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El ruido del escenario en Liverpool parecía demasiado. En su cabeza solo buscaba silencio o un vacío que se asemejara a lo que sentía en el pecho. Las luces caían encima del cuadrilátero; al frente, la neerlandesa Maria Weerheim intentaba arrebatarle la posibilidad de una medalla mundial. Sin embargo, Valeria Arboleda esquivó sus golpes y encontró los espacios. Conectó con la precisión suficiente para que los jueces decretaran un 5-0 a su favor.
Los pocos aficionados colombianos que habían llegado hasta el M&S Bank Arena empezaron a cantar “Colombia, tierra querida”, de Lucho Bermúdez, mientras la bogotana levantaba los brazos. Ya era medallista mundial de boxeo. Hizo historia, y eso fue en septiembre de 2025. Fue la sexta presea en la historia del boxeo femenino colombiano en una cita orbital. Toda una hazaña.
Premiación de la colombiana Valeria Arboleda, bronce mundial de boxeo élite en los 57 kilogramos, hoy en Liverpool. La bogotana ratificando lo dicho: # 1 de Colombia, incluyendo los varones. pic.twitter.com/n41N8DfuYp
— Estewil Quesada (@EstewilQ) September 13, 2025
La escena parecía perfecta: una bogotana de 23 años, a kilómetros de su casa, rodeada de gritos y aplausos, escribiendo su nombre entre las mejores boxeadoras de los 57 kilogramos del mundo.
Sin embargo, aunque todo era euforia, por dentro Valeria peleaba otra batalla. Su cabeza estaba en otro lugar. No en Inglaterra ni en la medalla. Estaba en Las Cruces, donde dio sus primeros pasos y, más tarde, se enamoró del boxeo. Allí, algunos meses atrás, el 11 de noviembre de 2024 asesinaron a su hermana, Yelena Stefi Arboleda.
“El 2025 fue muy difícil para mí. Estaba en automático en la vida. Cumplía con lo que debía y entrenaba, pero nunca me di ese espacio para asimilar la muerte de mi hermana. Gané esa medalla en el Mundial, pero ese resultado fue unos meses antes de cumplir un año de fallecida; no sentí la misma alegría de cuando gané los Panamericanos en Chile, por ejemplo”, recuerda. El mismo lugar en el que aprendió a amar la vida, donde incluso todavía viven sus padres, es un recordatorio perenne de su tristeza más grande.
La noticia llegó a través de la alerta de la comunidad. “Fue una situación horrible; los vecinos se acercaron para avisar a nuestra casa, pero no entendíamos nada. Lo que supimos después fue que tres hombres que debieron ver a mi hermana vulnerable y por el hecho de ser mujer, la abordaron, la metieron en una casa, ubicada a una cuadra de la casa de nuestros papás, y allí fue donde perdió la vida”.
Entre Las Cruces
Valeria regresa a su barrio cada vez que habla de su hermana. “Fue el hogar en el que mis papás pudieron salir adelante. Cuando uno vive tantos años en un lugar, se crea una comunidad y quienes le hicieron eso a mi hermana venían de afuera. No le siento rencor al barrio”.
Mucho antes de convertirse en una de las boxeadoras más importantes del país, Valeria Arboleda fue una niña con una batería inagotable que disfrutaba, junto a sus seis hermanos, del parque. “No era como es ahora; era salir a la calle a jugar yermis, lazo y micro hasta las 10:00 p.m. Mis padres nos regañaban por estar tan tarde por ahí afuera jugando”.
El entorno era violento, había mucho consumo de drogas. No obstante, el deporte apareció temprano como una especie de refugio. “Siempre busqué una alternativa a lo que era el barrio. Claro: tuve compañeros que hacían otras cosas y compartí esos espacios, pero yo sentía que eso no era para mí. Además, mis padres trabajaban y teníamos que cuidarnos entre los hermanos”.
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Por esos años, el boxeo todavía no aparecía en el horizonte; su gran obsesión era el fútbol. Sin embargo, el deporte en el que realmente empezó a destacarse fue el atletismo. En el colegio competía junto a su hermana y corrían relevos, pruebas de 100 y 200 metros y, aunque casi siempre eran las más pequeñas entre las competidoras, terminaban sobresaliendo. “Siempre nos destacábamos mucho porque corríamos muy rápido. Pienso que si hubiese tenido un poquito más de apoyo, hubiese sido atleta y no boxeadora. Pero, claro, no era fácil: mi mamá trabajaba mucho y mi papá también. No tenían el tiempo de llevarme a entrenar a otro lado”.
