
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
“Tenía mucho miedo, pero me arriesgué”, recuerda Flor Denis Ruiz. Había pasado menos de un mes y medio desde que sufrió una lesión, antes del inicio de la Liga Diamante en Mónaco. Durante ese tiempo, su preparación estuvo lejos de ser la habitual. No pudo completar toda su carrera de lanzamiento. Sus sesiones se limitaron a los pasos cruzados, la parte final de esa aceleración en la que el cuerpo se pone de lado para preparar el lanzamiento. Sin embargo, llegó su momento en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Ella decidió lanzar los dados y arriesgarlo todo.
El brazo derecho, casi a la altura de la cabeza y ubicado en un ángulo de 90 grados, sostenía la jabalina. Entonces, empezó la carrera: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete zancadas. En ese momento, la extremidad se despegaba del cuerpo, como si se convirtiera por un instante en una parte aislada de él. Se iba hacia atrás en cuestión de un segundo, quizás incluso menos, y pasaba de un ángulo recto a uno completamente llano, de 180 grados.
Al movimiento del brazo se sumaba el pecho, que también se extendía lo más que podía hacia atrás. Todo ocurría en apenas unos instantes. Antes de tocar la línea blanca marcada en el piso, que delimitaba hasta dónde podía llegar, la jabalina abandonó su mano. La seguía el brazo, que terminaba el movimiento hacia abajo con toda la fuerza y la potencia acumuladas. Era un gesto rápido. En esos segundos estaba todo lo que Ruiz había preparado y, esta vez, también aquello a lo que había decidido arriesgarse.
La jabalina voló por los cielos de Santo Domingo y, después de recorrer 67,34 metros, se clavó en el césped. Apenas vio terminar el vuelo, Ruiz no sabía muy bien lo que había logrado con su lanzamiento.
Acababa de marcar el nuevo récord de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Superaba su propio registro, establecido el 26 de noviembre de 2014, durante los Juegos de Xalapa, México, cuando alcanzó los 63,80 metros. Doce años después, volvía a escribir su nombre en la historia de estas justas.
“Al ver que no tenía dolor haciendo las cosas suaves, me arriesgué en Santo Domingo a hacer la carrera completa. Mi entrenador y mi compañero me dijeron: ‘No, pues intenta. Ya que no sientes dolor, intenta hacer uno duro, pero corre precavidamente y lánzalo fuerte’. Y eso fue lo que hice”, comenta la vallecaucana de 35 años.
La emoción no llegó acompañada de la certeza. Ruiz no sabía qué tan lejos había llegado la jabalina. La respuesta apareció en las tribunas, en la reacción del público y, después, en la tabla que anunciaba el récord.
“Yo me emocioné y supe que ese fue el registro porque el estadio se quedó frío. La gente empezó a saltar y, cuando me colocaron en la tabla que dice ‘récord suramericano’ y ‘récord para el país’, ahí me di cuenta de que había lanzado fuerte. No me había dado cuenta de que la jabalina había llegado tan lejos. Me di cuenta por la tribuna”.
Después de la celebración, Ruiz buscó a los suyos. La primera llamada fue para su familia, con su madre y su hija al otro lado del teléfono. Con ellas compartió la alegría de un resultado que, por las circunstancias en las que había llegado, tenía un significado todavía mayor.
“Llamé inmediatamente a mi familia. Me comuniqué con mi madre y luego con mi hija. Mi niña se puso contenta y decía: ‘Mamá, tú eres la mejor, la mejor’. Y mi madre me dijo: ‘Ve, Flor, el tiempo es perfecto. No se dio en París, pero el día menos pensado Dios te dio una bendición’. Todo feliz”.
Su hija, de hecho, había estado presente mucho antes de esa llamada. Acompañaba cada paso de la competencia desde el pensamiento de su madre, como una de sus principales motivaciones.
“Siempre pienso en ella antes y después. Es una de mis grandes motivaciones y siempre, en cada lanzamiento que hago, pienso mucho en ella. A la niña le gusta mucho el área de lanzamiento de jabalina. Yo le explico, a su corta edad, pero siempre le digo que en su tiempo libre escoja el deporte que ella desee”.
—Mamá, mamá, ¿tú por qué la lanzas tan fuerte? Yo la lanzo duro, pero me cae para todos lados— le decía su hija.
—Mi amor, eso es poco a poco, es adaptación, porque la jabalina requiere mucha técnica— le respondía Ruiz.
Entonces, la atleta aprovechaba para explicarle que no se trataba solamente de aplicar fuerza. La jabalina, aunque pesa apenas 600 gramos, exige combinar diferentes elementos para conseguir esas distancias.
—Para poder tener una buena distancia hay que aplicar rapidez y fuerza. Hay que tener todo en conjunto, porque si tienes mucha fuerza y no tienes rapidez, no va a correr el implemento. Y si tienes rapidez y no aplicas la fuerza, igualmente. Es un implemento muy celoso, hay que aplicarle todo— finalizaba la explicación de la madre a la hija.
Esa técnica que Ruiz le explicaba a su hija es la misma que seguirá perfeccionando para lo que viene. Su objetivo es volver a competir al más alto nivel y superar el que hasta ahora ha sido su mejor resultado olímpico: el quinto lugar conseguido en la final de lanzamiento de jabalina de los Juegos Olímpicos de París 2024, donde registró 63,00 metros.
Pero la cita olímpica de París también dejó una deuda. Una que, después del récord conseguido en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, sigue alimentando sus ganas de intentarlo una vez más. “Uno siempre queda con ganas de revancha. Por eso, estoy esperando a Los Ángeles para así poder hacer un buen registro”.

🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes? Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador
Manténgase al tanto de toda la información deportiva con la SEDE. Estamos en 📷 Instagram 📹 TikTok y 📱Facebook
Comentarios