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A sus 30 años, María Angélica Bernal está en la cúspide de su carrera. El pasado fin de semana lo dejó claro en la cancha central de Wimbledon. Allí, junto a la francesa Ksenia Chasteau, disputó la final de dobles en silla de ruedas y se convirtió en subcampeona de uno de los torneos más prestigiosos del planeta. Aunque el título se les escapó contra las chinas Xiaohui Li y Ziying Wang, la bogotana firmó la mejor actuación de su carrera en el torneo británico y, de paso, marcó un nuevo hito para el deporte paralímpico colombiano.
Su historia, no obstante, no se reduce a una semana de éxito en Londres. Bernal es una atleta hecha desde la resiliencia y una referente que llevó el tenis adaptado de Colombia a la élite mundial, que aprendió que la silla, dentro del campo, podría ser su mejor aliada.
Nació con focomelia, condición congénita que le impidió desarrollar la pierna derecha. Desde muy pequeña, su padre la motivó a moverse, a buscar su lugar en el deporte. “Hacía patinaje, voleibol y después llegué el tenis; la técnica la aprendí con mi papá. Sin embargo, las prótesis no son para hacer deporte y no podía correr: solo podía llegar a las bolas que quedaban cerca. ¡Era imposible!”.
Tenía 11 años cuando asistió a una clínica de la Federación Internacional de Tenis (ITF) en la Liga de Tenis de Bogotá. Al principio, la idea era seguir jugando de pie, pero los entrenadores le sugirieron adaptarse a la silla de ruedas. “No quería sentarme en una. Sentía que lo que muestra una silla de ruedas es una limitación o dependencia, y yo ya me consideraba autónoma”. Sin embargo, bastó una práctica y el respaldo familiar para que todo cambiara. “Cuando me senté por primera vez, en la cancha me moví con libertad: ¡llegaba a todas las bolas!”.
Dos meses después, viajó a Argentina, ganó su primer torneo internacional y decidió que quería ser tenista profesional. Su papá, Miguel Ángel, fue el entrenador, el soporte emocional y el motor. “Era muy exigente. Si el entrenador decía tres vueltas, él me decía: ‘cinco’. Si había una salida con mis amigos, ‘no’; primero se entrenaba”. La disciplina se volvió costumbre.
Su crecimiento en el circuito fue meteórico. Se empapó del profesionalismo de los grandes, afinó los detalles y pulió su juego. “Uno de los aprendizajes claves fue en España: vi a un señor que se quitó la prótesis antes de jugar y volvió a caminar con ella al terminar. Empecé a hacer lo mismo y mi nivel mejoró mucho”.
Pionera en la rama femenina
Comenzó compitiendo contra hombres porque no había categoría femenina en Colombia. Con solo 11 años, enfrentaba rivales de 40. Jugaba, sin embargo, con la alegría de una adolescente que solo quería aprender y disfrutar. Con el tiempo, su familia insistió hasta que se creó la rama femenina en los torneos locales. María Angélica fue campeona del primero.
Su desempeño la llevó a competir internacionalmente. Aún recuerda con emoción y una sonrisa imposible de esconder su primer título juvenil en Francia. “Escuchar el himno nacional a tantos kilómetros de Colombia fue muy lindo y especial”.
Desde entonces ha sido pionera. Ha representado a Colombia en cuatro Juegos Paralímpicos: Londres 2012, Río 2016, Tokio 2020 y París 2024, a los que llegó con el mejor nivel de su carrera. “Pude jugar en la cancha principal de Roland Garros, llena, contra Francia. Me encanta jugar con público. Aunque estaban en mi contra, fue especial para mí y para mi familia”. En París también logró otro hito: fue la primera colombiana en ganar un partido en Juegos Paralímpicos y consiguió diploma. Un año después, la meta sigue clara: conquistar una medalla para Colombia. El próximo objetivo es Los Ángeles 2028. “Cada vez aparecen rivales nuevas y seguro va a estar difícil, pero tenemos expectativas altas y vamos a seguir soñando”.
