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“El objetivo de esta lucha (UFC) no es acabar al adversario, más bien dominarlo y demostrarle que tú eres superior”. Con esa frase explica el luchador salvadoreño Iván Menjivar lo que se busca en una pelea de esta categoría. El espectáculo es lo que vende y por esa razón se ha abierto el espectro a tal punto que lo más preciado no es sólo asistir al día de la pelea. Todo comienza desde días antes, cuando los mismos protagonistas se reúnen en un gimnasio de la ciudad para mostrar sus habilidades frente al público. Particularmente en el más reciente evento, UFC 157, que se cumplió en la ciudad de Anaheim, California, cerca de 400 fans acudieron a un gimnasio oficial de la UFC para apoyar a sus ídolos. Los luchadores más conocidos de este evento, como el brasileño Lyoto Machida, la estadounidense Ronda Rousey —ganadora de medalla de bronce en judo en los Juegos Olímpicos de 2008— y el estadounidense Dan Henderson, son tratados como verdaderas estrellas de Hollywood: les piden autógrafos, fotos, y con gritos y aplausos son recibidos cada vez que suben al ring a calentar.
Ahí comienza verdaderamente el espectáculo. Desde el miércoles hasta el sábado, día de la pelea, en los canales de televisión de la ciudad se le da gran cubrimiento al minuto a minuto del evento. El jueves se realiza la rueda de prensa con los medios de comunicación, en la cual se retan los luchadores con frases picantes o pequeños empujones. Al otro día es el respectivo pesaje, el cual es abierto al público y al que en esta ocasión asistieron cerca de 2000 personas.
El objetivo principal de esta categoría es proteger la integridad de los deportistas. Por esa razón, aunque pareciera que no hay reglas, sí las hay y son muchas. El llamativo octágono enjaulado se usa principalmente por esa razón, y a diferencia de otras categorías, en las que los luchadores pueden ser tumbados del ring, en la UFC la jaula no lo permite y más bien garantiza que siempre haya combate. Eso sí, controlado, bajo tres formas de ganar la pelea: por nocáut, rendición o por puntos, que es cuando termina en los asaltos pactados y el jurado decide quién es el ganador.
Aunque se procura mantener la integridad de los protagonistas, al público lo que más le gusta es la violencia, la lucha y la sangre. Los cerca de 25.000 espectadores al Honda Center para ver el título mundial de la luchadora Ronda Rousey, así lo dejaron ver.
El luchador ofensivo y con intención de atacar en todo momento es el más respaldado por el público, mientras uno defensivo y sin intenciones claras de herir, recibirá abucheos. La agresión es lo que vende: un puño en el pómulo del rival es celebrado por el público. Asistir a uno de estos combates es como ver una de película de Quentin Tarantino, es presenciar una real apología a la sangre y el dolor.
En Colombia el deporte de las artes marciales mixtas se reglamentó hace seis años y hoy ya cuenta con una federación organizada y apoyada por Coldeportes. El presidente de esta entidad, Jaime Arturo Peña, comenta que “hay 120 peleadores ranqueados y más de 50 clubes a nivel nacional. En este año las metas son consolidar el campeonato nacional y que los peleadores mejor ubicados puedan participar en eventos grandes”.
Según Peña, ya ha habido acercamientos con la organización de la UFC, pero para que un peleador colombiano participe de este magno evento será necesario tiempo y preparación: “en unos cinco años podremos tener luchadores de primer nivel, quizás antes podrán participar en peleas preliminares, pero cuando la UFC venga a Brasil o a México. Llegar ahí es el sueño de todos, es la categoría más importante del mundo”.