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Gerson usa vestido de paño negro, una camisa blanca y una corbata azul rey con nudo ancho. En el bolsillo del saco resalta un pañuelo que le da un toque elegante, ministerial. Su expresión, casi siempre, es seria. No sonríe con frecuencia y sus ademanes son similares a los de un jugador de póquer. Sus pasos son cortos y sus movimientos cuidadosos. En la cabeza tiene unos audífonos negros grandes con micrófono para comunicarse con su equipo. Habla lentamente y dice solo las palabras clave, las que necesitan oír sus cinco dirigidos para intentar ganar una partida de League of Legends, el videojuego de moda, que consiste en derrotar al rival utilizando armas, poderes y estrategias para derribar las estructuras enemigas.
En el programa Desafío ESPN: Camino a League of Legends, un reality que busca convertir en profesionales a cinco aficionados, quienes tienen el sueño de poder vivir de este videojuego, Gerson es uno de los entrenadores. En este mundo Gerson Castaño no existe, su nickname es Dye, y con ese nombre ha logrado ganarse una reputación. En sus comienzos fue jugador, pero un día su habilidad creció tanto que su apuesta fue dedicarse a ser formador, a enseñar lo que sabía.
Pereira, Risaralda. Seis años antes. Gerson Castaño estaba terminando el bachillerato en el colegio INEM Felipe Pérez. Su sueño en ese momento era ser futbolista profesional, algo que había trabajado desde niño, cuando comenzó su proceso de formación en las divisiones menores del Deportivo Pereira. Era un lateral izquierdo que se proyectaba bien al ataque y que tácticamente les gustaba a los entrenadores, porque hacía lo que se le pedía. Mientras sus compañeros de curso iban a universidades a mirar opciones de carreras para estudiar, él entrenaba con la plantilla profesional del equipo matecaña esperando una oportunidad.
Sus padres siempre lo apoyaron y estuvieron a la expectativa. Sin embargo, por las constantes lesiones, los directivos del club no le firmaron contrato y entonces llegaron las dudas, la frustración y los pensamientos de fracaso. Por fortuna, su pasatiempo eran los videojuegos, especialmente League of Legends. Los viernes o sábados, cuando los jóvenes de su edad estaban en fiestas o tomando trago con amigos, él estaba solo en su casa en un universo paralelo, conectado en línea con gente de todo el mundo.
Sin el fútbol, el plan B se puso en marcha: el del estudio. Viajó a Argentina y se matriculó en un CBC, un curso previo para comenzar una carrera en la Universidad de Buenos Aires. Quería estudiar traductorado público, pero justo en esos días le llegó una invitación que cambió su destino: vivir de su hobby, de jugar League of Legends. El equipo profesional Dash9 Gaming le ofreció contrato y le dio todo para irse a vivir a México.
Tenía veinte años cuando tomó esa decisión. John Eduard y Camilo, sus hermanos, fueron los primeros en enterarse. Ellos lo apoyaron y se encargaron de ayudarlo para el momento de dialogar con sus padres y explicarles lo que en ese instante parecía una locura. Ya había desechado el estudio por el fútbol y ahora era más o menos repetir la misma historia, pero con los videojuegos. “Tenían muchas preguntas. Todo esto era muy nuevo y mis papás no entendían bien. Apesar de eso me apoyaron y lo que les dio un poco de tranquilidad fue que hubiera respaldo de una empresa y un contrato”.
De jugador profesional se convirtió en entrenador de profesionales, gente que vive de jugar y que para llegar a un gran nivel debe seguir rutinas como la de cualquier deportista de alto rendimiento. Horas de trabajo físico, de teoría, y mucho tiempo de práctica. Hoy en día vive en Buenos Aires en una Gaming House, un lugar en el que solo permanecen personas vinculadas con el universo de League of Legends y que están más tiempo en un mundo paralelo que en el real. Se despiertan, desayunan, mientras algunos prefieren hacer ejercicio, otros se sientan a practicar. Cada día tiene dos bloques de tres horas y espacios de simulación de juego, lo que viene siendo práctica para el momento de la competencia real. Es en estos escenarios es en los que Dye debe darles consejos a los jugadores, explicarles tácticas, teorías y movimientos específicos que servirán en el futuro.
Llegó el día en el que su pasatiempo le da para sobrevivir. Claro que no todo son computadoras, por eso cuando se siente cargado y quiere despejar su cabeza, prefiere leer, ver series en Netflix o ver partidos de fútbol por TV para visualizarse siendo uno de esos jugadores que en algún momento soñó ser. También le gusta jugar fútbol y qué mejor lugar para hacerlo que en un país en el que todo marcha al ritmo del balón.
Como coach ya lleva tres años y quiere seguir desempeñando esta función por mucho más tiempo. Sueña con ganar la Liga de Latinoamérica, objetivo que ha estado cerca de cumplir en dos oportunidades. Más adelante, con pasar a algún club europeo o de Estados Unidos y a futuro, que espera no sea muy lejano, poder representar a Colombia en unos Juegos Olímpicos. En los Juegos de Asia ya hay categoría de e-games y se dice que más temprano que tarde el Comité Olímpico Internacional incluirá esta modalidad en el programa, pues día a día mueve a millones de personas que lo consideran como un deporte más.