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Desde este 7 de agosto, Juliana Gutiérrez, hermana de Ferderico Gutiérrez (alcalde de Medellín), asumirá el Ministerio del Deporte. La nueva etapa abre muchas discusiones. Para empezar, la nueva funcionaria llega en un momento complejo para la cartera. Más allá de la discusión presupuestal que marcó el final del gobierno de Gustavo Petro en este sector, la ministra recibe una institución cuestionada por su capacidad de gestión, golpeada por cuatro años de inestabilidad política y obligada a recuperar la confianza de atletas, federaciones y dirigentes.
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De entrada, su nombramiento no anticipa una gestión sencilla. La antioqueña despierta interrogantes, pues llega como una cuota política, sin experiencia ni trayectoria reconocida en la gestión deportiva nacional. Gutiérrez deberá asumir un sector desgastado y, a la vez, altamente especializado, en el que buena parte de las decisiones exigen conocimiento técnico, comprensión del Sistema Nacional del Deporte y capacidad para articular intereses públicos y privados. Todo, en medio de un contexto que no juega a su favor.
El nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, ha defendido la necesidad de reducir el tamaño del Estado y el Ministerio del Deporte suele aparecer entre las entidades cuya existencia genera menos consenso dentro de la administración pública. Desde su creación, en 2019, distintos sectores han cuestionado si el país necesita una cartera independiente o si sus funciones podrían regresar a un modelo similar al de Coldeportes, que durante décadas se encargó de la gestión de los recursos del deporte nacional.
Para Javier Suárez, exintegrante de la selección colombiana de esgrima, exdirector del IDRD, exrepresentante de la Comisión de Atletas Colombianos y hoy asesor de ligas y federaciones deportivas, ese es el principal problema que recibe la nueva administración. Ni siquiera se refiere a un tema de presupuesto. A su juicio, la crisis es institucional.
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“Cuando Iván Duque creo el ministerio tenía como meta, dentro del Plan Nacional de Desarrollo, reestructurar lo que había sido Coldeportes para convertirlo realmente en un ministerio. Eso no se cumplió. Lo que se hizo hace cinco años fue cambiar el aviso de Coldeportes por el del Ministerio, pero la estructura jurídica, técnica y administrativa nunca cambió. Por eso tenemos una institucionalidad muy débil, incapaz de superar situaciones como las reducciones presupuestales del Estado”.
El diagnóstico resulta relevante al analizar que la ministra llega desde fuera del ecosistema deportivo. Durante el gobierno Petro, buena parte del debate giró alrededor de la reducción presupuestal, pero la discusión de fondo terminó siendo otra: la incapacidad del Ministerio para consolidar una estructura técnica sólida, modernizar el Sistema Nacional del Deporte y construir una política pública estable. En otras palabras, el reto de Juliana Gutiérrez no será únicamente conseguir más recursos, sino demostrar que existe una institución capaz de administrarlos.
Esa debilidad, según Suárez, también explica por qué el deporte colombiano sigue dependiendo casi exclusivamente del Estado. Mientras otros países han construido modelos mixtos de financiación, las federaciones nacionales continúan sujetas a las transferencias públicas y tienen poca capacidad para generar ingresos propios.
“Necesitamos organizaciones más fuertes. Tenemos grandes deportistas y entrenadores, pero organizaciones débiles en gobernanza y administración. Nunca se pensó en fortalecerlas. Eso quedó en evidencia durante los dos últimos años con el recorte presupuestal. Todos los niveles de selecciones nacionales dependen de la financiación estatal y, sin plata, tampoco existen organizaciones capaces de crear modelos alternativos de financiación”.
Ese punto conecta directamente con otro de los grandes desafíos del nuevo gobierno. Si la intención de Abelardo de la Espriella es reducir el tamaño del Estado, el deporte, si es que la cartera no desaparece, difícilmente podrá seguir dependiendo exclusivamente del presupuesto nacional. La discusión ya no parece limitarse a cuánto dinero recibe el Ministerio, sino a cómo construir nuevas fuentes de financiación que permitan sostener el sistema sin comprometer los programas deportivos.
Para Suárez, el camino pasa necesariamente por fortalecer la participación del sector privado, aunque advierte que no basta con aprobar leyes o beneficios tributarios.
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“Debe existir un modelo mucho más fuerte de inversión privada con herramientas reales para las empresas. Hoy existe una ley, pero no está reglamentada y además solo permite descontar un porcentaje del impuesto de renta. Creo mucho más en proyectos de valor compartido. Las organizaciones deportivas también tienen que aprender a presentar proyectos atractivos para las empresas. En Colombia todavía hay espacio para hacer algo similar a lo que hizo Brasil antes de Río 2016. Necesitamos mayores incentivos legales para atraer inversión privada”, afirma.
Sin embargo, los desafíos del Ministerio no terminan en el alto rendimiento. Uno de los aspectos que, según el exdirigente deportivo, quedó relegado durante los últimos años fue precisamente el componente social del deporte, pese a que esa había sido una de las principales banderas del gobierno Petro.
“Hay un punto que generalmente pasamos por alto y es que las funciones del Ministerio del Deporte no son solamente el alto rendimiento. También hace un trabajo muy importante en deporte escolar, actividad física y salud preventiva. Creo que el mayor reto es conservar esas metas que realmente aportan al desarrollo social del país. La gran apuesta era replicar el modelo de escuelas de formación deportiva dentro del sistema educativo, especialmente en municipios donde no llega la inversión de las grandes ciudades. Esa era una oportunidad histórica para fortalecer la reserva deportiva y el desarrollo social. Lamentablemente se perdió esa oportunidad”, explica.
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La advertencia adquiere mayor relevancia porque el próximo ciclo olímpico ya está en marcha. Aunque las principales figuras del deporte colombiano probablemente mantendrán respaldo institucional, la preocupación está puesta en quienes vienen detrás. La planificación de nuevos talentos, la detección temprana, la infraestructura regional y el fortalecimiento de las escuelas deportivas son procesos cuyos resultados solo se verán dentro de varios años.
En medio de ese panorama, Juliana Gutiérrez tendrá que demostrar rápidamente capacidad para liderar una cartera altamente técnica sin contar con experiencia reconocida en el sector. También deberá definir qué papel quiere jugar el Ministerio dentro del Estado. Si apuesta exclusivamente por el deporte espectáculo y los grandes eventos, responderá a las urgencias más visibles del corto plazo. Si decide reconstruir el deporte escolar, fortalecer las federaciones y modernizar la institucionalidad, probablemente estará sembrando resultados que solo se verán mucho después de terminado su gobierno.
La discusión, en el fondo, trasciende incluso a la nueva ministra. Durante los últimos años se instaló la idea de que el Ministerio del Deporte podía ser prescindible. Javier Suárez piensa exactamente lo contrario.
“El deporte es una herramienta de formación para toda la vida y necesita estar sentado en la mesa donde se toman las decisiones del Estado. Lo que ocurrió en Colombia fue que nunca se construyó realmente un ministerio. Todavía hace falta crear una estructura moderna, definir metas claras y fortalecer la relación con sectores como salud, educación y la inversión privada. No podemos evaluar la necesidad de la institución únicamente por la mala gestión de los últimos cuatro años”, concluye.
Ese, quizá, sea el mayor reto que enfrenta Juliana Gutiérrez desde el primer día de su gestión: convencer al país de que el problema del deporte colombiano no es la existencia del Ministerio, sino que, después de cinco años, esa institución todavía está lejos de convertirse en el ministerio que el sistema deportivo

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