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Tercer intento, última oportunidad. En el envión del levantamiento de pesas, Yenny Álvarez tenía su opción de medalla. Empezó muy bien, tercera en el arranque. Sin embargo, en la segunda fase de la prueba, los primeros 130 kilogramos resultaron una tarea imposible. Resignada, para alcanzar al resto le tocó subir su vara. 132 kilos fueron la nueva prueba. Venía levantando 137, dijo el entrenador en zona mixta. Tenía con qué, pero no pudo. En la segunda intentona, con el nuevo peso, la barra se le fue para adelante. Llegó la tercera, era la hora, pero no alcanzó a estirar bien los brazos, quedó vencida. Cuando los discos tocaron el suelo, la bogotana se llevó los dos puños a la boca. Incrédula, decepcionada, intentó contener el llanto, pero al caminar de vuelta, fuera del escenario, sintió el verdadero peso. No pudo parar de llorar desde entonces. Después, hablando con la prensa, apenas conectó las palabras. Verdaderamente, se sintió a un paso de la medalla.
Lejos, al norte de París, mientras en el sur la pesista se frustraba, Luis Felipe Uribe a la misma hora dio un batacazo. Si en las pesas Colombia depositaba su confianza, en los clavados pocos apostaban sus monedas. Desde los cuartos hasta la semifinal, el risaraldense fue mejorando sus marcas. ¡Y en la final, los dejó callados! El sexto puesto en los saltos de trampolín de tres metros fue un resultado histórico para la natación individual colombiana, que ya había logrado esa marca cuando la dupla de Juan Guillermo Urán y Víctor Ortega logró el sexto puesto en el salto sincronizado de plataforma de 10 metros en Beijing 2008.
No obstante, el sexto lugar, por unos instantes, no se vio nada claro. Apenas había empezado la prueba y, en su primer salto, el puntaje del nadador dejó fría a toda la comisión colombiana que había ido a alentar al clavadista de apenas 22 años. Con 49,30, Uribe quedó último en su primera salida y hubo algunos que, incluso, amagaron con abandonar el Centro Acuático en Saint-Denis. Abajo, al lado de las plataformas, Wilson Molina, el entrenador de la selección nacional, trató de hacer reaccionar a su pupilo, debutante en los Juegos Olímpicos. “‘Pipe, parce, usted sabe lo que ha hecho, olvídese de lo que acaba de pasar’, le dije. Sin engrandecerlo ni tampoco tirarlo abajo por lo que había pasado. Teníamos competencia por delante y él ya había mostrado que tenía con qué ir a pelearles a los más duros”, le dijo el estratega a este diario.
Por delante quedaba ir salto por salto. Uno a la vez. Desde la salida en falso con el primer intento ya sabían que se habían quedado sin la posibilidad de pelear la medalla. No obstante, quedaba hacer el resto perfecto. Y así fue: todos los demás intentos, los cinco que le quedaban, los hizo impecables. Calificación por encima de siete y tremenda remontada. Desde el tercer salto, cuando los demás empezaron a flaquear, menos los chinos y el mexicano, que esos no fallaron nunca, ya se veía que Colombia iba a asegurar un nuevo diploma. La medalla no se pudo, pero otro atleta de los nuestros se metió entre los mejores del olimpismo.
“Queda esa sensación de que haciendo un mejor primer salto habríamos arañado ese cuarto puesto. Nos falta todavía ese centavito para el peso, pero de estas cosas se aprende y nuestro objetivo es llevar un equipo, liderado por Luis Felipe Uribe, mucho más fuerte a Los Ángeles 2028″, aseguró Molina.
Uribe, usualmente risueño, dijo que estaba feliz, pero su rostro sí reflejaba la frustración de quien sabe que tenía para más. “Era un sueño que cumplí, representar al país en unos Olímpicos. No me voy satisfecho. Tengo la sensación de que pude hacer mucho más. Definitivamente, estoy contento de mostrarle al mundo que Colombia tiene con qué, pero sé que podría haber peleado por quedar más arriba”, afirmó con los ojos desviados, mirando al piso, evitando las cámaras y los ojos divergentes. Volvía a centrar la mirada, eso sí, cuando hablaba de los que lo llevaron hasta ahí, ser uno de los seis mejores clavadistas de los Juegos Olímpicos. Entonces, le volvió el orgullo: “Quería representar a mi familia, lo hice por ellos. Hacerlo por mis papás, por todo lo que han vivido, porque a ellos les ha tocado difícil y quería que se sintieran orgullosos. Todo lo que soy como persona es gracias a ellos”.
En la línea entre la gloria y el fracaso, el resultado muchas veces puede ser cruel. Si a esta altura Colombia hubiese logrado medallas con las que contaba, a lo conseguido por Luis Felipe Uribe se le hubiese dado más valor. Hoy, ante la urgencia, se le juzga como un diploma más de los 10 que ya suma el país, y no es así. “Es histórico porque, individualmente, nunca habíamos llegado tan lejos. Desde Sídney 2000 los clavados en Colombia vienen mostrando una progresión olímpica muy destacable. Hoy nos trajo hasta acá, pero queremos llegar más lejos. Hoy celebramos, lloramos y estamos felices. Sin embargo, este es un muchacho con proyección y sabemos de los errores que podemos corregir. A lo que le apuntamos es a volver a este escenario para pelear en cuatro años, por qué no, una medalla”, finalizó el entrenador Molina.
“No deberían juzgar tan duro a los colombianos que no hacen medalla. Estar en unos Olímpicos es duro. El solo hecho de clasificar ya es un mérito que la mayoría no imagina”, aseguró unas horas después el doble medallista Luis Javier Mosquera, cuando, en el levantamiento de pesas en los 73 kilogramos, terminó en el quinto lugar. Así como le pasó a Álvarez, aunque su historia haya sido más cruel, por un momento la medalla del vallecaucano se vio cercana. En la prueba, incluso, pasó lo impensado: Shi Zhiyong, el supercampeón, quien tenía todos los récords olímpicos y mundiales de la categoría, no pudo levantar los 191 kilogramos que lo habrían encaminado al oro. Sin el chino, el espectro todavía parecía más abierto, pero simplemente no era el día. En el envión el colombiano se quedó en 185 y, en el total, solo le faltaron cuatro kilogramos para quedar con el mismo puntaje del que hizo bronce: 344 kilogramos.
Así de cerca, en estos Juegos de París, se han sentido varias, como el cuarto puesto de Sandra Lorena Arenas, que a pocas exhalaciones de la meta perdió el tercer puesto marcha. Queen Saray Villegas, otra de las sorpresas, se quedó a un lugar del podio en el BMX. Jenny Arias, Angie Valdés e Íngrit Valencia, en el boxeo, se quedaron a una victoria de asegurar medalla. Hemos fallado en ese último paso. Queda la esperanza de los últimos días, porque el levantamiento de pesas no ha terminado, porque Flor Denis Ruiz y Kevin Quintero, los abanderados, todavía tienen pendientes sus pruebas más importantes y porque todavía puede salir alguna sorpresa. Como la de María José Uribe, que va cuarta en el golf. La ilusión seguirá prendida hasta que la llama del pebetero siga encendida. Los Juegos terminarán el domingo y, hasta entonces, Colombia seguirá en pie de lucha.
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