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El alemán Sebastian Vettel, del equipo Red Bull, se convirtió ayer en el triple campeón mundial de F1 más joven en la historia, y luego de terminar en el sexto lugar en el Gran Premio de Brasil, sigue creciendo a golpe de récord y cada vez se acerca más a su compatriota Michael Schumacher. Vettel, quien afrontaba la última carrera con trece puntos de ventaja sobre Alonso, defendió su liderato en una competencia en la que pasó de todo y acabó conquistando en São Paulo su tercer título consecutivo con 281 puntos, tres más que Fernando Alonso de Ferrari.
Con 25 años y 145 días, Vettel sumó una nueva supermarca de juventud al ‘pulverizar’ la anterior, en posesión del brasileño Ayrton Senna, que en 1991 ganó su tercer Mundial con 31 años y 213 días.
Schumacher, apodado el Káiser, ganó siete mundiales de Fórmula Uno y festejó 91 victorias en la categoría máxima. Marcas aún lejanas para Vettel, cuyas cifras, sin embargo, también distan mucho de las de Schumi cuando éste contaba los 25 años y 145 días con los que el nuevo campeón del mundo ha batido el récord de Senna.
Cuando Schumacher tenía exactamente esa edad, estaba encarrilando su primera temporada triunfal, pero aún no era campeón del mundo. El Káiser había debutado tres temporadas antes y contaba seis victorias, Vettel ya lleva tres mundiales y 26 victorias en la categoría reina, en la que ha arrancado 36 veces desde la pole. Una marca que sólo superan, Schumacher —con 68— y Senna —con 65—. Nacido en Heppenheim el 3 de julio de 1987, el germano fue consiguiendo paulatinamente todos los récords de precocidad: el de participar en un Gran Premio, liderar una carrera, salir desde la pole, hacer un doblete —pole y victoria—, firmar un triplete —pole, triunfo y vuelta rápida—, ganar un Mundial… y, por supuesto, el de ganar una carrera. Vettel consiguió esa supermarca en 2008, con 21 años y 72 días, cuando asombró, logrando con un Toro Rosso la única victoria de la historia para el ‘hermano pequeño’ del Red Bull. Lo hizo en Monza (Italia), el circuito en el que dejó casi sentenciado el Mundial del año pasado, que festejó matemáticamente en Japón.
Ganó once carreras y firmó quince ‘poles’, batiendo el récord del inglés Nigel Mansell, que en 1992 —el año que ganó el título— arrancó catorce veces desde el primer puesto. Sebastián lleva unido más de la mitad de su vida a Red Bull, en cuyo programa de jóvenes ingresó a los doce años y en el que fue subiendo peldaños con la misma rapidez con la que aceleraban sus monoplazas. Hasta que en junio de 2007, después del espectacular accidente de Robert Kubica en Canadá, suplió al polaco en Indianápolis y debutó en F1 en ese GP de Estados Unidos, a bordo de un BMW Sauber. Acabó séptimo y se convirtió en el más joven de la historia en puntuar, a los 19 años y 349 días.
Esa temporada ya disputó las últimas cinco pruebas con Toro Rosso, escudería con la que hizo el Mundial de 2008, en el que logró su primera victoria en la comentada carrera de Monza, en un Gran Premio lluvioso que también arrancó desde la pole.
En 2009 ascendió otro escalón y se convirtió en piloto oficial del equipo del austriaco Dietrich Mateschitz y que dirige el inglés Christian Horner.
Fue segundo en el Mundial que ganó el inglés Jenson Button con Brawn, tras vencer en China, Silverstone, Japón y Abu Dabi, donde hace dos años celebró su primer título, tras añadir a la de ese día las victorias logradas en los Grandes Premios de Malasia, Europa, Japón y Brasil.
Vettel festejó ayer en Interlagos —una semana después de que Red Bull se anotara, en Austin (Estados Unidos) el tercer título seguido de constructores— su tercer Mundial consecutivo, evitando que Alonso —para muchos el vencedor moral del certamen— lo hiciese por tercera vez.
La trayectoria deportiva de Vettel es meteórica. Y en ello tiene mucho que ver el inglés Adrian Newey, el diseñador estrella de la Fórmula Uno, padre del monoplaza de la escudería austriaca.
Lo que no le quita méritos al piloto alemán, que nada más salir del coche recibió el abrazo y la felicitación del Káiser, que se retiró después de la carrera de ayer.
Schumacher y Vettel cada vez se parecen más. El ‘pequeño Káiser’ también es insaciable.