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La pared estaba llena de trofeos y medallas. Era el mapa visible de una vida hecha a punta de madrugadas, entrenamientos y viajes. Pero cuando Mariana Mesa regresó a Pereira ya no quiso ver nada de eso. Fue un acto impulsivo en el que le ordenó a su mamá que se deshiciera de todo. Lo que habían sido los hitos de una carrera profesional de varios años se convirtió en una pared blanca.
“Peleé tanto con el tenis, que decía: ‘Usted me quitó todo’. No quería ver nada relacionado con ese deporte. En mi casa estaba prohibido hablar de eso. Me fui de mi casa a los 11 años y todos mis trofeos estaban en Pereira, en la casa de mis papás”, recuerda Mesa, quien jugó tenis de manera profesional entre 1995 y 2001. Cuando tenía 15 años ya representaba a Colombia en la Fed Cup (torneo que hoy conocemos como Copa Billie Jean King). A los 21 se quiso olvidar de todo.
En los deportes individuales, dice Mesa, la soledad es una materia obligatoria. No hay refugio colectivo cuando el partido se va, ni una camiseta compartida para repartir la culpa. “Creo que los deportes individuales sí tienen una carga emocional y psicológica mucho más fuerte, en el sentido de que tú no tienes un equipo dentro de la cancha. Es decir, sí tienes un equipo afuera, pero adentro estás solo y el tenis, creo, es uno de los deportes más crueles en ese sentido”.
Esa ruptura con el deporte blanco le dejó cicatrices emocionales. La pereirana lo recuerda como un punto de inflexión marcado por una entrenadora alemana-uruguaya, que hoy no quiere mencionar. Desde entonces entendió que el entrenador podía ser guía o tormenta. Reconoce que no existe manual para formar a un atleta, pero sí que haber tenido una guía diferente cuando apenas era adolescente pudo haber cambiado su destino como deportista de alto rendimiento.
No solo se retiró del tenis, sino que se exilió. Durante tres años no quiso que le mostraran una raqueta ni que le mencionaran nada que tuviera que ver con eso. Sentía que el deporte le había arrebatado algo esencial, su adolescencia, como si hubiera sido un precio demasiado alto a pagar, más la sensación de que había sido en vano.
En ese mundo, durante años, hablar de emociones no era lo más común; de hecho, era visto como un tabú. “Más que escuchar algo, me hubiera gustado haber podido hablar de mis emociones, de mis miedos, de mis inseguridades, de lo que sentía adentro. Porque de eso no se hablaba. Eso era mostrar debilidad, y es lo contrario. Salir y decir: ‘Tengo una depresión’ o ‘estoy teniendo problemas de salud mental’, para mí es el acto más grande de valentía que existe”.
Su reconciliación con el tenis tuvo dos momentos importantes. El primero fue cuando entró a estudiar ciencia política en la Universidad Javeriana, donde, sin buscarlo, también encontró una puerta de retorno al tenis. Primero dio clases para tener un ingreso extra. Después le llegaron oportunidades laborales. “Empecé a trabajar en Colsanitas organizando eventos de la Copa Colsanitas, torneos de rugby y eventos empresariales, sin haberme graduado todavía”. Con los años entendió que estaba recogiendo lo que había sembrado y exploró facetas como la de ser comentarista deportiva en eventos de su disciplina.
El segundo momento, el que marcó su reenamoramiento con el tenis, llegó varios años después, en 2023, cuando le diagnosticaron cáncer de seno. “El momento más profundo fue durante mi proceso de cáncer de seno. ¿Quién estuvo ahí cuando necesitaba más apoyo? La familia del tenis. Esa fue mi revelación. Fue algo espectacular y sublime, porque uno no se imagina que desde los siete años está sembrando una familia”.
#Deportes Fabiola Zuluaga y Catalina Castaño jugarán mañana en Pereira un partido de exhibición en homenaje a la también ex tenista profesional Mariana Mesa.@canaltelecafe @MesaMarianaP pic.twitter.com/bcUJpSqzFY
— Telecafé Noticias (@TCNoticiaseje) June 10, 2023
En medio de su enfermedad, las que fueron sus compañeras en el equipo de Colombia, Fabiola Zuluaga y Catalina Castaño, la cobijaron. En las canchas del Club del Comercio, en Pereira, le realizaron un homenaje. Todas vestían de rosa, en referencia y solidaridad por su enfermedad.
“Estaba en un momento muy vulnerable y necesitaba ayuda en todos los sentidos, y ver cómo viajaron a Pereira, cómo se unió tanta gente, decía: ‘Wow, algo hice bien’. Todavía miro esas fotos y me conmuevo mucho, porque veo ahí la amistad. Ellas son mi familia, mucho más que mucha gente cercana que no estuvo. Y es muy chistoso, porque cuando éramos tenistas no éramos tan amigas. En esa época uno estaba muy metido en la competencia y la rivalidad. Mil veces decía que el tenis me lo había quitado todo, pero a lo largo de la vida entendí que el tenis me lo había dado todo”.
Sus experiencias derivaron en una nueva etapa como conferencista y también se ha aventurado en otros proyectos, como su participación en el libro “De la oscuridad el propósito”, escrito junto con la coach Sara Trujillo, una obra sobre cómo atravesar diagnósticos difíciles y encontrar sentido en ellos. También trabaja con el Ministerio del Deporte, y hoy es embajadora del programa Escuela de Talentos y del programa de buena voluntad de la Defensoría del Pueblo.
Cuando mira al tenis colombiano actual, Mesa pide paciencia y contexto. Ve talento real en jugadoras jóvenes, pero insiste en que los procesos no se pueden quemar mi acelerar . “Aquí vemos que en Colombia cada vez se hacen más torneos, pero se necesitan más, porque como el tenis es muy costoso —las giras y los entrenadores cuestan mucho—. A veces queremos todo ya, y hay procesos que se tienen que cumplir. No le puedes exigir a una jugadora en Colombia lo mismo que de pronto en Rusia, porque las condiciones son diferentes, y nos comparamos con países con los que no podemos compararnos en nada”.

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