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Durante años, Ferran Torres fue uno de esos futbolistas que parecían condenados a vivir bajo sospecha. Cada ocasión desperdiciada alimentaba una nueva crítica, cada suplencia reforzaba la sensación de que no estaba a la altura del Barcelona. Para buena parte de la afición azulgrana nunca terminó de convencer. Era un jugador útil, comprometido y versátil, pero insuficiente para liderar el ataque de uno de los clubes más exigentes del mundo.
Ayer, sin embargo, un solo remate cambió para siempre esa historia. Ferran marcó el gol que le dio a España el Mundial de 2026 y pasó de ser un delantero discutido a convertirse en el autor del segundo gol más importante de la historia del fútbol español.
Solo uno está por encima del suyo: el derechazo de Andrés Iniesta en Johannesburgo, el 11 de julio de 2010, cuando España derrotó a Países Bajos y conquistó por primera vez la Copa del Mundo. Dieciséis años después, el destino quiso que el segundo gran gol de la selección también estuviera vinculado al Barcelona. Iniesta fue el símbolo más puro de La Masía. Ferran no salió de esa cantera, pero lleva varias temporadas defendiendo el escudo azulgrana y formando parte de un proyecto que, una vez más, terminó siendo decisivo para construir una generación campeona del mundo.
La influencia del Barcelona sobre la selección española volvió a ser evidente. Si el equipo de Vicente del Bosque se apoyó en futbolistas como Xavi Hernández, Carles Puyol, Gerard Piqué, Sergio Busquets y el propio Iniesta, esta nueva España volvió a levantar el trofeo con jugadores moldeados bajo esa misma idea de juego. Lamine Yamal, Pedri, Cubarsí y otros nombres formados o consolidados en el entorno azulgrana sostuvieron el estilo que llevó al equipo hasta el título. Ferran no pertenece a La Masía, pero sí representa esa continuidad futbolística. Llegó desde Valencia y Manchester City y encontró en Barcelona el escenario más complejo de su carrera. Ahí terminó escribiendo la antesala de la noche más importante de su vida.
Pasarán los años, pero el nombre de Ferran Torres quedará ya para siempre en la historia de España.
— Teledeporte (@teledeporte) July 19, 2026
''He sido una persona muy criticada, pero el destino está escrito y Dios le da las cosas al que más se la merece''
🇪🇸🏆 La celebración de #LaSegunda en @La1_tve y @rtveplay pic.twitter.com/Nk1eCTHOMm
Porque el camino hasta este momento estuvo muy lejos de ser sencillo. Formado en la cantera del Valencia, Ferran debutó muy joven en Primera División y rápidamente llamó la atención de Europa por su velocidad, inteligencia para atacar los espacios y capacidad para jugar por todo el frente ofensivo. El Manchester City de Pep Guardiola apostó por él convencido de que podía convertirse en una de las grandes figuras del fútbol europeo. Sin embargo, la feroz competencia del equipo inglés nunca le permitió consolidarse como un titular absoluto. Guardiola valoraba sus movimientos y su disciplina táctica, pero Ferran alternó grandes actuaciones con largos periodos en el banquillo.
Su llegada al Barcelona tampoco resolvió ese problema. El club invirtió una cifra importante para incorporarlo en plena reconstrucción deportiva, imaginando que sería uno de los referentes del nuevo proyecto. La realidad fue distinta. Primero compartió vestuario con Pierre-Emerick Aubameyang y Memphis Depay. Después llegó Robert Lewandowski para asumir el papel de referencia ofensiva. Más adelante aparecieron Raphinha y, finalmente, la irrupción de Lamine Yamal terminó modificando por completo el reparto de minutos en ataque. Ferran se acostumbró a ser el segundo delantero, el primer cambio, el hombre que entraba para aportar soluciones cuando los partidos se complicaban.

Ese papel alimentó las críticas. En Barcelona pocas camisetas pesan tanto como la del delantero. Cada gol errado se multiplicaba en las redes sociales, cada mala actuación se convertía en tendencia y cada mercado volvía a instalar la posibilidad de una venta. De hecho, durante este verano volvió a tomar fuerza la versión de una posible salida rumbo al Paris Saint-Germain, donde tendría mayores oportunidades para ser protagonista. La sensación general era que su ciclo en Cataluña estaba cerca de terminar.
Lo más difícil, sin embargo, ocurrió lejos de los estadios. El propio Ferran reconoció públicamente que las críticas llegaron a afectar su salud mental. Contó que necesitó ayuda psicológica para gestionar la presión, que hubo momentos en los que perdió la confianza y que aprendió a convivir con un entorno que muchas veces parecía dispuesto a juzgar cada una de sus acciones. Su historia se convirtió en uno de los ejemplos más visibles de cómo el fútbol de élite también golpea emocionalmente a quienes lo practican. Mientras muchos respondían cuestionando su nivel, él eligió trabajar en silencio.
Esa paciencia terminó encontrando recompensa en la final del Mundial. Luis de la Fuente decidió comenzar el partido con otras alternativas ofensivas y Ferran esperó su oportunidad desde el banco. España dominó el encuentro de principio a fin, monopolizó la posesión y sometió a Argentina durante casi dos horas, pero el Dibu Martínez parecía capaz de detenerlo todo. Hasta que llegó el segundo tiempo de la prórroga. Nico Williams salvó un balón que parecía perdido junto a la línea de fondo y lo dejó servido dentro del área. Ferran apareció donde aparecen los delanteros que entienden el juego. Controló el tiempo justo y sacó un remate potente que terminó con la resistencia del arquero argentino. Fue el gol del título, el gol que cerró la era mundialista de Lionel Messi y el que colocó definitivamente su nombre entre los grandes protagonistas de la historia del fútbol español.
🇪🇸 GOOOOOOL DE ESPAÑAAA. GOL DE FERRAN TORRES Y ESPAÑA ESTA A 15 MINUTOS DE SER CAMPEÓN DEL MUNDOpic.twitter.com/2RbvRUqJxt
— Alee (@ImAleeJeje) July 19, 2026
Hay carreras que se explican por la cantidad de títulos o de goles. La de Ferran Torres probablemente siempre será recordada por un instante. Durante años convivió con el papel de suplente, soportó cuestionamientos permanentes y escuchó que no tenía el nivel suficiente para jugar en el Barcelona. Sin embargo, cuando España necesitó un héroe apareció él. El delantero que muchos daban por terminado encontró el momento perfecto para reivindicarse. En apenas un remate cambió la percepción sobre su carrera, silenció a sus detractores y escribió una página imborrable en la historia de su selección. A veces el fútbol tarda mucho en hacer justicia. Con Ferran Torres, la justicia llegó en el minuto más importante de su vida.

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