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En el baloncesto, más que en otros deportes, poco importa cómo se empieza. Una serie a siete partidos puede ser revertida en la última batalla. Cada asalto importa, por supuesto, pero es difícil, tras la primera salida, dictar sentencias. Cualquier juicio, con seis etapas por delante, puede parecer precipitado. Resulta más valorable, sobre todo, lo que se aprende tras cada derrota. Si después de caer se asimilan los errores, perder no fue en vano y queda la posibilidad de cambiar la tendencia.
No habría que ser, en ese sentido, precipitados tras el inicio de la final de la NBA. En el primer partido, que se jugó este jueves, los Celtics de Boston se impusieron con autoridad a los Mavericks de Dallas. El marcador terminó 107-89 y la superioridad de los locales fue abrumadora.
Desde el primer cuarto, que terminó con una ventaja de 17 puntos para los posteriores triunfadores, se vio la tendencia del cuadro local, que salió como una tromba. Los Mavericks, adormilados, tardaron demasiado en entrar al partido y, en ritmo, fueron superados en todos los tramos de la cancha.
Si bien la ofensiva de Boston estuvo muy afinada, con seis jugadores que superaron la decena de anotaciones, la clave del partido se vio en la férrea defensa de los locales. Kristaps Porziņģis, que volvía de lesión y apenas jugó 21 minutos, fue crucial para el triunfo del equipo del trébol, con 20 puntos y seis rebotes. Jayson Tatum, además, ejerció su papel de líder, con un descollante rendimiento de 16 puntos y 11 rebotes. Sin embargo, sería difícil descartar el rendimiento de alguno de los jugadores de la estructura principal, pues Jaylen Brown (máximo anotador de la noche), Al Horford, Jrue Holiday e incluso Derrick White tuvieron un encuentro de antología.
La escuadra de Dallas, en cambio, naufragó en un rendimiento de pocas variantes. Luka Dončić, con 30 puntos, cargó al equipo en ofensiva, pero Kyrie Irving lució apagado en medio de un conjunto que sufrió para superar la barrera local de cara al arco.
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— Boston Celtics (@celtics) June 7, 2024
El desarrollo del juego, no obstante, no fue una sorpresa. Los Celtics, máximos ganadores en la historia de la NBA (junto a los Angeles Lakers, con 17 anillos), llegaron a la serie como absolutos favoritos. Su gran rendimiento en la fase regular, en la que terminaron primeros en el Este, hacía prever que serían uno de los equipos que disputaría esta temporada el anillo.
Dallas, en cambio, llegó como el palo de los playoffs, oponiéndose a los pronósticos en todas sus llaves que auguraban una eliminación.
Por jerarquía, presente y además proceso, era lógico suponer que, desde la primera salida, Boston saldría a embestir a su rival. No hay que olvidar que el actual proceso, con jugadores como Tatum, Brown o Horford, ya acumula finales perdidas. El proyecto lleva años resistiendo derrotas y esta vez, parece, por fin les llegará la recompensa.
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No obstante, este análisis tendría que volver a su origen. No es posible determinar tan pronto que el título, por una victoria, está sentenciado a favor de Boston. Más allá del esperado favoritismo, habrá que ver la reacción de Dallas. La primera prueba, otra vez fuera de casa, la tendrán el domingo, cuando se jugará el segundo partido.
Los Mavs, si quieren seguir con vida, tendrán que aprender de los errores cometidos. Porziņģis, si sigue sano, demostró que es un jugador a controlar. Tal vez, una propuesta más física sobre el letonio le dé a los de Dallas la posibilidad de hallar huecos en la defensa.
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Con más posibilidades en ataque, el camino para jugadores como Doncic, cruciales en la repartición de juego, se verá más despejado. Ahí brillarán los otros de la orquesta, este jueves tan apagados ante la cerrada línea de los Celtics de Boston.
La serie es larga y la fiesta apenas va comenzando. Es innegable el ambiente que había en el TD Garden, el pabellón de los Celtics. Hay ilusión con el título, el anillo 18 que los encumbraría, de nuevo, solitarios en la cima de la NBA. Sin embargo, no hay nada dicho. Todos esperan la reacción de los Mavericks, un equipo que donde mejor se siente es nadando contra corriente.
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