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“La muerte tiene que llegar, es normal. Si nos diéramos cuenta de que un día no vamos a estar más, todos seríamos más buenos”, sentenció Juan Manuel Fangio. Le arribó hace exactamente 25 años, el 17 de julio de 1995, en Buenos Aires, tras sufrir fallas renales, cardíacas, sanguíneas y respiratorias. Su ataúd, con la bandera celeste y blanca arropándolo, fue despedido en medio de unos aplausos que acompañaron las lágrimas.
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El hombre oriundo de Balcarce se iba a los 84 años. Tiempo atrás, en su infancia, dejó la escuela para trabajar en una herrería y posteriormente en un taller mecánico. Le gustaban las manos untadas de grasa, los cientos de rincones de los motores y el rugir de ellos. Cada vez anhelaba sentirlos más suyos. Mientras ensamblaba piezas soñaba con pisar el acelerador y utilizar como nadie el embrague. Por eso no le importó endeudarse con un año de sueldo para hacerse a su primer auto, un Overland de cuatro cilindros.
Corrían los años 20 y el adolescente Juan Manuel debió guardar reposo por casi un año a causa de una pleuresía, una infección en el aparato respiratorio. Cuando se recuperó, el fútbol lo enamoró temporalmente y hasta alcanzó a hacer parte del Club Rivadavia. Pero él extrañaba las máquinas y abandonó su posición de delantero para convertirse en copiloto de carreras nacionales. Después de que tomó el volante, no lo soltó más. “Tenía 18 años en la primera carrera como acompañante, sin permiso de mi padre ni nada. Fui a correr y me pareció que tenía vida el automóvil”.
Prestó servicio militar y con el apoyo de su papá comenzó a correr cada vez más, mientras el turismo de carretera evolucionaba en Argentina. Llegó la Segunda Guerra Mundial y el deporte europeo se detuvo. “En la época de la Segunda Guerra Mundial trabajaba de lo que podía. Compraba camiones por las gomas, porque no había gomas, y guardaba los camiones y vendía las gomas. Recorría todo el sur de la Argentina, hasta la Patagonia, comprando camiones solamente por las gomas. Después, en esos mismos caminos, pude vender camiones que yo sabía que no había, y volví a las carreras en el año 47”, contó Fangio.
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Pasó a competencias que recorrían el continente y, con el apoyo de la entidad deportiva que regula el automovilismo en su país, viajó a conducir a Europa. Y en 1950 participó de la primera edición de Fórmula 1, siendo segundo por detrás del italiano Giuseppe Farina. “Estaba conforme porque era el primer campeonato del mundo, no era posible que yo lo ganara”, manifestó el argentino en declaraciones que recoge el documental de Netflix Fangio: el hombre que domaba las máquinas.
En 1951, con Alfa Romeo, triunfó en cuatro de los ocho grandes premios, con una memorable victoria en el circuito de Pedralbes (Barcelona), y conquistó su primer título mundial. Los accidentes eran comunes en la gran carpa y él entendió que es “fácil morir sin darse cuenta, y que entre la vida y la muerte no hay nada”. Fangio solo tuvo dos accidentes en su vida y ambos por agotamiento físico. Decía convencido: “El hombre no debería manejar cuando está cansado”.
Durante dos años, Fangio no fue campeón y los títulos pasaron a manos del italiano Alberto Ascari, de Ferrari. La rivalidad de ambos era el atractivo de la Fórmula 1 en aquellos tiempos. En 1954 el argentino corrió con Maserati y Mercedes y alcanzó su segundo campeonato mundial gracias a un aspecto clave. “Cada piloto tenía tres mécanicos exclusivos”. Es primordial, porque el porcentaje de victorias en los deportes a motor depende en gran porcentaje a la calidad del vehículo.
“El 75 % del mérito es del coche y del equipo que hay a su alrededor, y solo el 25 % restante es del conductor. Por eso me sorprende que haya tanta gente que se acuerde de mí”, expresaba con humildad la leyenda que tenía las piernas arqueadas, quien alguna vez respondió a un pedido de consejo con la siguiente frase: “Estar bien atento a lo que tiene delante, no perder de vista el retrovisor y, sobre todo, no creerse un Fangio”.
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En 1955, Fangio repitió título con Mercedes y ya comenzó a ser conocido como “la flecha plata” por el color del carro. Después del desastre en las 24 horas de Le Mans, en el que murieron 83 espectadores porque un auto terminó afuera de la pista, Mercedes se retiró de las competencias. El piloto argentino debía decidir si ir a Maserati o Ferrari para la temporada 1956. Se inclinó por la mítica escuadra roja, a la que le pidió un mecánico exclusivo para él, y ganó otra vez.
El último título de Fangio en la Fórmula 1 fue en 1957, con Maserati. Ya se había convertido en uno de los mejores pilotos de la historia. Según un estudio de la Universidad de Sheffield, que analizó las diversas variantes en los conductores más preponderantes de la vida del automovilismo, no hay quien lo supere. De hecho, sus porcentajes son insuperables, por ahora. En 1958, mientras conducía su última carrera, tomó la decisión de retirarse tras poco más de diez años en la élite.
Lo han calificado de Dios, de inspirador, del mejor de todos, y él concluyó: “No he sido un corredor espectacular”.