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La historia de Queen Saray Villegas es, en muchos aspectos, la historia de su hermana gemela, Liz Surley, pues no hay frase que no utilice el plural y se refiera a ambas. Se hizo famosa por su diploma olímpico en BMX Freestyle en los Juegos Olímpicos de París, pero la victoria no es solo suya, es un logro compartido, como todo en su vida.
Nacidas en Buga, Valle del Cauca, son las más pequeñas de una familia de cuatro hermanos. Su padre es vendedor ambulante y su madre se encarga de las labores domésticas. Es por esto que el BMX llegó a sus vidas con esfuerzo, como un regalo de Navidad en 2013, cuando recibieron sus primeras bicicletas, que pidieron inspiradas por la campeona olímpica Mariana Pajón. A partir de ese momento, este dejó de ser un simple hobby y se convirtió en el motor que las impulsaba día a día. Sin embargo, el camino hacia el éxito no fue fácil. La pasión por el BMX las llevó a alejarse de sus amigos y de la vida social. Su único destino era el parque de BMX, donde entrenaban alrededor de seis horas diarias.
Con el paso del tiempo, su amor por el deporte creció, al igual que su dedicación. A los 16 años, comenzaron a cosechar sus primeras medallas en Colombia, pero la falta de infraestructura para el BMX Freestyle las obligó a salir del país. Este fue el primer paso hacia competencias internacionales, independencia, apoyo económico y un futuro que no solo incluiría victorias personales, sino que también marcaría un hito para el BMX femenino.
A lo largo de los años, ambas gemelas se convirtieron en referentes de este deporte, demostrando que las mujeres son capaces de alcanzar los mismos éxitos en disciplinas tradicionalmente consideradas para hombres.
Aunque cada una siguió su propio camino, Queen siempre ha insistido en que sus victorias también le pertenecen a su hermana. Juntas vivieron y soñaron, compartiendo cada paso en la pista y cada momento fuera de ella. Para Queen, Liz es “su todo”: su consejera, su motivadora y su compañera incondicional.
La relación entre ambas es tan estrecha que en su infancia, cuando las confundían constantemente, Liz le pedía ayuda a Queen para presentar exámenes en el colegio y que se hiciera pasar por ella. Aunque ahora las diferencias físicas entre ambas son más evidentes, la conexión sigue siendo la misma.
Uno de los sueños más grandes de Queen es que en su ciudad natal, Buga, exista un parque de BMX Freestyle, un espacio que permita a las nuevas generaciones practicar el deporte y que también la acerque a sus padres.
La distancia de su familia, la ausencia de Liz y la necesidad de aprender a ser autosuficiente son algunas de las pruebas que ha tenido que superar. Recuerda entre risas cómo, al principio, tuvo que pedirle a su mamá que la guiara por videollamada para aprender a cocinar y ahorrar en su vida diaria. Estos pequeños retos le han enseñado a crecer, adaptarse y no rendirse.
A pesar de estar lejos, Queen y Liz mantienen una relación muy cercana. El éxito lo atribuyen a sus padres, pues siempre demuestran orgullo ante sus logros, compartiéndolos con los vecinos y organizando actividades para recaudar fondos que les permitan viajar a las competencias. La comunidad de Buga también se siente parte de estos y celebra cada victoria como propia.
El BMX no fue el único campo en el que las gemelas se aventuraron, también probaron suerte en academias de baile, y aunque sus caminos académicos fueron diferentes (Queen eligió el diseño gráfico y Liz la fisioterapia), ambas decidieron enfocarse plenamente en su carrera deportiva y abandonar la universidad. Sin embargo, Queen no descarta regresar a los estudios en el futuro, ya que uno de sus sueños es crear su propia marca de elementos de bicicleta.
Los logros alcanzados por Queen son el resultado de una vida de esfuerzo, dedicación y, sobre todo, de un amor incondicional por su hermana. Su historia no es solo la de una atleta que llegó a lo más alto en el BMX Freestyle, sino la de dos hermanas que se han convertido en referentes de perseverancia, trabajo en equipo y pasión por el deporte. Juntas han demostrado que las mujeres también tienen un lugar en el BMX, y que, cuando se comparten los sueños, los límites desaparecen.
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