Los distintos retos de las superficies del “Grand Slam”
En el circuito profesional, ha disputado los cuatro Grand Slams y cada superficie representa un reto distinto. “En canchas duras como el US Open o el Australian Open, la silla se mueve fácil y rápido. En tierra batida, como en Roland Garros, es más lenta y exige otro estilo de tenis. Y en Wimbledon, sobre césped, es completamente diferente. La silla es difícil de mover, la bola va más rápido y pica más bajo”.
Su debut en un Grand Slam fue el US Open 2020, cuando alcanzó semifinales en sencillos. “Por eso le tengo un cariño especial”.
Hoy disfruta al codearse con los grandes del circuito. Ver de cerca a Carlos Alcaraz y Aryna Sabalenka, y recibir elogios por su destreza le da energía. Más aún cuando vienen de referentes colombianos. “En primera ronda de dobles, disputábamos el segundo set, cinco iguales, y escuché un ‘vamos, Mari’. Me giré y era Fabiola Zuluaga. Fue muy especial para mí ganar ese partido frente a ella”. Zuluaga es la tenista con mejor posición en el escalafón de la WTA de la historia de Colombia, cuando llegó a la casilla 16 en 2005.
En Wimbledon 2025 llegó a la final tras vencer a las primeras cabezas de serie y a leyendas del circuito. La complicidad con Chasteau fue fundamental: “Nos entendimos perfecto. En los momentos de tensión una levantaba a la otra. No hubo enojos, solo apoyo. Eso fue vital”.
La preparación incluyó una semana en césped sintético en Barcelona y dos torneos en Reino Unido. En Eastbourne, venció por primera vez a la exnúmero uno del mundo, la neerlandesa Diede de Groot. “Esa victoria me llenó de confianza”. En el otro torneo cayó en primera ronda de sencillos, pero debutó en dobles con Chasteau. Ahí llegaron a semifinales, lo que fortaleció la conexión de cara a Wimbledon.
En primera ronda del Grand Slam británico, enfrentaron a las mismas rivales que las habían derrotado semanas antes. Tomaron el duelo como revancha. “Ganarles nos hizo darnos cuenta de lo fuertes que éramos, pero preferimos ir partido a partido, con tranquilidad”. La semifinal fue contra una dupla temible, incluida una exnúmero uno en sencillos. “Jugamos sin miedo, contundentes. Nos invadió la ansiedad al cerrar el partido, pero nos calmamos, construimos punto por punto y lo ganamos”. En la final, enfrentaron a una pareja china imparable. “Sabíamos que sería durísimo. Dimos lo mejor. El resultado no se dio, pero esto nos impulsa para lo que viene”.

Este año, Bernal ha disputado tres finales y ganó una en sencillos, en el ITF 1 Series de Eastbourne. En total, acumula 34 títulos individuales en el circuito de la ITF.
Fue la primera colombiana en disputar los cuatro Grand Slams en silla de ruedas y la primera en llegar a una final en Wimbledon, uniéndose a Juan Sebastián Cabal y Robert Farah (campeones) como los únicos colombianos en lograrlo. También es la única colombiana en la historia en haber ingresado al top 10 del ranking mundial. Su mejor ubicación fue quinta; ahora es sexta.
Su próxima meta es clasificar al Masters en China, reservado para las ocho mejores del mundo. “Estoy en Suiza ahora, luego iré a Bélgica. En septiembre es el US Open y después vendrán varios torneos en Europa. Queda mucha temporada”.
En paralelo, fundó “Semillas sin Barrera”, una escuela que brinda acceso al tenis a niños con discapacidad. La bogotana habla con orgullo del proyecto que creó junto a su familia. “Cuando empecé, solo contaba con el apoyo de mis padres. Hoy ya hay programas oficiales y acceso a implementación. Se nota la evolución”.
En lo personal, disfruta más los sencillos, pero si encuentra una pareja con la que conecte, también se entrega en dobles. “Con Ksenia encontré eso. Ya decidimos seguir jugando juntas en los torneos que vienen”.
María Angélica Bernal no solo ha construido una carrera deportiva impecable, sino que también ha abierto caminos para otros, formado nuevas generaciones y demostrado que en el tenis, como en la vida, lo importante no es cómo se empieza, sino cuánto se está dispuesto a luchar.

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