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La mejor ubicada es la argentina Paula Ormaechea, en el puesto 112.
El tenis femenino en Suramérica está en crisis: no hay ninguna jugadora en el Top-100 del escalafón de la WTA. Atrás quedaron las épocas doradas de las argentinas Gabriela Sabatini y Paola Suárez y de la colombiana Fabiola Zuluaga, quien alcanzó el puesto 16 en 2005.
Actualmente la mejor posicionada en el continente es Paula Ormaechea, argentina de 19 años. De hecho, está por encima de su compatriota Gisela Dulko (128), quien en 2005 fue número 21 y hace un par de años fue la uno en dobles. En Suramérica hay 90 jugadoras con ranquin. En Rusia hay 100 y en Estados Unidos 117.
“No veo muchas jugadoras aquí. Es una lástima, porque creo que tenemos muchísimos talentos”, dijo Dulko a este diario. Entonces, ¿qué pasa con el tenis femenino en Suramérica?
“Son muchos factores. El primero es que no hay buenas rachas triunfales. La segunda es que los semilleros no son fuertes y que las niñas ahora tienen más distracciones: a los diez años ya van a fiestas y se maquillan, cuando uno antes pensaba sólo en ser profesional”, dice la cucuteña Fabiola Zuluaga, semifinalista en el Abierto Australiano de 2004.
En Colombia la situación no cambia. Sólo hay seis jugadoras en el escalafón y la mejor posicionada es Mariana Duque en el puesto 139. Detrás de ella aparecen Catalina Castaño (286), Karen Castiblanco (429), Yuliana Lizarazu (436), María Paulina Pérez (1.079) y Marcela Gómez (1.227).
“Puede ser la falta de torneos, en el continente no hacen muchos y nos toca viajar y gastar más”, explica Mariana Duque. Y añade: “En Colombia, por ejemplo, se están incrementando los certámenes masculinos y están figurando más jóvenes. De mujeres no, por lo que no hay muchas oportunidades de salir”.
Lo más cercano que pueden jugar son los torneos de 220.000 dólares en Bogotá, México y Acapulco, que se realizan en semanas seguidas. “Lo que hacíamos las de antes eran giras en Europa, donde hay cinco torneos por fin de semana y el transporte es más barato. Era la única forma”, añade Zuluaga, quien se retiró en 2006.
En Colombia no hay suficiente apoyo y el ejemplo perfecto es Karen Castiblanco, raqueta número tres del país, quien está pidiendo apoyo económico a través de redes sociales para continuar con su carrera.
“Dependemos mucho de la empresa privada. Lo que pasa es que no pueden patrocinar a todas las que dicen que son tenistas y cuyos padres dicen que se parecen a Martina Hingis. Se debe invertir en alguien que vale la pena”, puntualiza Fabiola.
Hay un caso diciente en Barranquilla. María Fernanda Herazo, de 15 años, fue campeona de la Gira Cosat del año pasado, importante evento para el que tuvo que invertir casi 100 millones de pesos para pagar preparación, inscripciones, transporte y estadía. Ese dinero salió del bolsillo de sus padres, pues según su entrenador, Edwin Movilla, nunca ha tenido un patrocinador.
“Y pensar que para las empresas eso es un beneficio también. El único que entendió eso fue Colsánitas y ahora está viendo los resultados. Por falta de apoyo, María puede parar con su carrera, que hasta ahora va muy bien”, se lamenta Movilla.
Todos estos factores, lastimosamente, se desnudan con la falta de resultados, un presente desolador y un futuro incierto.