fila. Al día siguiente la estrella del evento fue el arquero colombiano, que por fin conoció al portero que llegó a ser Papa, y Lolek por fin conoció al colega del que se hizo seguidor en el Mundial de Italia-90 y por el escorpión en Wembley en 1995. Nadie recordó su amistad con Pablo Escobar ni su lío judicial.
“Higuita impactó tanto aquel día —hace memoria el ahora consultor pontificio— que terminada la audiencia lo pusieron a hacer la famosa jugada en un prado, hasta ese momento intocable, frente al castillo de San Ángelo”.
La curia romana y el balompié
El pionero
Se atribuye al papa Pío XII haber visualizado a mediados del siglo XX la necesidad de acercar la religión al fútbol como fenómenos de masas. El estadio del Vaticano lleva su nombre.
El impulsor
El papa Juan XXIII no sólo renovó la Iglesia católica con el Concilio Vaticano II, sino con su mirada moderna hacia la práctica deportiva.
El viajero
Pablo VI se encargó de que los papas hicieran giras internacionales y llenaran estadios como los equipos de fútbol y las estrellas de la música.
El hincha mayor
El cardenal Tarcisio Bertone, exarquero, hincha de la Juventus y secretario de Estado del Vaticano, es hoy el principal promotor del fútbol en la Santa Sede.
Benedicto XVI, analista de fútbol
En dos de sus libros Ratzinger ha analizado el fútbol. En Mitarbeiter der Warheit opinó: “Se ha convertido en un acontecimiento universal que une a los hombres por encima de las fronteras nacionales, con un mismo sentir, con idénticas ilusiones, temores, pasiones y alegrías. Todo esto nos revela que nos encontramos frente a un fenómeno genuinamente humano… el juego podría mostrarnos una nueva forma de entender la vida… A mi juicio, la fascinación por el fútbol consiste en que sabe unir de forma convincente estos dos sentidos: ayuda al hombre a autodisciplinarse y le enseña a colaborar con los demás dentro de un equipo, mostrándole cómo puede enfrentarse con los otros de una forma noble”. Reconoció que “la amenaza sombría del dinero, unida a los intereses mercantiles, pueden echar todo esto a perder”. En Suchen, was droben ist (Buscar lo de arriba) dijo del Mundial de Fútbol: “Cautiva a cientos de millones de personas. No hay casi ningún otro acontecimiento en la Tierra que alcance una repercusión de vastedad semejante”.