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Michael Phelps regresó al agua para empapar los libros de récords y los norteamericanos ganaron ayer cuatro medallas de oro, tres de ellas en la natación, que no les alcanzaron para recortar distancias con los orientales, que se embolsaron su séptima y octava presea dorada en la halterofilia.
De las 18 medallas de oro que se disputaron en la séptima jornada, chinos y estadounidenses se dividieron ocho en partes iguales. Ucrania y Eslovaquia ganaron dos cada uno, y Polonia, Francia, Gran Bretaña, Etiopía, Japón y Alemania escarbaron el resto.
China mantuvo su ventaja en la tabla de medallas con 26 de oro, 12 más que su escolta Estados Unidos. Alemania marcha tercera con ocho doradas, seguida por Corea del Sur, Italia y Japón con seis cada uno.
El asalto de Phelps a la historia ya dejó de sorprender y casi se convirtió en rutina: el tiburón de 23 años devoró su sexto oro de los juegos, esta vez en los 200 metros combinados, con igual número de récords mundiales. En la madrugada de hoy, iba por otro en los 100 mariposa, y de ganar empataría la marca de su compatriota Mark Spitz de más preseas doradas en una misma olimpiada.