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A veces, por perseguir una pasión se deja de lado otra. Así arrancó la historia de Nicolás Baptiste, un joven bogotano que se desvivía por el fútbol y soñaba con ser portero, al igual que su ídolo Íker Casillas. En su colegio, el Andino de Bogotá, mostró condiciones y liderazgo, por lo que pasó a cuidar los tres palos del equipo de la institución, y así lo hizo durante un tiempo.
Sin embargo, llegó un punto en el que su otra pasión empezó a rendir frutos, pero también a exigirle más tiempo, por lo que tuvo que decidir con cuáles guantes se iba a quedar, si los de piloto o los de arquero. En ese momento Baptiste ya había corrido en Europa en el Academy Trophy, en el que varios países del mundo envían a sus representantes. Tuvo la corazonada de que ese era el rumbo a elegir, se puso el casco y decidió ese camino siendo prácticamente un niño.
Sacrificó una niñez normal para llegar hasta donde su conducción se lo permitiera. Aunque aún no es adulto, sabe que las vacaciones son un lujo que no se puede dar si quiere seguir cosechando logros. Cuando no está entrenando o corriendo, le toca colegio.
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En su formación como piloto lo cobija Juan Pablo Montoya. Cuando Nico empezó a competir en Estados Unidos conoció al legendario piloto bogotano y desde entonces lo aconseja. Cuando Baptiste viajó a la F4 en Europa se alejaron un poco, pero este año en el que Sebastián, hijo de Juan Pablo, empezó a competir en la misma categoría que Nico, en la Fórmula Regional Europa, retomaron el contacto.
Siempre que ha tenido problemas y Juan Pablo puede darle una mano, él ha estado ahí. Le da las indicaciones técnicas que necesita. “Siempre hay que tener a alguien que esté atrás empujando”, destaca Nico de su relación con Montoya.
Este año Baptiste llegó a la escudería FA-Racing, que se llama así por Fernando Alonso, piloto de la F1 que fue campeón de dicha competición en 2005 y 2006. Con el astro español se conocieron en un escenario que todo amante del automovilismo desearía visitar alguna vez: Mónaco.
En el equipo ha tenido una temporada llena de aprendizajes y la oportunidad de seguir recorriendo las pistas más emblemáticas del mundo. Una de las que se quedó con un lugar especial en su memoria y corazón fue el Red Bull Ring, en Austria. Cuando corría en la F4, en esa pista cosechó una jornada para el recuerdo. Partió en el lugar 27, pero remontó hasta el quinto lugar y quedó clasificado como el mejor novato. Allí supo lo que era estar al otro lado del podio, en lo más alto y con el himno de fondo, escenas que antes veía en televisión junto a su papá.
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De su paso por el fútbol le quedó el trabajo en equipo. Aunque él va solo en su carro, detrás hay un equipo de ingenieros, mecánicos, un team manager y compañeros de escuadra, todos detrás del mismo objetivo. Ahora, alejado de las porterías, sigue disfrutando como un hincha más del deporte más popular del mundo.
Radicado en España, tuvo gracias a su desempeño y esfuerzo en la velocidad la oportunidad de convertirse en embajador de la Fundación Real Madrid. Es el primer colombiano y primer automovilista que recibe ese privilegio. Cuando se anunció dicha alianza, el conjunto blanco le dio una sorpresa que afloró su niño interior. se esperaba que la presentación corriera a cargo de Enrique Sánchez, miembro de la junta directiva del cuadro merengue, pero en su lugar fue Íker Casillas, quien recibió al joven piloto bogotano en el equipo.
“Fue tanta la emoción, que hasta le dije que tapaba los penaltis como él”, recuerda Baptiste entre risas. Como embajador del Real Madrid, el bogotano trabaja por inspirar a más niños y niñas a que como él cumplan sus sueños por medio del deporte, la disciplina y el buen trato con los demás.
Aprovechando su paso por Bogotá, el piloto fue invitado de honor en el último encuentro entre Millonarios y América. Embajador desde la cuna, Baptiste ha logrado gracias al deporte motor cumplir los sueños de su parte futbolera.
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Por lo pronto, los circuitos de Barcelona y Mugello son los últimos retos del bogotano en la temporada en la Fórmula Regional Europea. Su presente actual es apenas un tramo de su ruta para llegar a la F1. Llegar allá es el motor de su carrera deportiva.
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