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Hasta las faldas del monte Fuji, en Japón, llegó Luis Alberto Moreno, el único dirigente colombiano miembro activo del Comité Olímpico Internacional y expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Su presencia en el Autódromo Internacional de Fuji no era para asuntos políticos ni económicos. Lo llevó el deporte y la prueba de ciclismo de ruta de los Olímpicos de Tokio 2020, que ganó Richard Carapaz. Al ecuatoriano le entregó la medalla de oro. En entrevista con El Espectador, Moreno se refirió a lo que se ha vivido en la capital japonesa y las claves para que ya estemos hablando de deportes y no de COVID-19, pese al complicado momento que vive el mundo como consecuencia de la pandemia.
Tras apenas un par de días da la impresión de que un evento de esta magnitud solo se habría podido realizar en un país tan disciplinado como Japón. ¿Coincide?
Cuando se postergaron los Olímpicos, básicamente ya estábamos en la recta final. Creo que hubiera sido imposible hacerlo en cualquier otro lado. Muy inteligentemente, Japón dijo que aplazaba un año y eso fue lo que acordó. La preparación que ellos tenían desde esa época era impresionante. El rigor mismo que tienen los japoneses es igual de impresionante. Difícilmente puede uno encontrar un país que se haya volcado tanto para querer hacer unos Juegos y lucirse. Por supuesto que fue completamente infortunado el tema del COVID, pero a medida de que pasen los días vamos a empezar a ver que la historia deja ser el COVID, ahora son los atletas, el esfuerzo de la gente y las historias detrás de cada medalla, que son fabulosas.
Esa rigurosidad de los japoneses se ve en cada esquina. Todo está meticulosamente organizado, desde la persona que te da antibacterial para las manos o la que está pendiente de que se cumpla el distanciamiento, o el oficial que está pidiendo que nadie se quite el tapabocas, aun en sitios abiertos a temperaturas desde hasta 36 grados. ¿Qué tan importante ha sido eso para tener Juegos en plena pandemia?
Ha sido la clave. A pesar de que este es un país que tiene unos bajos niveles de vacunación, prácticamente ya tienen a muchos de sus adultos mayores vacunados, un dato clave porque este es uno de los países con edad promedio más alta del mundo. A prácticamente todo el resto del mundo le tocó aprender sobre distanciamiento social, pero aquí ha existido desde siempre. Los números de muertos son muy bajos también, si se comparan con el resto del mundo.
Además, que no es la primera vez que algo similar ocurre aquí…
Claro. Aquí cualquier persona que tienen gripe o algún malestar se pone máscara para no contaminar al resto y cuidarse entre todos. Si uno observa el desarrollo de las pandemias, aquí en Asia se han vivido situaciones similares con el MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio), el Sars, el H1N1. Casi que los últimos 40 años ha habido cada tanto tiempo situaciones similares que esta parte del mundo sabe manejar mucho mejor que Occidente. Creo que esa es la gran diferencia.
¿Qué piensa que puede aprender el resto del mundo de Japón para enfrentar estas situaciones?
La gran lección del mundo es que de una parte está la ciencia, que hay que observarla y atenderla, pero del otro lado está la política. Y sobre eso ha habido de todo tipo de reacciones como las de Vietnam, China, Corea del Sur o Singapur, que fueron muy hábiles para tomar las decisiones rápidas y afrontar la crisis económica que se presentó en todo. Los científicos ya hablaban desde hacía rato de que podía haber una pandemia, y el hecho de que nos haya tocado vivir esta no significa que no vamos a vivir más en el futuro. El gran reto para todos los países del mundo es empezar a prepararse y tener la resiliencia suficiente para que no tengamos que volver a situaciones como esta.
Y mientras aquí la pandemia ya va pasando a otra fase, Colombia no está saliendo del todo del tercer pico y ya se está preparando para el cuarto. ¿Qué opinión le merece esta situación?
Lo de Colombia es aterrador, el número de casos y de muertes en los últimos dos meses es mayor que el de hace 15 meses. Y eso no está pasando solo en Colombia, sino también en Argentina, Perú y otros países de la región. Y este virus, en la medida en que no se contiene y no se alcanza la inmunidad de rebaño, tiende a acentuarse mucho más. Ya en nuestra parte del mundo tenemos una variante propia. Por eso es que la vacunación es tan importante y no nos debe sorprender que en unos meses nos toque ponernos otra vacuna de refuerzo.
¿Usted cree que hay alguna relación entre un mal manejo de la pandemia en el país y las demostraciones sociales como el paro nacional?
No tengo duda. Y eso no solo por hablar del tema de Colombia, sino también en muchos otros países, esos que reabrieron muy rápido su economía sin las medidas necesarias. El virus va más rápido que la gente y por eso es que pega tan fuerte. El repunte de contagios en países que iban bien con su vacunación es, especialmente, en casos de personas no vacunadas, y eso es clave y una discusión política. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, los estados que más tienen casos positivos son lugares en donde hay muchísima más presencia de republicanos, como Florida, donde el gobernador salió a decir que ya no era necesario usar el tapabocas. Aquí la ciencia debe primar sobre las decisiones públicas. Y eso lo entendió perfectamente Japón. Por eso es que estamos acá.
Ante la situación en Colombia, ¿cómo entender que al otro lado del mundo se estén celebrando unos Olímpicos, con muchas restricciones, en una burbuja?
Aquí las vacunas vuelven a ser claves. Todos los miembros del Comité Olímpico Internacional están vacunados al 100 %. Los atletas tienen un promedio por encima del 85 %. Era imposible pensar que los Olímpicos no fueran a tener casos positivos, pero los que han existido son como de 0,001 %. Creo que aquí hay una lección de que hay que ponerle atención a la ciencia.
Pero es claro que en Tokio hay un importante movimiento antiolímpicos, ¿cómo ve estas demostraciones?
Lo que hemos podido ver en las encuestas es que más o menos una tercera parte de la población no quería que hubiera Olímpicos, otra tercera quería que se aplazaran y otra tercera quería que sí hubiera. No había un consenso en el país. Espero y confío que en los próximos días, en los que se van a desarrollar una cantidad de disciplinas que favorecen a atletas japoneses y van a tener una cantidad de medallas importante, se genere entusiasmo. Además, hay que recordar que esto no solo está pasando aquí. Hace solo unas semanas pasó algo similar y a menor escala en la Eurocopa, con estadios repletos de gente, o en campeonatos de tenis. Esto no es imposible si se maneja bien.