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Ese sábado bendito, con el trofeo del Augusta National Women’s Amateur en sus manos, María José Marín recordó una vieja promesa. Ya la había mencionado en 2023, cuando pisó por primera vez ese campo en el que ahora hizo historia, y contó que a los nueve años se juró que algún día competiría en esos jardines.
Para entonces apenas llevaba seis años cogiéndole el tiro al golf: aprendiendo la técnica, afinando el golpe y entendiendo el juego. Seguía los pasos de su papá, José Marín, quien la llevó de México a Cali cuando apenas tenía tres años. Allí creció y, en el Club Los Farallones, dijo por primera vez que quería ser golfista.
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De ese día han pasado poco más de diez años. Muy joven, la colombiana ya se consolida como una de las promesas más importantes del golf mundial. Lo confirmó en Augusta, al imponerse a las mejores de su categoría con una ronda final de 68 golpes (-4) y un acumulado de -15. Su recorrido fue una muestra de control y carácter: arrancó sólida con “birdies” en los hoyos 2, 5, 7 y 9, sostuvo la presión en los tramos más exigentes del campo y, cuando el torneo se definía, respondió con precisión para aprovechar los errores de sus rivales y abrir una ventaja.
The winning moment for María José Marín
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El peso del triunfo no se mide solo en números. Ganar en Augusta significa imponerse en uno de los escenarios más exigentes y simbólicos del golf mundial, ese mismo que esta semana recibirá a las grandes figuras del circuito masculino, con Nicolás Echavarría como representante colombiano. Para Marín, la victoria abre un camino inmediato hacia la élite: disputará cuatro de los cinco Majors del golf femenino en 2026, además de que podrá regresar a este torneo sin clasificar durante los próximos años, una plataforma que acelera su salto al profesionalismo.
En ese contexto, su logro marca un precedente para el golf femenino colombiano. Antes, María José Uribe había dejado huella con triunfos relevantes en el circuito profesional como el Women’s NSW Open, además de varias medallas continentales. No obstante, lo de Marín tiene otra connotación: es un título amateur, sí, pero conseguido en Augusta, un escenario que trasciende categorías y que redefine el alcance de lo que una golfista puede lograr en el mapa global.
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Su nombre ya se empieza a inscribir junto a otras grandes gestas del golf nacional. Las victorias de Camilo Villegas en el PGA Tour, con hitos como el TOUR Championship y el BMW Championship de 2008; la consolidación de Nicolás Echavarría con títulos como el Cognizant Classic de 2026 y el ZOZO Championship de 2024; o el triunfo de Juan Sebastián Muñoz en el Sanderson Farms Championship de 2019. A ellos se suma el título mundial juvenil de Tomás Restrepo y, ahora, el de Marín en Augusta, que amplía el mapa de logros colombianos en el golf mundial.
Así que lo de María José Marín no es solo la historia de un título, sino la confirmación de un proceso. Desde aquella ambición infantil en Cali hasta levantar un trofeo en Augusta. La promesa cumplida de una niña soñadora y un trayecto en el que Colombia no solo suma una campeona, sino una referencia que redefine sus propios límites en el golf. El futuro es brillante.

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