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Alrededor de Rafael Nadal se acumulan maletas y bolsas. El cinco veces campeón de Roland Garros, siete de torneos de Grand Slam, se marcha de viaje. En el caluroso mediodía parisiense se desplazó en helicóptero a Disneyland, para fotografiarse allí con el trofeo; por la tarde viajó en tren a Londres y acabó el día entrenándose, ya sobre hierba: ni un minuto de descanso, porque quizás hoy debute en Queen’s.
El ruso Marat Safin reconoció que alguna marca se llevó de su madre, que era su entrenadora. ¿Se puede marcar así, de pequeño, la dureza mental?
A mí me la han marcado. Ahora menos, como es normal, porque soy mayor, pero, de niño, mi tío Toni siempre era muy estricto. Los entrenamientos tenían alta tensión muchas veces. Gracias a eso, soy fuerte de cabeza. No es porque naciera así. Nací preparado para aguantar todo eso, pero lo que me ha hecho fuerte de cabeza son todos esos entrenamientos, toda esa presión. Supone que después puedas asimilar las situaciones difíciles con más facilidad. Es la tensión de ir a entrenarte y saber que tienes que hacerlo bien porque, si no, hay problemas. Mi tío era un tipo con el que me era complicado entrenarme. Me costaba hacerlo solo con él, mano a mano, porque llegaba asustado, con mucha tensión. Todo eso que entonces me parecía exagerado, y que por momentos me lo puede seguir pareciendo, me hizo fuerte.
Ha limitado su calendario. ¿Escucha más a su cuerpo?
Siempre he ido al límite. Siempre he querido hacer más, más y más. Los años te ayudan a ver las cosas, a darte cuenta de que hay veces que lo que ganas por un lado lo pierdes por otro. Para mí, lo más importante es mantenerme bien el máximo tiempo posible, estar bien físicamente, porque eso te ayuda a estar bien mentalmente. Todo eso hace que juegue bien. Si no, es imposible. Claro que estoy abierto a cambios. Claro que escucho al cuerpo un pelín más que antes. Es difícil planear un calendario cuando no sé si en Wimbledon voy a llegar a las semifinales o la segunda ronda.
¿Entonces?
Mi objetivo es jugar bien en Wimbledon. El siguiente es llegar bien preparado mental, física y tenísticamente al Abierto de Estados Unidos. Al menos, para llegar ahí y perder, pero perder con todo como toca, no como el año pasado, que llegué con el abdominal roto. Ése tiene que ser mi objetivo.
¿Quién es más fuerte mentalmente que usted?
Hay mucha gente fuerte de cabeza, porque sin serlo no se puede estar arriba. Lo que yo tengo mejor, más que ser muy fuerte de cabeza, es la entrega en cada entrenamiento, en cada partido.
¿Cuánta gente hay en el circuito que iría a entrenarse al día siguiente de ganar un grande?
Los que realmente aspiran a ganar. Los que están preparados para ganar. Los que ven más allá. Aquellos cuya ambición no se termina ahí. Esos son los que lo hacen. Yo creo que si Roger Federer gana Roland Garros y decide jugar a la otra semana, se está entrenando al día siguiente.
"Mi mejor tiro es que siempre quiero mejorar". ¿A qué se refiere?
Mi ilusión siempre ha sido ser mejor, pero no que los demás, sino de lo que yo era. Cuando voy a entrenarme, me levanto con la ilusión de mejorar algo, no con la de entrenarme por entrenarme; con la de pegar mejor el drive, el revés, el saque, la volea… Al final, eso es lo que te mantiene con vida. Con los años, como es lógico, los rivales te conocen más. Uno u otro te pilla tu juego. Por eso es importantísimo mejorar siempre y tener algo nuevo.
De su juego entran por los ojos la potencia, el físico, la fuerza. ¿Se olvida su talento?
Los que se olvidan de eso no saben mucho de tenis. El talento no es sólo pegar bonito. El talento son muchas cosas. Correr es talento. Devolver la pelota en situaciones difíciles, dentro y larga, difícil para el contrario, es talento. No voy a entrar en comparaciones con Federer. Él es mejor prácticamente en todo, menos en la movilidad y el orden táctico. Pero yo tengo un talento especial para muchas cosas.