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En la pista de Copenhague, Dinamarca, Colombia volvió a demostrar que el legado de grandes referentes como Mariana Pajón no solo se mantiene vivo, sino que se proyecta con fuerza. La actuación de los nueve colombianos que alcanzaron rondas finales en el Mundial de BMX 2025 dejó buenas sensaciones, pero fue el oro de una joven de Bello, Antioquia, lo que encendió todas las alarmas —en este caso positivas— sobre la llegada de una nueva era para el bicicrós nacional.
Valentina Jiménez, más conocida como “Chispita”, se coronó campeona del mundo en la categoría damas sub-16. La final fue memorable: tres colombianas se metieron entre las ocho mejores del planeta. No fue una sorpresa para quienes la han visto crecer entre peraltes y partidores desde los cuatro años, pero sí una consagración emotiva y poderosa para el futuro del deporte en Colombia.
“Todavía no me la creo. Han sido días de locura. Es algo que soñé desde pequeña y que por fin se hizo realidad”, dice Valentina con una mezcla de alegría y asombro. “Estoy feliz, agradecida con Dios, con mis entrenadores, con mi familia. Fue el resultado de mucho trabajo”.
Valentina empezó en el bicicrós por influencia de su hermano, pero también por una inspiración olímpica. “Yo hacía patinaje, pero en 2012 vi a Mariana Pajón ganar en Londres y decidí cambiar de deporte. Acompañaba a mi hermano a entrenar y terminé enamorándome del BMX”. Desde entonces no ha parado, primero entrenando en Bello y luego integrando la selección de Antioquia. Incluso, ha tenido la oportunidad de compartir pista con su ídolo: “Entrenar con Mariana es increíble, uno aprende constantemente con ella. Además, me felicitó cuando gané el Mundial y me hizo muy feliz su reconocimiento”.
No obstante, ese triunfo en Dinamarca no llegó de la noche a la mañana. Valentina ya había corrido otros mundiales, en los que vivió de cerca las frustraciones que solo alimentan la sed de revancha. En Rockhill, por ejemplo, llegó lesionada, sin poder caminar dos semanas antes del viaje. “Sabía que no estaba al 100 %, pero fui igual, porque quería representar a Colombia. Quedé novena, pero logré retomar los entrenamientos; doble jornada cuando se pudo y feliz de poder, ahora, cumplir el objetivo”.
Para Copenhague, su preparación fue total: doble entrenamiento, carreras regionales, tiempos calculados para balancear prácticas y colegio, y una estrategia pensada en conjunto por su entrenador Édison Cifuentes y el cuerpo técnico nacional. “Es una rutina muy exigente, pero estoy contenta porque se están viendo los resultados del esfuerzo”.
Ese componente mental fue clave. Valentina trabajó junto a un psicólogo deportivo para aprender a manejar la presión y eliminar los pensamientos negativos. “El BMX es muy riesgoso. ¡Claro! A veces se me pasa por la cabeza una caída. Pero, aprendí que entre más tranquila esté, mejor me va. Lo importante es disfrutar cada vuelta, darlo todo y confiar”.
Esa tranquilidad fue evidente en la final, en la que salió con una arrancada impecable, tomó la delantera desde el primer pedalazo y no la soltó. Cruzó la meta con un tiempo de 39,3 segundos, suficiente para superar a la estadounidense Addison Thompson y a su compatriota Guadalupe Palacios, quien se colgó el bronce. La otra colombiana en la final, Valery Hernández, también celebró el histórico dominio tricolor en la categoría.

“Nos felicitamos entre todas. Ver a tres colombianas en una final mundial es una locura. Muestra que el BMX femenino en Colombia está muy fuerte”, afirmó Valentina, quien recalcó que, aunque existen rivalidades, el respeto entre corredoras siempre está presente.
En muchas competencias internacionales ha tenido que viajar sin su mamá. “Es difícil estar lejos de la casa, de mi familia. A veces extraño todo. Pero, sé que desde la distancia me apoyan”. Shirley Ramírez, su madre, lo confirma. Llora cuando habla de eso, es una madre orgullosa. Sin embargo, dice que le duele verla competir de lejos, aunque sea en los mejores escenarios del mundo: “Verla hablar así me da orgullo. Sé todo lo que ha pasado, y todo lo que ha entrenado, todo el cansancio. Siempre le digo que nunca pierda su nobleza, su alegría y su chispa, eso la hace especial”.
Ese apodo, “Chispita”, se lo puso su primer entrenador el día que insistió una y otra vez en lanzarse del partidor sin miedo, con solo cuatro años. “Al final me dejó tirarme, y no solo no me caí, sino que di la vuelta completa a la pista. Gracias al profe Juliano soy ‘Chispita’”.
Ahora, se despide de la categoría challenger como campeona del mundo y se prepara para competir como junior, donde ya no basta con estar: ahora hay que clasificar. “Todo se pone más exigente. Pero estoy lista. Esto apenas comienza”.
El balance del equipo colombiano igual deja motivos para el optimismo. En las pruebas infantiles y juveniles hubo protagonismo colombiano con dos preseas de plata, logradas por Guadalupe Palacios y Luciana Castillo en girls 10, y dos de bronce que llegaron gracias a Jhorlianny De La Hoz en girls 11 y Emily Sofía Esparza en girls 8. El mensaje está claro: la nueva generación se está encendiendo, y Valentina Jiménez es, por ahora, su rostro más brillante.

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