El boxeo llegó por accidente. Una tarde, mientras pasaba tiempo en Facebook, Valeria quedó enganchada viendo un viejo video de nocauts en boxeo femenino. Una compañera le habló del gimnasio Lourdes, a pocas cuadras de su casa, donde daban clases de boxeo. Allá fue a dar. “Una compañera me prestó unas vendas y nunca se las devolví. Después, otro compañero me prestó unos guantes viejísimos, de esos que tenían el pulgar libre. Tampoco se los devolví”. Se ríe al recordar y en su cara se nota un dejo de culpa, pero también de nostalgia.
Ahí empezó el camino de la mano del entrenador Orlando Ballén. Después, llegaron los primeros guantes nuevos en una Navidad y se lanzó de lleno.
Abandonó el colegio a los 15 años y no todos en su casa estuvieron de acuerdo. Su hermana mayor le dijo que era una mediocre y el papá tampoco entendía muy bien qué estaba pasando. La única que nunca dudó fue su mamá. “Ella estuvo desde el principio. Me ayudaba con los pasajes y me apoyó cuando decidí dedicarme al deporte. Ahora yo miro a mi hermana, me río y le digo: ‘¿Se acuerda cuando usted me decía todo eso?’”.
En 2017 llegó su primera convocatoria a una concentración juvenil y luego la clasificación a los Juegos Suramericanos de la Juventud en Chile. Al tiempo que crecía empezaba a encontrar sus primeras referencias en el boxeo élite, como Ingrit Valencia y Claressa Shields, a quien empezó a admirar viendo videos y estudiando su estilo. Al principio peleó en 54 kilogramos, una categoría que la desgastaba demasiado. “Era muy flaca, tiraba muchos golpes, era súper rápida, pero la energía se me iba fácil”. Un año después, la categoría de 57 kilogramos quedó libre y comenzó su ciclo olímpico hacia París 2024.
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El reto olímpico
Perdió en la primera ronda de los Juegos Centroamericanos y sintió que todo el proceso se le venía abajo. “Me fue terriblemente. Sentía mucha presión y muchas críticas”. x. “Antes de subirme sentía que era mío y ya le había agradecido a Dios por la oportunidad. Pude quitarme los nervios y la presión que sentí en los Centroamericanos”. Valeria se quedó con la medalla de plata y aseguró su cupo en París 2024.
En el debut olímpico se enfrentó a la china Zichun Xu. La pelea fue cerrada e intensa. Aunque Valeria nunca se sintió inferior, el resultado fue 3-2 en contra. “A veces, como latino, uno siente que tiene desventaja contra esas potencias. En un deporte de apreciación es complicado. Nos toca salir a matar porque, si no, es muy difícil. Para mis entrenadores y para mí fue confirmar que vamos por el camino correcto”.
Meses después de los Olímpicos, la alegría de París terminó borrándose de golpe. El 11 de noviembre de 2024 asesinaron a Yelena Stefi Arboleda en Las Cruces y, desde entonces, la vida de Valeria empezó a dividirse entre los entrenamientos, las competencias y la búsqueda de justicia.
Hicieron las denuncias, velatones, plantones y entrevistas desgastantes. “Hemos hecho de todo, pero el tiempo pasa y no pasa nada”, dice. Más de un año después, el caso sigue sin respuestas. “No existe una investigación . Todos deberíamos tener la misma justicia. Yo soy boxeadora olímpica, tengo un mural y todavía no hay justicia para la memoria de mi hermana”.
Su historia quedó inmortalizada en el barrio Las Cruces. El IDRD presentó un mural de tres metros de alto y 10 de largo en homenaje a Valeria, referente del deporte capitalino. “Me siento muy orgullosa de este mural, de ser una figura representativa para las nuevas generaciones y feliz de demostrar que en este barrio no solo nace la vulnerabilidad, sino también la resiliencia y el orgullo”.
Lejos de sentirse bien, a pesar de conseguir una medalla histórica para el boxeo femenino en Colombia y de los homenajes que llegaron, sus últimos años han sido difíciles. Solo después del Mundial empezó a detenerse. En medio de la rutina profesional, nunca se había dado el espacio para asimilar la muerte de su hermana. Fue después de la medalla cuando por fin pudo volver a sentarse con su familia, hablar de Yelena. Y entonces, llorarla. Más de un año después del asesinato, la familia sigue esperando justicia. Valeria, la misma boxeadora que hizo sonar a Colombia en Liverpool, todavía no ha podido ganar la pelea más importante de su vida.

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