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Algunos hombres tienen un destino marcado por el camino de los milagros. Poseen un don, una estrella, una luz que los hace brillantes. Son un resplandor en la oscuridad, una gota cristalina en el más seco de los desiertos. Se trata de personas que, sin tener poderes sobrenaturales, parecen superhéroes. Martín Palermo es uno de ellos, claro. Porque sólo él, únicamente él, era capaz de construir una hazaña en el medio del drama que sufría la selección Argentina en el Monumental, en su propia casa, ante el peor equipo de las eliminatorias. Sólo un optimista del gol, tal cual lo definió con exactitud Carlos Bianchi, el técnico que mayor provecho le sacó en Boca, podía soñar con ese grito sagrado en el final de un partido que parecía condenar a todo un país a observar el Mundial por televisión.
Del diluvio bíblico que sacudió al estadio del River, Palermo hizo una tormenta perfecta. A apenas una semana de otro gol de antología, un cabezazo desde la mitad de la cancha, con la camiseta azul y oro, que terminó con el invicto de Vélez, puntero del torneo local. Entre las figuras venidas a menos del fútbol europeo, tuvo que ser un goleador de estas latitudes el que salvara el pellejo. Por eso la gente que pobló las tribunas, muy a pesar de la lluvia torrencial, lo había pedido cuando promediaba media hora del primer tiempo.
“Esto es algo de lo que no me voy a olvidar jamás, uno de esos recuerdos que siempre me acompañarán cuando deje de ser futbolista. El viento y la lluvia hacían difícil imaginar que podía llegar a encontrar la pelota. Pero, gracias a Dios, se me vino encima y sólo tuve que empujarla. El de arriba siempre me ayuda. Y fue emocionante lo que me pasó”. Ya quedó atrás el éxito ante Perú, el que le devolvió la vida a la selección. Es la previa del clásico rioplatense ante Uruguay. Palermo, en el predio de Ezeiza, sigue compartiendo esas sensaciones que le erizaron la piel a los argentinos y mira hacia adelante, al partido decisivo de mañana, en el Centenario de Montevideo.
Si el mejor de los guionistas quisiera rodar una película de su vida, ¿habría tenido tanta creatividad?
La verdad, las cosas que me están pasando son increíbles. A veces, me superan las cosas que me suceden. He pasado buenos y malos momentos. Pero lo de este sábado no me lo voy a olvidar. Fue especial. No podíamos darnos el lujo de perder dos puntos. Hubiera sido una desilusión, porque se complicaba la clasificación.
¿Por qué lloró?
Porque me emocioné. Me acordé de mi familia, mis padres, mi hijo, de mi novia… De todos los que me quieren. Y porque después de sufrir tanto en el partido, la emoción es más grande, única, inigualable.
¿Creyó que le iba a quedar una jugada para definir el partido?
Yo estaba tranquilo. Han sido tantas las lesiones que tuve en mi carrera y que dejé atrás, que siempre tengo esperanzas. Cuando empató Perú, lo único que tenía en la mente era hacer un gol. Por suerte, estaba donde tenía que estar para definir.
¿Se considera un salvador?
No, de ninguna manera. No soy ni un salvador, ni un héroe, ni nada por el estilo. Soy un delantero que hace goles, que vive para eso. Estoy para colaborar con la selección en lo que sea. Ese es mi principal objetivo.
¿Cómo se sintió jugando con Messi?
Bien, creo que pudimos complementarnos. Es un atacante de jerarquía y calidad. Pero yo nunca tuve problemas en jugar con uno u otro punta. Siempre me adapto.
¿Fue una revancha? Porque hacía diez años que no tenía la posibilidad de jugar en la selección. Y la última vez, para colmo, había errado tres penaltis ante Colombia en la Copa América.
Diez años es mucho tiempo. Yo no imaginaba que a esta altura de mi carrera iba a tener otra oportunidad. Es una linda revancha, porque sí me había quedado una cuenta pendiente.
¿Y cuándo creyó podía volver a tener una posibilidad con la selección?
Cuando Maradona empezó a convocar jugadores para una selección local, ahí me entusiasmé. Cuando me rompí los ligamentos de la rodilla, el año pasado, creía que ya no iba a tener esa oportunidad. Pero de a poco fui volviendo, haciendo goles y tomando la confianza necesaria. Yo nunca bajo los brazos. Sabía que podía llegar una chance para mí, a pesar de los años.
¿Qué significa Maradona para usted?
Es el técnico que me devolvió a la selección. Y es un privilegio estar en un plantel de tanta jerarquía. Sabemos que las cosas no están saliendo todo lo bien que quisiéramos, pero el grupo no renuncia. Para mí, es importante que Diego me tenga en cuenta. Un privilegio que quiero aprovechar.
¿Y ahora no debería ser titular ante los uruguayos?
Eso es algo que tiene que decidir Diego. Me preguntaron si me veía de entrada con Perú y yo dije que siempre quiero jugar y hacer un gol. Soñaba con eso. Me tocó entrar en el segundo tiempo y pude cumplir con mi ilusión. Ojalá pueda repetir ante Uruguay, porque es un partido clave en el que no podemos regalar nada.
La afición lo pide en todo momento. Iba media hora del primer tiempo y ya se coreaba su apellido. ¿No sería lógico que Maradona lo incluya de entrada?
Diego sabrá qué decisión tomar. Lógicamente, el goleador que viene de racha siempre es importante. Al haber hecho goles en los últimos partidos, con Boca y la selección, estoy con mucha confianza. Soy autoexigente y sé que no me puedo quedar con el gol a Perú. Tengo que pensar más adelante. Lo del sábado, ya es historia.
¿Cómo imagina el partido con Uruguay?
Habrá mucha presión, sin dudas. Ellos tienen que ganar o ganar, porque tampoco pueden pensar en lo que tenga que hacer Ecuador. Somos conscientes de la exigencia que hay y no es posible que Argentina se quede afuera del Mundial de Sudáfrica. Por eso tenemos que ser inteligentes para jugar el partido.
¿Considera que a Argentina le va a favorecer esa presión?
No sé. Creo que va a ser un partido durísimo. Uruguay mostró un gran fútbol y mucho coraje en el partido que jugó en Ecuador. Lograron un triunfo importantísimo y llegan con el ánimo en alza. Pero nosotros, también. No será fácil. Tenemos que saber manejar esta situación y no desesperarnos si las cosas no nos salen de entrada.
Con una mano en el corazón, ¿se ve en el Mundial?
Un Mundial sin Argentina no es Mundial. Vamos a hacer todo lo posible para clasificarnos. Sudáfrica es el objetivo, la meta, y no nos podemos permitir fallar.