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Durante varias décadas la Fórmula Uno fue el mejor negocio del deporte mundial. Sus ganancias apenas eran superadas por las que dejaban, cada cuatro años, la Copa del Mundo de la FIFA y los Juegos Olímpicos.
Además de pasión, adrenalina, innovación tecnológica y alta competencia, les ofrecía a sus seguidores glamour y exclusividad. El dinero nunca faltó para demostrar por qué la Gran Carpa era un privilegio de muy pocos.
El británico Bernie Ecclestone, presidente y director ejecutivo de la Formula One Management y Formula One Administration desde su fundación hasta 2014, se encargó de promocionarla y convertirla en un espectáculo global, con ingresos multimillonarios por derechos de televisión, patrocinios, boletería, alianzas con equipos y convenios con ciudades y países sedes de los Grandes Premios. Según la revista Forbes, la F1 mueve cada año alrededor de US$6.000 millones, más que cualquier liga profesional de otras disciplinas.
Bajo la nueva administración, a cargo del Formula One Group, la tendencia se mantuvo, más allá de las crisis de algunas escuderías. Ahora quienes toman las decisiones son Chase Carey, director general, y Ross Brawn, director deportivo. Y han sido ellos, precisamente, quienes han tenido que lidiar con una coyuntura sin precedentes. La pandemia del COVID-19 obligó a aplazar el inicio de la temporada y cancelar buena parte de los contratos.
Las pérdidas serán incalculables, pero el objetivo ahora es retomar actividades y que la industria comience nuevamente a facturar.
Será a partir de este viernes, con las prácticas libres del Gran Premio de Austria, en el circuito de Red Bull.
Los equipos tendrán planteles reducidos, con menos mecánicos y personal de apoyo del habitual. Estarán muy aislados y tendrán que cumplir con estrictos protocolos de bioseguridad. Habrá ruedas de prensa, pero virtuales y el contacto entre los protagonistas será mínimo.
Claro que los organizadores no han dejado nada al azar. Presentaron un código de conducta al que deben acogerse todas las escuderías para las dos primeras válidas de la temporada, pues el próximo fin de semana será la segunda, en el mismo escenario; una alternativa para aprovechar la logística y reducir costos.
En marzo pasado, cuando comenzó la pandemia, se suspendió el Gran Premio de Australia apenas horas antes de su inicio y con todos los equipos instalados en el circuito de Albert Park, en Melbourne.
En la primera carrera de 2020 hará falta el público en las tribunas, por supuesto, pero no la innovación en las transmisiones de televisión, cuyos ingresos ayudarán a reducir el déficit.
Los telespectadores descubrirán de viernes a domingo un paddock fantasma y las tribunas vacías, pero volverán a sentir la emoción de la competencia, de pronóstico reservado ante la incierta preparación de los pilotos y la desconocida puesta a punto de los autos.
“Tendremos que intentar dar espectáculo en la pista”, explicó el holandés Max Verstappen, de la escudería Red Bull, que juega en casa.
“La primera carrera de la temporada suele ser caótica y esta podría serlo mucho más. Ahí es cuando se presentan los oportunidades para equipos como el nuestro”, aseguró Fréderic Vasseur, director general del Alfa Romeo. Antes del receso, durante los ensayos de invierno, el equipo Mercedes pronosticaba mantener el dominio que lo ha llevado a ganar los últimos seis mundiales, cinco de los seis que tiene Lewis Hamilton, y uno con Nico Rosberg.
Red Bull y Ferrari se perfilaban como sus principales rivales, aunque la verdad se sabrá mañana, en las clasificaciones.
El formato inédito de esta temporada aporta también su dosis de sorpresas potenciales. El campeonato no tendrá las habituales 22 carreras, sino entre 15 y 18, dependiendo la evolución de la pandemia.
Ocho Grandes Premios están programados hasta septiembre en Europa. Los demás se podrían realizar hasta mediados de diciembre. “No sabemos ni siquiera cuántas competencias vamos a hacer. Es un escenario sin precedentes, por lo que cada punto será crucial”, advirtió el español Carlos Sainz Júnior, piloto de McLaren este año, pero de Ferrari en 2021.
Hamilton vs. Schumacher
El nuevo escenario será propicio para pilotos audaces y equipos con estrategias novedosas, pero los errores también se pagarán muy caro.
Lewis Hamilton tendrá una presión adicional, pues buscará su séptima corona para igualar al legendario Michael Schumacher como el más ganador en la categoría. Tendrá que comenzar por frenar el ímpetu de Red Bull y Verstappen, victoriosos en Austria en 2018 y 2019. Nuevos triunfos del holandés en esa pista obligarían al británico a nadar contra la corriente en el resto de la temporada, algo a lo que no está acostumbrado en su auto “flecha de plata”, que a propósito estará pintado de negro, en apoyo al movimiento contra el racismo Black Lives Matter.
Además, para este fin de semana de regreso, la F1 adornó el paddock con autos con los colores del arcoíris y el lema “We Race as One” (Corremos unidos) para saludar las luchas contra el COVID-19 y la discriminación.