
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Aunque Edilson Chica dice que no tiene cábalas, sí busca, como muchos colombianos, una garantía para sus sueños. Antes de competir, el medallista paralímpico peregrina a la Iglesia del Señor de los Milagros, en Buga, a una hora y media de la capital del Valle del Cauca, donde crecieron él y su hermana menor, Leidy Chica. Al regresar de los certámenes, repite el ritual. Vuelve a la basílica a agradecer. Va siempre, gane o pierda.
“Yo creo que, más que ganar, las derrotas lo ayudan a uno a crecer. Cuando llega una final y uno la pierde, uno cae en cuenta de cosas que en las victorias no ve”, dice Chica. Este año, Edilson y Leidy se convirtieron en los primeros colombianos en quedar en el medallero en el boccia en los Juegos Paralímpicos. Regresaron de París a Colombia con una medalla de bronce, la que ganó Leidy; una de plata, la que obtuvo Edilson, y dos de oro, las que conquistaron jugando en pareja.
Los hermanos no habían escuchado del boccia, o bochas adaptadas, hasta hace unos años. Fue en una cita de control para su distrofia muscular, en 2016, que un fisioterapeuta le habló a Edilson de esa disciplina heredada del Imperio romano. “Me pareció muy curioso. Nunca había visto que uno en silla de ruedas pudiera practicar un deporte”. Siempre había sido aficionado a la actividad física y disfrutaba ver algunas competencias paralímpicas en la televisión, sobre todo el handbike o ciclismo adaptado. Así que empezó a aprender y le gustó porque este deporte, en el que los jugadores lanzan seis bolas rojas o azules para acercarlas lo más posible a una blanca, se parecía a otros juegos que disfrutaba en su vida diaria, como la rana o el billar.
Le recomendamos: Un recuerdo de Guillermo Ruiz, la memoria del fútbol colombiano
En ese momento, Leidy tenía mayor movilidad en sus extremidades y había contemplado practicar natación, pero la vida le tenía otro plan, uno que contenía en el mapa los caminos de Tokio 2020 y París 2024. Las oportunidades para clasificarla en natación no se concretaron y nunca llegó a entrar al agua. Inspirada por su hermano, comenzó a entrenar en boccia un año después que él y entró primero a la delegación colombiana. A finales de 2019, tras dos años de practicar el deporte, Leidy supo que iría a Japón a representar a su país.
“Edilson sí me decía lo que podía lograr, que podía ir a la selección Colombia. Yo no lo tenía claro, porque nunca había sido cercana a los deportes, pero él siempre ha estado ahí pendiente”, cuenta Leidy, quien recuerda las llamadas de su hermano cuando ella estaba en Tokio. Le preguntaba si tenía clara su zona, sus horarios de competencia, y le transmitía calma. Cuatro años después, ambos estarían juntos en la capital de Francia con las preseas doradas colgando de sus cuellos. El deporte tendió un puente entre dos hermanos, cuya relación, aunque tejida con cariño, estaba marcada por la distancia de 13 años de diferencia de edad. Juntos tocaron también la gloria en los Juegos Parapanamericanos de Lima 2019 y en el Campeonato Mundial de Río de Janeiro en 2022.
Desde que se sumergió en el mundo del boccia, Edilson le empezó a robar tiempo a la tienda —que había tenido por más de dos décadas y durante muchos años fue el soporte económico de toda la familia— para poder entrenar más y llegar a la delegación del Valle del Cauca. Cuando clasificó a la nacional, en 2022, vendió la tienda, se compró unas zapatillas y se prometió que serían las mismas que usaría en París dos años después. Cumplió su promesa: las llevaba puestas cuando disputó la final contra el británico Stephen McGuire y quedó en el segundo puesto en la categoría BC4.
Le sugerimos: Ángel Barajas, un ángel de plata
Leidy vivió un proceso similar. Trabajaba de manicurista en una peluquería, pero poco a poco empezó a ofrecer sus servicios a domicilio para tener más flexibilidad. Cuando decidió renunciar para dedicarse al paratletismo, sus clientas le dijeron que la iban a extrañar. Una de ellas, en particular, nunca dejó de escribirle y fue quien le envió uno de los primeros mensajes de felicitación tras su triunfo por el tercer lugar en París.
Edilson, de 47 años, es el mayor de cuatro hermanos, y Leidy, de 34, la menor. Además de compartir medallero y metas, también comparten hogar en un barrio popular de Cali. Viven con su madre, Miryam; sus otras dos hermanas, Diana Patricia y Viviana; Karen, hija de Edilson, y Juan Sebastián, hijo de Leidy. Todos los días entrenan de 8 de la mañana a 1 de la tarde junto con otros 14 paratletas. Karen los acompaña siempre. El apoyo de su núcleo ha sido una de las llaves de su éxito. “Para poder llegar a un escenario a entrenar todos los días en las condiciones en las que estamos es muy difícil porque no dependemos de nosotros”, explica el vallecaucano. “La familia nos ayuda a vestirnos, a arreglarnos y a todo lo demás”.
El desafío que aún enfrentan está en la mente. “Este deporte requiere mucha cabeza porque es muy estratégico”, dice Edilson, recordando cómo los nervios lo traicionaron en una de sus primeras competencias nacionales. “Estaba preparado para llegar más lejos, pero me eliminaron en cuartos porque me consumieron los nervios”, admite. Leidy comparte una experiencia similar. Hace apenas una semana, en una competencia en Medellín, se dio cuenta de que los nervios son como una sombra. “Nunca se me han quitado, ni aquí, ni en París, ni en ningún lado”, dice entre risas.
Le podría interesar: David Alonso: la promesa y la responsabilidad
Para ella, el manejo de las emociones también mostró su lado más amargo en los últimos Juegos Paralímpicos. Después de quedar fuera de la final en las pruebas individuales, le costó mucho encontrar fuerzas para disputar la presea de bronce tres horas después. Se retiró al baño con su hijo, que hoy tiene 18 años, y lloró. Como hace su hermano con el Señor de los Milagros, cuando ya estaba en el podio, le dio gracias a Dios. “Y le pedí perdón por haber sido desagradecida”, cuenta.
Este año, la basílica de Buga los despidió en agosto y, en septiembre, al regresar de Francia, Edilson y Leidy, junto con los demás paratletas, fueron recibidos con una calle de honor. En Cali, la casa estaba llena, el barrio celebraba. “¡Yo los vi!”, exclamaban sus vecinos con orgullo. Los hermanos están satisfechos no solo por las medallas, sino por haber logrado que el boccia fuera reconocido por muchos más en el país. Ahora, con la vista fija en el futuro, tienen un solo objetivo: Los Ángeles 2028. “Queremos ratificar lo que hicimos en París”, dicen con determinación.
👁🗨 Conozca cómo votan los senadores y representantes a la Cámara en ‘Congreso a la mano’.
👉 Lea más sobre el Congreso, el gobierno Petro y otras noticias del mundo político.
✉️ Si tiene interés en los temas políticos o información que considere oportuno compartirnos, por favor, escríbanos a cualquiera de estos correos: hvalero@elespectador.com; aosorio@elespectador.com; dortega@elespectador.com; dcristancho@elespectador.com; mbarrios@elespectador.com ; lbotero@elespectador.com o lperalta@elespectador.com.
Comentarios