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Tapó su rostro con la toalla estampada con el logo del Roland Garros. El campeón lloró. Y como quería que ese instante fuera íntimo, escondió sus lágrimas, unas lágrimas cargadas de dolor, emoción, ansiedad, unas lágrimas que desahogaron todos los sentimientos encontrados que durante el último año lo agobiaron: una delicada lesión en las rodilla, no ganar un torneo durante ocho meses (esta temporada lleva cuatro), perder el número uno del mundo y hasta soportar la separación de sus padres.
El rey ha vuelto. Y es que el español Rafael Nadal Parera tenía razones de peso para explotar como un volcán, pues ganó su quinta corona de Roland Garros, su séptimo título en la cuenta de Grand Slam y el número 40 en sus nueve años como profesional. Y la cereza que le faltaba al pastel: recuperó el puesto número uno del escalafón mundial de la ATP, que había perdido en julio 6 de 2009 (tras 46 semanas en la cima) con el suizo Roger Federer, a quien el domingo justamente desplazó.
El título en París lo ganó ‘Rafa’ de forma implacable, sin perder ni un solo set en los 15 días de competencia (igual a como lo logró en 2008) y derrotando contundentemente en la final al sueco Robin Soderling, en tres sets corridos, con parciales de 6-4, 6-2 y 6-4, en apenas dos horas y 18 minutos, en el estadio Philippe Chatrier.
Con su victoria, Nadal, quien esta semana celebró su cumpleaños 24, se situó a un solo título de igualar los seis del sueco Björn Borg.
Ya con el trofeo bajo el brazo, y micrófono en ristre, el español comenzó la rueda de agradecimientos: a la Reina Sofía y las personalidades presentes, al público, a los recogepelotas, a la organización, a Soderling, incluso. “Enhorabuena, Robin”, dijo el español en inglés, “por el gran torneo que has hecho. Me sabe mal haber hecho el mejor partido contra ti”, dijo entre risas.
A continuación pasó al idioma francés para hacerle un guiño al público: “Gracias a la gente por el apoyo recibido, pues este ha sido uno de los momentos más emocionantes de mi carrera”. Y echó mano del castellano para despedirse. “Quiero agradecer a Su Majestad la Reina su presencia y la del resto de autoridades. Es mucho más que un sueño volver a ganar aquí. Gracias también a los voluntarios, a la organización, a todos, porque me han hecho pasar aquí seis años como en casa”.
Ya fuera de protocolo, y ante las cámaras de la televisión, Rafael Nadal valoró lo ocurrido. “Saqué mi mejor tenis en el día más importante. No lo había podido sacar hasta ahora, pero ha sido un partido muy bonito ante un rival muy complicado. Estuve muy rápido, muy bien físicamente”, relató Nadal, quien ya suma en premios la no despreciable suma de 30 millones de dólares.
Interrogado sobre sus lágrimas al coronar su triunfo en tierras parisinas, el español señaló: “Lloré porque fue un año muy difícil, y durante la semana no podía contener la ansiedad por la temporada que pasó, pero me logré serenar hoy (domingo), cuando era más necesario”. Y respecto a ser de nuevo el rey del tenis mundial, el español fue concluyente. “Lo último que contaba para mí era ser el número uno. Lo importante era volver a conquistar este trofeo y ya lo tengo en mis manos”.
“Rafael no está acabado”
Toni Nadal, tío y entrenador de Rafa, también justificó las lágrimas de su pupilo: “fueron de satisfacción, después de un año difícil, porque lees las cosas que ponen los periódicos, algunas veces, y lees que si Rafael está acabado, si no volverá a estar arriba. Un año después está aquí, y creo que se lo merece por trabajo, por ilusión y por hacer las cosas bien”, aseguró a la agencia EFE.
Sobre cómo manejó la parte mental del campeón, aseguró que “el tema estaba en decirle que el favorito era él, que es lo que yo sentía. La confianza dura sólo desde ahora hasta el lunes, que empieza Wimbledon, pero la verdad este chico no tiene límites”.
Llegó el tiempo de celebrar y pensar ahora en Wimbledon, torneo que le ganó en 2008 a Federer. Atrás quedó el dolor, borrado quedó el recuerdo del 31 de mayo de 2009, cuando el mismo Soderling lo eliminó de los cuartos de final del Roland Garros. Hace un año, el mallorquín estaba en la piscina de su casa de Manacor. Sufría una tendinitis de inserción en ambas rodillas. Dormía con una máquina atada a las articulaciones. Luchaba por volver a ser tenista. Un año después, está en la gloria.