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Para ser la mujer más rápida de Gran Bretaña, Dina Asher-Smith lleva un estilo de vida muy lento, muy pausado. Quizá ese letargo en lo personal es lo que le permite ser tan veloz en las pistas del mundo, ser tan natural luego de las carreras.
“Soy alguien del común, que camina por las calles de Londres como cualquiera, que come lo mismo que lo demás”, dijo en la última entrevista que le hizo la revista Vogue, un medio de moda que busca a las mujeres más influyentes del mundo en este campo. Y ella, una atleta de alto rendimiento, lo es, pues su manera de hablar, de vestirse y de opinar con respecto a temas controversiales la han hecho un ícono en Inglaterra, la voz de otras que no pueden hacer eco.
A Asher-Smith se le ha escuchado frases como “¿por qué te refieres a ella como la esposa de?”, hasta “hay que darle crédito a ella porque es el cerebro de todo”. Tiene 23 años y ya revoluciona el atletismo mundial, y no porque corra rápido (hay otras que también lo hacen), sino porque trata de explotar su éxito en el deporte para ser escuchada, para llamar a la reflexión. Por eso fue normal que en las entrevistas luego de una carrera, con las pulsaciones descontroladas, ella las normalice con mensajes lógicos, tan bien dichos, algo que puede ser un arma peligrosa en otra boca por el calor del cuerpo que se sube a la cabeza.
“En un mundo dominado por los hombres es muy complicado ser mamá y volver a competir. No saben lo que implica subir de peso, criar a una persona y pensar en regresar lo más pronto posible. Fue campeona del mundo y plata en unos Olímpicos luego de eso. Y nadie se indagó por lo que vivió para lograr las medallas, solo se interesaron en el momento del triunfo”, aseguró cuando le preguntaron por Jessica Ennis-Hill luego de ser la figura en el campeonato europeo que se llevó a cabo en Berlín (se impuso en los 100 y 200 metros planos y en el 4X100), de correr donde lo hizo Jesse Owens, el afroamericano que desafió a Adolf Hitler y a su Alemania nazi en los JJ.OO de 1936.
“Fue una sensación increíble estar donde él estuvo, donde Owens, altanero y justo, cambió todo por el bien de nosotros”. Y esa curiosidad no fue porque sí, pues Asher-Smith es graduada de historia del King’s’ College de Londres con una tesis laureada por su trabajo final sobre el Jazz como canal de integración y de liberación de las comunidades negras en el siglo XX. Tan intelectual y tan rápida, Asher, que bien podría pasar como una modelo por su corporalidad (alta, elegante, delgada y sin un gramo de grasa en su cuerpo), conserva los mismos amigos de la infancia, los de las clases de baile y trompeta, un poco menos con los de natación. Y frecuenta los lugares de la infancia, una época que ha definido ella misma como tranquila e inspiradora.
Sentimental, y orgullosa de serlo, terminó segunda en la prueba de los 100 metros del Mundial de Atletismo de Doha por detrás de la jamaiquina Shelly-Ann Fraser-Pryce. “Hay que trabajar en la velocidad máxima alcanzada, para hacerla constante”, apuntó a los medios ingleses tras caer con la que para ella es la mujer más rápida del planeta, (nueve años mayor) con la que genera la algarabía de unos pocos en un evento con gradas vacías, con horarios pensados en las transmisiones de televisión y no en el público local presente, en el deporte base, es el que imprime el calor necesario antes de la acción.
Sin importar la derrota, Asher-Smith sonríe, y su dentadura brilla, y parece que fuera coqueta, pero lo que refleja es su simpatía, su carisma y su buena energía luego de hacer un gran desgaste. “Tengo que entrenar más fuerte, cambiar mis rutinas y aumentar los días para poder estar a la par. No te puedes quedar atrás, porque luego no recuperas los metros cedidos”.
La historia de que llegó a la velocidad luego de ganarle una carrera a una amiga por un helado ya no se nombra tanto, tampoco la promesa de la madre de comprar un iphone si bajaba su marca a los 12 años, luego fue una maleta. Ahora se habla de la atleta que salió en la última lista de la revista Forbes de menores de 30 años más impactantes del mundo, o de su nombre entre las 50 mujeres mejor vestida de Europa, hasta de la portada que protagonizó en la revista Harrod.
Dina Asher-Smith no es solo la llamada a tomar el testimonio de Shelly-Ann Fraser-Pryce, sino de convertirse en una de las atletas más prestigiosas del planeta mientras hace lo que le da más vida a su vida: correr sin afanes.