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Novak Djokovic había jugado 10 finales del Abierto de Australia y las había ganado todas. Carlos Alcaraz volvió a Australia sabiendo que ese era el último casillero vacío de su carrera. El domingo, en la madrugada colombiana, esas dos certezas chocaron en el Rod Laver Arena. La fuerza joven ganó la pulseada y se adjudicó su primer trofeo en Melbourne.
Alcaraz remontó para vencer a Djokovic por 2-6, 6-2, 6-3 y 7-5 en tres horas y dos minutos y ganar por primera vez el Abierto de Australia. Con 22 años, se convirtió en el jugador más joven de la era Open en completar el Grand Slam de carrera y sumó su séptimo título grande. Djokovic, que buscaba el número 25 de su carrera y extender un dominio histórico en el torneo de Oceanía, perdió por primera vez una final en este torneo.

En las gradas del Rod Laver Arena, Rafael Nadal siguió el partido punto por punto. Su presencia no fue un detalle menor para Alcaraz, que lo reconoció apenas terminó el encuentro. “Este momento es realmente especial, pero para ser sinceros, tener a Rafa en las gradas lo hizo aún más especial”, dijo el español. Con ese logro, además, superó el récord de precocidad del propio Nadal, que había cerrado el Grand Slam de carrera a los 24.
La inspiración de su ídolo ya se había manifestado dos días antes, en la semifinal ante Alexander Zverev, un partido de cinco sets y más de cinco horas en el que Alcaraz sufrió calambres y vómitos antes de imponerse. Aquella noche recordó la semifinal del Abierto de Australia 2009, cuando Nadal superó a Fernando Verdasco en el partido más largo de la historia del torneo y luego venció a Roger Federer en la final.
“Levantar el trofeo por primera vez en Australia es una locura. Un sueño hecho realidad”, explicó Alcaraz en conferencia de prensa. “Soñé con ganar un Abierto de Australia y completar el Grand Slam de carrera. Para mí, esto significa muchísimo”.
Por su parte, el serbio se quedó a un paso de un histórico título número 25 de Grand Slam, que le habría permitido romper el récord que comparte con Margaret Court, pero se marchó de Melbourne con su legado reforzado. A los 38 años, volvió a demostrar que sigue siendo una figura central del tenis y que todavía puede competir al máximo nivel frente a los dos jugadores que dominan la actualidad del circuito.
Su victoria en semifinales sobre Jannik Sinner, en cinco sets, fue una de las grandes historias del torneo. El italiano, campeón defensor y dominante en canchas duras durante los últimos meses, había sido señalado como claro favorito. Djokovic, que llegaba rodeado de dudas y tras varias derrotas recientes ante Sinner y Alcaraz, respondió con una actuación que recordó algunos de sus triunfos más significativos en la etapa final de su carrera.
Durante la ceremonia de premiación, Djokovic tuvo que detenerse antes de comenzar su discurso como subcampeón, mientras el estadio coreaba su nombre. Más tarde confesó que nunca había sentido tanto apoyo en el Abierto de Australia, un torneo en el que su relación con la afición había sido compleja en el pasado. “No pensé que volvería a estar aquí en una final”, admitió, visiblemente emocionado.
Después del partido, Alcaraz anunció que se tatuará un canguro, como hace cada vez que gana un Grand Slam por primera vez. Será una marca más. La importante ya quedó escrita en Melbourne, la noche en que Djokovic dejó de ser invencible y Alcaraz cerró el círculo.
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