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Los problemas del deporte ruso vienen de mucho más atrás, sobre todo por las oscuras prácticas del estado ruso para crear un sofisticado mecanismo de dopaje para sus deportistas, en el que además iban a estar protegidos de dar positivo en los controles. Todo con el objetivo de hacer una presentación histórica en los Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, la estación previa a su gran objetivo deportivo: el Mundial de 2018 en el que fueron sede.
Esa es la explicación al porqué Rusia participó bajo bandera neutra en los pasados Olímpicos de Tokio y también la razón por la cual su selección, en caso de clasificar a Catar 2022, iba a competir bajo la misma figura. Pero todo se fue a la borda luego de la invasión de Rusia a Ucrania, pues la FIFA y la UEFA sacaron a todos los equipos y selecciones rusas de sus competencias, incluyendo el Mundial.
Los orígenes de todo: un informe revelador del profesor canadiense de derecho Richard McLaren, por encargo de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), develó hace seis años que el estado ruso creó un sistema de dopaje que tenía como objetivo encabezar el medallero en Sochi 2014. Cuando llegara la orina de los deportistas rusos, el estado se iba a encargar de todo…
El canadiense detalló cómo el Laboratorio Antidopaje de Moscú encubrió varios “positivos” de atletas rusos que consumían sustancias para mejorar su rendimiento. Todo bajo supervisión de Vladimir Putin, quien nombró a un viceministro encargado de liderar el sistema de dopaje, que estaba bajo vigilancia del ministro Vitaly Mutko, mano derecha de Putin y quien hizo parte del Comité Organizador del Mundial de Rusia.
Ese sistema “permitía transformar un resultado positivo en negativo (de una análisis antidopaje)” bajo la supervisión del Ministerio de Deportes de Rusia y el Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB), dijo McLaren en una comparecencia de prensa en Montreal.
El sistema fue implantado después de los Juegos Olímpicos (de Invierno) de 2010 (Vancouver) y operó hasta 2015, de acuerdo al documento.
Tiempo antes de afrontar cada competencia internacional, los dirigentes rusos seleccionaron a los deportistas con más posibilidades de ganar medallas para incrustarlos en sus metodologías de dopaje, todo bajo el manto protector en el que iban a estar protegidos por el estado en los controles fuera de competencia.