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Y eso que a los US$12 millones que ha recibido por conquistar 22 títulos del circuito de la WTA, hay que sumarles 30 más por los contratos de publicidad que tiene con nueve importantes multinacionales, que aprovechan comercialmente el talento de la deportista, su impactante belleza y el enorme carisma que posee.
Sin embargo, su vida no ha sido fácil. El camino al éxito fue complicado tanto para ella como para sus padres, Yuri y Yelena, quienes emigraron de Siberia Occidental hacia Estados Unidos con la firme convicción de que su hija llegaría lejos.
“Prácticamente soy una jugadora profesional desde que tenía seis años”, dice María, quien se formó en la academia Nick Bolletieri, en Florida. “Nadie sabe cuánto sufrí, cuánto tuve que luchar para llegar a donde estoy”, agrega Sharapova, quien desde que se estrenó en el circuito, en 2002, ha dejado muy claro que a pesar de tener cara bonita y un cuerpo espectacular no es modelo, sino tenista.
Por eso, tras ocho meses de sufrimiento, hace dos semanas volvió a sonreír, pues regresó a las competencias tras una delicada operación en su hombro derecho. Lo hizo en el Abierto de Varsovia, Polonia, previo al Roland Garros, en el que, contra todos los pronósticos, ya está en cuarta ronda.
“Estoy feliz, aprendiendo todo nuevamente. Hoy soy la 102 del mundo y volví a empezar de cero. De nada sirve haber ganado tres Grand Slam (Wimbledon 2004, Estados Unidos 2006 y Australia 2008), ahora cada partido es un reto, pero voy por el camino correcto”, señala María, semifinalista en París en 2007 y gran atracción de la presente edición, pues, aunque no sea la favorita al título, es una de las jugadoras más admiradas por los aficionados y seguidas por los medios de comunicación. Ser bonita y tener plata no le bastará para recuperar la gloria, pero sin duda serán dos herramientas que le facilitarán el regreso a la cúspide.