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Ingrit Lorena Valencia Victoria nació hace 33 años en el municipio de Morales (Cauca). Creció en la vereda El Arenal, en medio de la naturaleza y las labores del campo, de la siembra de plátano y yuca. A pesar de que vivía en una región agobiada por el conflicto armado y escuchaba a diario historias dramáticas que contaban sus abuelos, apenas cuando se fue para Cali, como a los 13 años, tuvo que enfrentar la dura realidad de una sociedad violenta e intolerante.
Al bulling que le hacían sus compañeros de colegio, por su acento y forma de vestir, respondió por instinto, de la misma manera, con palabras de grueso calibre y puños. “En el colegio me la pasaba peleando. Les pegaba a los niños que me la querían montar. Sentía esa adrenalina y me ganaba muchos regaños y suspensiones”, recuerda Ingrit con algo de pena, pero también con una sonrisa pícara que confirma que no se arrepiente de haberlo hecho.
“No salía mucho a la calle por miedo a quedarme metida en el fuego cruzado o en algún problema. Era duro”, explica. Pero se dio cuenta de que era buena dando golpes y fintando, así que un día decidió presentarse a la Liga de Boxeo del Valle para tratar de pulir el talento. También pensó en dedicarse al fútbol, porque también lo hacía bien, pero apenas se probó unos guantes entendió que eran lo suyo.
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Necesitó un par de entrenamientos para demostrar sus condiciones y fue escogida para la selección departamental, con la que pronto obtuvo buenos resultados. Alternaba sus prácticas con los estudios y algunos trabajos temporales en ventas, como cocinera en obras de construcción o minería.
Tuvo que retirarse temporalmente del deporte porque quedó embarazada. Después, su hijo, Johan Estiven, se convirtió en su gran motivación para seguir adelante. “Él ha sido mi maestro, me ha enseñado mucho de la vida, me ayudó a enfocarme en lo verdaderamente importante y a dedicarme con disciplina y tenacidad a mi deporte”, dice.
En 2010, Ingrit aceptó una invitación de la Liga de Tolima y se radicó en Ibagué, en donde conoció a su esposo y entrenador, Raúl Ortiz, con quien ha construido, además de una familia, una dupla ganadora
“Llevamos trabajando juntos muchos años y por fortuna los resultados nos han acompañado”, admite. De las muchas medallas internacionales que han conquistado, la más importante y la que significó su consagración, fue el bronce en los 51 kilogramos de los Juegos Olímpicos de Río 2016.
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Ha subido al podio en Juegos Bolivarianos, Sudamericanos, Centroamericanos y del Caribe y Panamericanos. Y lo hará también en un Campeonato Mundial. Este miércoles, en su quinta participación en el evento orbital, ahora en Turquía, venció a Aziza Yukobova, de Uzbekistán, con lo que aseguró su paso a la final y en el peor de los casos, la presea de plata. Antes le había ganado a Ruhafzo Haqnazarova, de Tayikistán, y a la india Anamika Anamika. En la final de las verá con la local Buse Naz Cakiroglu.
“Ha sido un camino muy duro. Estar entre las mejores del mundo es algo grande en el boxeo, pero no me conformo, voy a salir a darlo todo para darle el título a Colombia”, aseguró la pugilista desde Estambul, en donde espera convertirse en la primera mujer colombiana con un título de Campeonato Mundial Aficionado, pues en masculino lo había logrado Miguel “Mascara” Maturana, en 1981, en Montreal (Canadá).
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