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Con el bicampeonato de la alemana Tatjana Maria, que venció a la estadounidense Peyton Stearns en la final por 6-3, 2-6 Y 6-4, concluyó una nueva edición de la Copa Colsanitas, el único torneo de la categoría WTA 250 de Sudamérica, con sede en Bogotá. A propósito de la celebración de este certamen, El Espectador conversó con Micky Lawler, presidenta de la Asociación de Tenis Femenino (WTA) sobre el presente de este deporte y los retos a escala internacional, como el debate en torno a la participación de deportistas rusos y bielorrusos en eventos deportivos a raíz de la invasión a Ucrania.
Lawler fue nombrada una de las Mujeres más poderosas en los deportes por Adweek en 2018; “Game Changer: Women in Sports Business”, por Sports Business Journal en 2012, y reconocida por el Washington Business Journal con el título “Women Who Mean Business”, en 2009. Desde 2015 preside la Asociación de Tenis Femenino, el ente que organiza el Hologic WTA Tour, el máximo femenino en el que raquetas colombianas como Fabiola Zuluaga, Catalina Castaño y Camila Osorio han obtenido títulos.
La Copa Colsanitas se viene disputando desde 1998, ¿cuál es la relevancia de este torneo para la WTA?
Hemos tenido grandes campeonas sudamericanas y el tenis es un deporte muy importante en Latinoamérica. El torneo en Bogotá ha sobrevivido a cambios económicos y políticos. La estabilidad del tenis en Colombia ha sido un plus muy importante.
Pero se quedó muy temprano sin representantes colombianas (octavos de final con la eliminación de Emiliana Arango)…
Sin embargo, hace dos años hubo una campeona colombiana, Camila Osorio. Por supuesto que no es lo mismo si no hay tenistas colombianas en el torneo, pero esperamos que la presencia de las tenistas que estuvieron dé muchas esperanzas a las colombianas que vienen. Es muy importante que siga el apoyo de la Federación y que la infraestructura nacional sea fuerte como para dar esas oportunidades.
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La Asociación nació como un sindicato, como una unión laboral de las tenistas. Hoy, 50 años después, ¿cómo aborda la WTA estos problemas de equidad de género, de representación dentro y fuera de la cancha?
Desde nuestro lugar, hacemos todo lo posible para demostrar esa equivalencia. Por supuesto, el negocio del tenis femenino es distinto al negocio del masculino, pero hemos logrado muchísima equivalencia ya en los torneos, los femeninos y en los que son combinados. Vamos avanzando mucho e intentamos demostrar que no debería haber ninguna diferencia, especialmente cuando se está trabajando en la misma empresa o en el mismo medio, el mismo ambiente económico.
¿Cuál podría ser la posición de la WTA en la discusión del veto a atletas rusos y bielorrusos?
La base al fundar la Asociación fue dar la oportunidad a todas las atletas de tener participación. Eso es ajeno a decisiones que fuesen tomadas por el gobierno del país de donde son. Nosotros permitimos la participación de las jugadoras rusas y bielorrusas; sin embargo, lo que no permitimos es ningún apoyo económico.
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Estamos en línea con todas las empresas y los organismos internacionales en cuanto a observar y respetar las sanciones. No deja de ser complicado: las ucranianas quisieran prohibir la participación a las jugadoras rusas, pero también saben que la fundación de este circuito femenino está basado en la participación de todas.
¿Qué tanto golpea una hipotética ausencia de jugadoras de estas nacionalidades?
Ni lo vamos a considerar. No es una posibilidad, las jugadoras rusas han jugado un papel muy importante en la historia y en el presente de la WTA. Desde los años 70, hemos tenido muchas jugadoras rusas. Bien que seamos un factor de unidad, que podamos, justamente, empeñar ese papel de unificar a la gente y distanciarnos de conflictos que son tan inhumanos, es realmente lo peor de la humanidad.
A pesar de que este conflicto tiene un tinte político, su origen es de juego limpio, de antidopaje. ¿Transitar esa línea entre los motivos políticos y los deportivos es complicado?
Sí es complicado. En especial en este extremo de lo que está pasando en Ucrania. Es imposible no tomar personalmente esos problemas cuando una jugadora como la ucraniana Elina Svitolina, por ejemplo, está muy involucrada en ayudar a su gente y desarrollar su fundación. Por un lado, ella está viviendo esa situación, pero por, por otro lado, las rusas la viven diferente. Para todas es muy difícil porque, claro, son emociones, no dejan de ser cosas importantes que llegan a lo personal. Uno no quiere ver sufrir a nadie, ¿entonces cómo hacemos?
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¿Hace falta diplomacia en este conflicto político-deportivo?
Más que diplomacia, creo que es cierta empatía. Yo fui criada en varios países, con varias culturas. Creo que eso me dio naturalmente la empatía para comprender a la gente, cuando me encuentro con una persona del otro lado de una discusión, tiendo a siempre intentar comprender esa posición, de dónde sale tanto desacuerdo. En ese ejercicio, digamos, sí puedes decir que es una diplomacia, pero para mí es empatía más que nada. Tiene que ser totalmente auténtico, porque si no, no se vale.
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