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Lin, una historia de película

El base taiwanés de los Knicks de Nueva York es la sensación de la temporada en la NBA. Un fenómeno que rompe muchos estereotipos.

03 de marzo de 2012 – 04:00 p. m.

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La historia del basquetbolista taiwanés Jeremy Lin podría ser la de cualquier deportista en el mundo. Hace un mes, el armador, de 1,91 metros de estatura y 23 años de edad, era la última opción en el banquillo de los Knicks de Nueva York, un equipo que llevaba ocho victorias y 15 derrotas en la temporada, lo que había desatado una profunda crisis deportiva y confirmaba la creencia de que el quinteto de la Gran Manzana, uno de los más ricos de la NBA, no sabe invertir su dinero.

Faltando tres minutos y 35 segundos para el final del primer cuarto del partido ante los Nets de Nueva Jersey, el técnico Mike D’Antoni, más por desespero que por convicción, lo mandó a la cancha. Y comenzó la historia de un nuevo fenómeno del deporte.

Lin, que hasta entonces dormía en el sofá del apartamento de su hermano porque no tenía siquiera garantizado su contrato, el segundo más bajo de la plantilla de los Knicks, con 762.000 dólares (unos 1.400 millones de pesos al año), maravilló con su juego. Ausentes la mayor parte del tiempo las figuras del equipo, Carmelo Anthony y Amare Stoudemire, Lin llevó a su equipo a una cosecha de diez victorias y sólo tres derrotas, con un promedio espectacular de 14,6 puntos y seis asistencias por partido. Hoy será titular en el clásico ante los Celtics de Boston y el martes enfrentará a los campeones defensores, los Mavericks de Dallas.

Pero las proezas deportivas de Lin tienen el ingrediente adicional. Su origen taiwanés, el hecho de que se graduara como economista en la Universidad de Harvard, que sea religioso y rece antes de los partidos, que ni siquiera hubiera pasado por el draft, de los jóvenes elegidos cada año por los equipos de la NBA, que pasara sin éxito por Golden State y Houston, antes de ser enviado como moneda de cambio a Nueva York.

El número 17 de los Knicks ha sido portada de Time y dos veces seguidas tapa de la prestigiosa revista Sports Illustrated (Michael Jordan es el único que lo ha sido tres veces) y de él han hablado todos los periódicos, deportivos y no deportivos, todas las radios y las cadenas de televisión de Estados Unidos y buena parte del mundo.

Su éxito hizo que dos empresas de Taiwán y China se hayan apresurado a comprar los derechos de transmisión de los partidos de los Knicks, que los responsables del club evalúen en un 300% el aumento en las ventas de sus productos, que las audiencias de los partidos de la NBA se hayan disparado y que su camiseta se haya vendido más que la de cualquier otro jugador en las últimas semanas.

Lin se ha convertido también en un símbolo, en un jugador que ha roto los estereotipos y los prejuicios. Cuando los equipos recibían a un jugador asiático, los expertos tendían a etiquetarlos como blandos, faltos de consistencia competitiva y poco lúcidos a la hora de entender el juego. Se ha puesto sobre el tapete el racismo existente en el baloncesto y el propio Lin ha relatado los insultos que recibía relacionados con su origen asiático, aunque él nació en Palo Alto, California.

Es tal la repercusión que ha tenido su presencia en la NBA, que la editorial Hachette Book Group el próximo mes publicará su biografía, una historia con la que sueñan millones de deportistas anónimos que, en el banquillo, esperan en silencio una oportunidad para triunfar.

 

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