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El Ministerio del Deporte ha sido una de las carteras más inestables del gobierno de Gustavo Petro. A pocos meses de que acabe el mandato, pocas han sido las veces que las aguas han estado calmas en ese despacho. En menos de cuatro años, pasaron cuatro ministras. Sin embargo, solo una logró completar un ciclo completo de 365 días: Patricia Duque. Su permanencia marca un contraste con la turbulencia que caracterizó al sector durante buena parte del mandato presidencial.
Antes de su llegada, el Ministerio había acumulado una serie de crisis que deterioraron la confianza del sistema deportivo. El paso de María Isabel Urrutia terminó abruptamente en medio de cuestionamientos por presuntas irregularidades administrativas. Luego llegó Astrid Bibiana Rodríguez, cuya gestión transcurrió sin grandes hitos públicos y terminó marcada por la pérdida de la sede de los Juegos Panamericanos de Barranquilla 2027. Posteriormente asumió Luz Cristina López, quien llegó con un fuerte respaldo del sector paralímpico, pero se fue en medio de cuestionamientos por los problemas de ejecución presupuestal que golpearon al Ministerio.
En ese contexto, Patricia Duque es la que más ha resistido. El panorama ha sido complejo, ya que le tocó reorganizar una cartera que había perdido credibilidad dentro del propio ecosistema deportivo. Ella reconoce que recibió una institución atravesada por dificultades administrativas y por la inestabilidad política que había marcado los años anteriores: “Recibí una cartera un poco compleja. Había que organizar la casa, y hoy puedo decirle al país que ha sido un año de grandes logros y grandes satisfacciones”.
En los últimos años, la confianza en el Mindeporte se ha visto minada. La relación entre el Ministerio y las federaciones, ligas y comités tuvo momentos de incertidumbre, después de años de cambios institucionales y, sobre todo, de incertidumbre presupuestal. “El legado que vamos a dejar es, principalmente, la articulación con el sistema y la recuperación de la confianza. El Ministerio no existía. Esta cartera había perdido la confianza del sistema: de los atletas, de las federaciones, de las ligas, del Comité Olímpico, del Comité Paralímpico y del Comité de Deportes para Sordos. He trabajado para que vuelvan a mirarnos y crean que esta cartera realmente trabaja por los atletas”.
La discusión sobre el presupuesto, sobre todo, explica buena parte de esa desconfianza. Durante el gobierno Petro, el Ministerio del Deporte vivió una paradoja: más recursos en el papel, pero menos capacidad institucional para ejecutarlos. En 2023, el presupuesto rondó los COP 947.000 millones y se ejecutó poco más de la mitad. En 2024 llegó un salto histórico hasta los COP 1,3 billones, pero menos de un tercio terminó convertido en programas o proyectos. Ese desfase provocó una reacción, en medio de la fuerte crisis fiscal que vive Colombia. En 2025, el presupuesto cayó a poco más de COP 464.000 millones, un recorte que encendió todas las alarmas en el sector deportivo. La ministra lo reconoce con franqueza: la falta de ejecución terminó castigando al Ministerio.
“Para nadie es un secreto que el recorte presupuestal obedece a la crisis fiscal del país y a una falta de ejecución en años anteriores. Es doloroso decirlo, pero así fue. Y en la regla fiscal, cuando un recurso no se ejecuta, se castiga”.
El debate volvió a intensificarse cuando el Gobierno presentó la propuesta inicial del presupuesto para 2026. El monto partía de poco más de COP 310.000 millones, una cifra que muchos dirigentes interpretaron como una amenaza real para el sistema deportivo. Atletas, entrenadores y federaciones comenzaron entonces a organizarse para presionar al Congreso y evitar un nuevo recorte. Duque, que vivió meses complicados, explicó como solventó la crisis: “Las finanzas del Gobierno y del Estado no están en su mejor momento, pero aun así hemos sentido un respaldo importante. Tuvimos un gran apoyo de los comités, que elevaron la voz por nuestros atletas y por la organización del deporte, pidiendo al Gobierno que realmente nos mirara”.
El resultado, después de todo lo sucedido, fue una estabilización relativa del presupuesto, que finalmente no se bajó. El Ministerio no sufrió el desplome que muchos temían, aunque la inversión sigue siendo limitada frente a las necesidades del sector. Para Duque, al menos, el resultado permite mantener los programas en marcha. “Nosotros realmente necesitamos mucho más, quisiéramos mucho más, pero los recursos que nos asignaron para 2026 me dan cierta tranquilidad y me permiten garantizar la continuidad de los programas que iniciamos en 2025”.

El trabajo en la cartera, defiende la ministra, ha estado encaminado a reorganizar las finanzas internas del Ministerio y revisar compromisos pendientes de años anteriores. “Cuando llegué, encontré muchas cuentas por pagar de vigencias anteriores y tuvimos que organizarlas. Me propuse revisar área por área para asegurar que cada dependencia cumpliera con sus metas y que los objetivos financieros se lograran”.
Más allá de los números, el Ministerio del Deporte sigue enfrentando un debate estructural sobre su papel dentro del Estado. Para algunos sectores, el deporte continúa siendo una política pública secundaria dentro del Gobierno. Algunos dicen que el Ministerio se debería acabar. Duque reconoce esa percepción, pero la rechaza. Para ella, el deporte tiene un impacto social que va más allá de los resultados deportivos. “Respeto esas posiciones, pero no las comparto. El deporte es una oportunidad para sacar a muchos niños de contextos difíciles. A través del deporte podemos cambiar mentalidades y ofrecer una oportunidad de vida”.
A pesar de la estabilidad que logró en un Ministerio marcado por los cambios, el balance del Gobierno deja una conclusión más amplia para el deporte colombiano. El debate sobre el presupuesto, los recortes y la ejecución evidenciaron que el sector enfrenta un reto estructural: aprender a maximizar cada recurso disponible. El Ministerio del Deporte sigue siendo una cartera joven, todavía en discusión dentro del Estado, e incluso hay voces que plantean su eliminación. Pero lo ocurrido en estos años también mostró que, con presupuestos limitados y bajo presión fiscal, el verdadero desafío no es solo conseguir más dinero, sino convertirlo en programas, infraestructura y oportunidades reales para los atletas y para el sistema deportivo del país.

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