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En plenos Juegos Panamericanos de Santiago de Chile, en 2023, Miguel Ángel Rodríguez recibió la noticia más importante de su carrera. Meses atrás, cuando empezó a ver que los 40 se acercaban de forma irremediable, el bogotano empezó a hablar, en un par de entrevistas, de su posible retiro. Casi dos décadas en el circuito, con una treintena de títulos acumulados y casi 15 años metido en el top 20 del ranking mundial, la leyenda del squash colombiano empezó a sentir que su hora había llegado. Sin embargo, cuando anunciaron que su deporte haría parte del programa de los próximos Juegos Olímpicos (los de Los Ángeles en 2028), Rodríguez no dudó ni un segundo del paso que seguía. Y fue en esos Panamericanos, al lado del Estadio Nacional de Santiago, cuando anunció ante los periodistas que su retiro quedaba postergado. “Tengo un nuevo objetivo, muy claro; quiero cumplir el sueño de mi vida, el anhelo de todo deportista: competir en unos Olímpicos”.
Ya pasaron casi dos años de ese momento y, a poco más de tres de las próximas olimpiadas, Rodríguez ya empezó a apretar el paso en su preparación para llegar a esa cita, a la que arribará superando la barrera de los 40 años. En Chengdú, en los Juegos Mundiales 2025, volvió a medirse con los mejores del planeta, muchos de ellos más jóvenes. Ayer, se llevó la medalla de bronce tras vencer al suizo Dimitri Steinmann, sumando así su cuarto podio en estas justas y confirmando que, a pesar del paso del tiempo, su calidad se mantiene intacta. Ahora, con la mira puesta en el ciclo olímpico, su preparación incluirá Panamericanos, Mundiales y torneos PSA, en los que cada partido será un peldaño hacia Los Ángeles. En este camino, sigue siendo una leyenda para el continente, el máximo medallista colombiano en la historia de los Panamericanos (cinco oros, tres platas y dos bronces) y un referente que quiere llegar a la cima olímpica.
La promesa que hoy lo mantiene en las canchas no nació ayer. Cumplirá 20 años desde que se convirtió en profesional, en 2005, y desde entonces ha vivido una carrera moldeada por una inspiración muy cercana: su padre, Ángel Rodríguez, campeón nacional de squash por más de una década. Desde los dos años, Miguel ya estaba en las canchas, viendo competir a su padre y tratando de imitar sus movimientos. Esa conexión familiar se convirtió en motor para un recorrido que lo llevó de los torneos juveniles, en los que se coronó campeón del Canadian Junior Open con apenas 12 años, hasta la cima del ranking mundial, en el que alcanzó el cuarto puesto en 2015, una hazaña sin precedentes para un suramericano. “Yo empecé muy joven y siempre tuve claro que quería ser parte de la élite”, recordó a este diario sobre sus inicios.
“Cada título juvenil me abría una puerta más: me llevaba a viajar, a conocer otras culturas y a enfrentar a los mejores. Con cada victoria, me decía que sí podía, que Colombia podía estar en el mapa del squash. Esa convicción me sostuvo en los momentos difíciles y me empujó a seguir cuando llegaron las derrotas”, agregó.
Durante años el squash luchó por entrar al programa olímpico. Rodríguez fue testigo. Y la frustración se acumuló con los años. “Era el sueño de todos nosotros, pero parecía que nunca iba a pasar. Por eso, cuando finalmente se dio, parecía mentira. Fue un triunfo colectivo, de todos los que nunca dejamos de pelear por esta oportunidad. Es algo que no puedo dejar pasar”.
Su carrera es un catálogo de logros históricos: primer suramericano en ser top 20, top 10 y top 5; en ganar un título PSA, llegar a cuartos de final de un mundial, conquistar un Grand Slam —el British Open de 2018, venciendo al número uno Mohamed El Shorbagy— y en colgarse medallas en cuatro ediciones de los Juegos Mundiales. Además, es el colombiano con más preseas panamericanas: diez (cinco de ellas de oro), obtenidas en cinco ediciones. Esa marca la comparte con el legendario luchador cubano Mijaín López. Su estilo rápido, vistoso y explosivo lo convirtió en un favorito del circuito y en un símbolo del deporte en Suramérica.
“Voy a llegar a Los Ángeles. No me importa la edad, eso no me preocupa. El ciclo olímpico que viene será el más exigente de mi vida. La clave es trabajar en mi velocidad, en mi resistencia y en mi fortaleza mental para llegar listo. Quiero ir a competir de verdad, a dejar el nombre de Colombia en alto”.
Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles serán un momento perfecto para dos leyendas del deporte colombiano que nunca habían podido estar en la gran cita. Así como Miguel Rodríguez cumplirá una promesa, tras 20 años de carrera, Sara López, reina del arco compuesto, también tendrá la oportunidad de vivir su sueño olímpico. Ambos, en disciplinas que se estrenarán en el programa, ya trazan su ruta hacia 2028, con la certeza de que esa será la recompensa a toda una vida dedicada a un objetivo que, por fin, está al alcance de la mano.
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