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Medardo Garzón recuerda con mucha claridad la primera vez que vio a su hijo ‘Tatan’ al volante de un kart. Un amigo suyo los invitó a una pista en Rivera, un municipio de Huila muy cercano a Neiva, famoso por sus aguas termales. Tenía apenas cuatro años y como era tan pequeño, lo montaron con la condición de hacerlo con un limitador de velocidad. Luego de un par de giros, el niño se bajó del monoplaza y les dijo a sus papás que ya no quería correr más. En ese momento, su padre pensó que sería la primera y última experiencia de Sebastián a bordo de un coche de carreras. Sin embargo, cuando el pequeño explicó sus razones para bajarse de ese sueño, Medardo entendió que este no sería tan solo un pasatiempo, sino más bien un objetivo que no descansaría hasta llegar a buen puerto. “Les dije que ya no quería, que me sentía muy lento y cuando me quitaron el limitador superé a otro niño que llevaba ocho meses entrenando”, dice Sebastián ‘Tatan’ Garzón Orozco.
Hoy, ese pequeño piloto ya tiene 16 años, sigue arriba en un carro de carreras y ahora lidera la USF 2000, una categoría previa a la Indycar, después de la Fórmula 1, la carpa de automovilismo más famosa y prestigiosa del mundo. “Este es mi segundo año en esta categoría. Mi objetivo es ganarla y ascender a la USF Pro 2000 y, más o menos a los 20 o 21, estar en la Indycar. El sueño de todos los pilotos es llegar a la F1, pero ahora estoy mentalizado en mostrar mi talento y llamar la atención de los grandes equipos”, señala Sebastián ‘Tatan’ Garzón.
El joven hace énfasis en que para llegar hasta acá y más lejos no basta con ser rápido y disciplinado, mucho menos con apasionarse. Su trabajo no comienza cuando llega a la pista, sino mucho antes. Ve videos del trazado, pasa horas en el gimnasio y, lo más importante, no solo para su carrera, sino para su vida personal, entrena su cerebro, como lo haría con cualquier músculo de su cuerpo.
“Este deporte es de mucha cabeza. En una carrera te puede ir mal y eso te frustra y casi siempre eso se traduce en cometer error tras error. Hay que estar muy fuerte mentalmente. Incluso en estas categorías juveniles la presión es muy alta para todos, por eso yo considero mi carro como mi lugar seguro. Allí sentado me olvido de todo lo de afuera, me concentro en mejorar y simplemente existimos mi auto y yo”, expresa Sebastián Garzón.
Este piloto de 16 años está constantemente acompañado por una psicóloga personal y otra deportiva. Para él, y ojalá que para todos los deportistas colombianos que hoy se están formando para ser los héroes del mañana, si está bien emocionalmente, tanto en su vida privada como en la que muestra cada fin de semana en sus carreras, el resto también está bien. “El carro va conmigo y yo con el carro” es un mantra que se repite antes de cada carrera, junto a una técnica de respiración que aprendió en sus sesiones de terapia.
“Es normal sentir miedo y nervios y esa es mi forma de decirme a mí mismo que todo estará bien y lo que no está bajo mi control me favorecerá”. Inmediatamente después, le reza a Dios, se cierra la visera y se encomienda a su entrenamiento, no solo físico, sino también mental, para salir a darlo todo en cada curva con la ilusión de un día cumplir ese sueño que se trazó desde niño.
No obstante, esto no siempre fue así. Hace seis meses Sebastián tuvo un fin de semana para el olvido en Canadá. Por errores propios terminó perdiendo la oportunidad de puntuar. Fue en ese momento que la frustración y los pensamientos negativos comenzaron a inundar su cabeza, como una avalancha que nunca para y no tiene remedio. En ese instante reconoció por primera vez la necesidad de una psicóloga deportiva y les planteó la idea a sus padres.
“Fue difícil reconocer que necesitaba ayuda. Como deportistas, nosotros creemos que no necesitamos de nadie, que podemos contra todo, pero la verdad somos inmaduros mentalmente. Todos tenemos un potencial enorme, pero no poderlo demostrar nos frustra y muchas veces eso nos lleva por delante”.
Eso es justamente lo que ‘Tatan’ intenta esquivar, como lo haría con un rival en un circuito: la frustración. Tal vez uno de los contrincantes más difíciles e invisibles del deporte y de la vida. Una fuerza, expresada en pensamientos, capaz de frenar hasta el mejor talento. Por eso la preparación emocional de los deportistas y de la sociedad en general es tan importante; más o igual que la de su cuerpo.
Es aquella que permite poner los sentimientos y las emociones dispuestas a luchar, a competir y a ganar. A buscar un resultado, sea deportivo o no, no solo desde lo que se hace, sino desde lo que se piensa. Posiblemente una mente amable consigo misma esté más cerca de llenar de triunfos, trofeos y campeonatos a un país ávido de ellos.
“Es clave entender que el éxito no comienza ni termina en una carrera. Tener una buena o mala semana no puede condicionarte la siguiente. Creo que de eso se trata: estar preparado mentalmente. Saber que cometer errores hoy no significa cometer los mismos errores mañana. Esa es la forma de mejorar, de achicar el margen de error y un día ser el mejor”.
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