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Con 18 años, David Alonso está logrando lo que en su momento hizo Juan Pablo Montoya con la Fórmula 1: que todos madrugáramos a ver las carreras de un deporte que resulta lejano para nosotros, y entonces ahora todos nos interesamos por el motociclismo, en los nombres de la parrilla y la técnica del piloto para destacarse en cada circuito del mundo.
Si se permite otra comparación con la Fórmula 1, David Alonso tiene la habilidad que muchos le vieron a Max Verstappen cuando también estaba siendo promesa, y es que la osadía le ha permitido siempre hacer los traspasos que otros no se atreven por el riesgo que conllevan. Alonso, como los prodigios, ve lo que otros no, y ese don se hace fundamental para marcar la diferencia.
En esta ocasión, en la ceremonia del Deportista del Año, el ciclista Rigoberto Urán y el gimnasta Ángel Barajas dieron un mensaje en común: aunque solo sea uno el que se suba a los podios, detrás de los deportistas hay un equipo, también una familia, y a todos ellos se les debe una correspondencia. Alonso, en varias entrevistas a lo largo del año,ha revelado que le había costado mantenerse enfocado en ganar las carreras luego de haber asegurado el título anticipado en Moto3, en Japón, pero que una razón le regresó la motivación: “Es verdad que me costó mantener la motivación y la intensidad después de ganar el campeonato del mundo, en las carreras posteriores tras levantar el título en Japón. Me costó encontrar la estimulación y las ganas de levantarme y salir a correr porque ya había conseguido mi objetivo. Sin embargo, corrí por todos los sacrificios que había hecho mi familia, y también por el equipo que tengo alrededor, que dejan a sus familias por estar a mi lado. No fue tanto por el récord [Guinness, de Valentino Rossi], ya que los récords vienen como consecuencia del trabajo realizado, sino por devolver a la gente los sacrificios hechos”.
Lo de este año fue histórico. Fueron 14 victorias, 421 puntos y un récord que hablan de la ambición y el compromiso que ha tenido David Alonso desde hace varios años con su carrera de motociclista. El colombiano es el único corredor que ha logrado ese número de triunfos en una sola temporada, superando las 11 jornadas ganadas por el italiano Valentino Rossi en 1997 y haciendo registros similares a los de Marc Márquez, uno de sus ídolos.
Ya habían pasado cuatro jornadas desde que aseguró el título de Moto3 en el Gran Premio de Japón, en el Mobility Resort Motegi. La última cita de la temporada era en el circuito de Barcelona-Catalunya, que resultó siendo casi que una partida de local, pues Alonso creció y se hizo como motociclista en España, país del que es su padre y donde se instalaron con su madre, que es de Bucaramanga y es la razón por la que el piloto de 18 años decidió defender los colores de Colombia.
“Este fin de semana tenía mucha presión, pero ha estado bien para mantener la concentración. Quería disfrutar de mi última carrera en Moto3. Me he tomado con calma el inicio y, cuando he visto la oportunidad, lo he dado todo para ganar. Ahora toca empezar una nueva etapa. Será bueno tener a Dani Holgado a mi lado en el box. Nos divertiremos. Tendremos que pensar en mejorar carrera a carrera, poco a poco, porque será una temporada de aprendizaje. Todo lo que venga será bueno, pero será más un año como 2023, tendré menos presión”, afirmó Alonso hace unas semanas, quien asegura que no competirá en Moto GP, la máxima categoría de este deporte, sin ser campeón en Moto2.
Desde España, Alonso envió un saludo por su reconocimiento como el Mejor deportista juvenil de este año y se excusó de no poder asistir por estar preparando la próxima temporada con su equipo. Hecho no menor, pues reafirma también lo dicho en las entrevistas mencionadas cuando explica por qué lleva consigo el número 80, pues son los únicos números que se dibujan y no tienen un fin, que no tienen límites, y eso es David Alonso, un deportista que a su corta edad ya entendió que con voluntad y disciplina es que se cumplen los sueños. “Siempre me lo he tomado muy en serio desde pequeñito. Al principio era una afición, pero cada vez que entrenaba era exigente conmigo mismo y si lo hacía mal me cabreaba”, contó en diálogo para este diario el año pasado, cuando también recibió un galardón, pero esa vez como Deportista revelación.
Bien cantaba Silvio Rodríguez: “El que siga buen camino tendrá sillas peligrosas que lo inviten a parar”. Aunque haya y siga perdiendo días con los amigos y su familia, días para tener una vida “más normal”, Alonso reconoce con una convicción inusitada de su edad que tiene un mundo por delante. Sabe que sigue aprendiendo, incluso, aunque este año lo ganó casi todo, había asumido esta etapa como una de aprendizaje. Entre la humildad y la responsabilidad está el secreto para mantener a salvo sus propósitos de las sirenas del éxito, de manera que el futuro, aunque promisorio, no deja de ser incierto y complejo, pues más que ganar, mérito que no es menor, la dificultad es saber mantenerse con los pies en la tierra, y de eso sabe el colombiano de 18 años, pues en cada curva y riesgo este deporte y su adrenalina le muestran que su cuerpo está más cerca de tocar el suelo que el cielo.
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