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Colombia está lista para una nueva encrucijada: otro bloque bajo, férreo y cerrado, que intentará cerrarle los caminos a gol y anularle cualquier inspiración en el partido que hoy se juega a las 8:30 p.m. (con transmisión del Gol Caracol).
Lo que pasó contra Uzbekistán y RD Congo ahora será un desafío todavía más incómodo: Ghana. El objetivo son los octavos, pero el rival no lo pondrá fácil. Los africanos no tienen un equipo de grandes secuencias ofensivas ni de dominio territorial, pero sí uno diseñado para resistir, cerrar caminos y convertir cada ataque rival en un ejercicio de paciencia. Será otro rompecabezas para la selección de Néstor Lorenzo, con un ingrediente adicional: al frente estará Carlos Queiroz, viejo conocido y uno de los nombres más señalados por la eliminación de Colombia rumbo al Mundial de Catar 2022.
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El portugués intentó bajarle carga emocional al cruce. En la previa, negó que el partido tuviera sabor a revancha y defendió su paso por la selección. “No tengo la visión de que haya cuentas por saldar. Disfruté mucho y ha sido un honor trabajar en Colombia. (Por) el tiempo que pasamos para jugar las Eliminatorias no estábamos listos para jugar en tiempo de Covid-19; ha sido muy difícil para todos. Cada día pasaban cosas extrañas durante los entrenamientos y la preparación”.

Más allá de sus palabras, el contexto es inevitable. Queiroz conoce a buena parte de la estructura de Colombia, entiende sus virtudes, sabe cómo se mueven algunos de sus referentes y, sobre todo, tiene un equipo que calza perfecto para incomodar a la Tricolor. Ghana no necesita el balón para sentirse cómoda. En tres partidos del Mundial tuvo apenas 35,3 % de la posesión y promedió 274 pases precisos por juego. Colombia, en cambio, llega con un 60 % de posesión y 467 pases completados por partido. El choque de estilos está servido: uno querrá elaborar, el otro llegará a esperar.
Queiroz lo explicó sin demasiados rodeos. “Lo que tenemos que hacer es jugar con nuestro estilo, con nuestras fuerzas positivas contra los puntos negativos de Colombia. No hay equipos perfectos, aunque Colombia es un gran equipo. No obstante, mañana es un partido en el que no hay margen de error. Solo tenemos 90 minutos, o 120 de extratiempo, y se acabó. No hay que especular mucho. La presión de un partido como este no es un problema, es un privilegio. Vamos a disfrutar y así construir el resultado que queremos”.
Ese “estilo”, el del DT portugués —que en Colombia no caló ni un poco—, tiene una traducción estadística muy clara. Ghana defiende mucho y defiende bien. Promedia 17 entradas, 8,3 intercepciones, 26 despejes y 38,7 balones recuperados por partido. Además, ha dejado su arco en cero en dos de sus tres compromisos mundialistas. Empató 0-0 con Inglaterra, perdió 2-1 contra Croacia y venció 1-0 a Panamá. Con Queiroz en un ciclo muy corto, contando apenas cuatro partidos, suma una victoria, dos empates y una derrota. Todavía es un equipo en construcción, pero ya tiene una identidad reconocible: bloque bajo, duelo físico, orden y transición.
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Para Colombia, el mayor riesgo será confundirse. La superioridad ofensiva existe: la Tricolor promedia 6,3 tiros a puerta por partido, frente a apenas 1,3 de Ghana. También marca más: 1,3 goles por juego contra 0,7 de los africanos. Pero esos datos no garantizan comodidad. Ghana concede poco, ensucia el ritmo y obliga a tomar decisiones en espacios reducidos. No parece un rival de ida y vuelta, sino un equipo hecho para cortar circuitos, poblar el área y esperar que el rival se desespere.
La clave, entonces, será doble: creatividad y paciencia. Colombia necesitará circulación rápida, cambios de orientación, movilidad entre líneas y precisión en el último pase. Pero también deberá entender que el partido puede no abrirse pronto. Ghana gana 47 duelos por encuentro, casi diez más que Colombia, y comete más de 15 faltas por partido. La Tricolor tendrá que aceptar el contacto, no entrar en la ansiedad y evitar pérdidas que activen las transiciones rivales.
En esa tarea, los nombres propios de Ghana explican buena parte del desafío. Jerome Opoku, aunque llega con molestias físicas, ha sido el líder defensivo y el jugador mejor calificado del equipo. Benjamin Asare, el arquero, ha sostenido al grupo con tres salvadas por partido. Gideon Mensah aporta equilibrio por la izquierda, mientras Thomas Partey ordena el mediocampo: es el que más pases completa, el mejor en balones largos y el líder en intercepciones entre los volantes. Si Ghana logra respirar con la pelota, casi siempre será por él.
Arriba el peligro no está en el volumen, sino en la velocidad. Brandon Thomas-Asante es el motor físico, el jugador que más corre y más “sprints” realiza. Antoine Semenyo, del Manchester City, es la principal amenaza al espacio y el más rápido del plantel. Abdul Fatawu Issahaku aparece como el generador más claro de ocasiones, mientras Ernest Nuamah funciona como socio del ataque. Caleb Yirenkyi, con apenas 20 años, ya participó directamente en el gol y representa esa llegada desde segunda línea que Colombia no puede perder de vista.
Queiroz elogió a Colombia, pero también dejó claro que Ghana no saldrá a mirar. “Es un equipo que hoy está muy bien organizado, con mucha disciplina, con jugadores muy buenos en todas sus posiciones. Han hecho cambios que han aportado otra dimensión al equipo. Juegan muy bien. He hecho una observación muy cuidada del partido contra Portugal y han estado muy bien. Sin embargo, ahora es otra historia; vamos a jugar nuestro estilo, con nuestras fuerzas, y seguro que vamos a aportar más problemas para Colombia durante el partido”.
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Ahí está el partido. Colombia parte con más fútbol, más posesión, más remate y una defensa incluso más segura: solo recibe 0,3 goles por juego, frente a 0,7 de Ghana. No obstante, los “partidos trampa” no siempre se explican por quién juega mejor, sino por quién logra llevar al otro a su terreno. Ghana quiere un duelo cerrado, físico, largo y de pocas ocasiones. Colombia necesita abrirlo sin romperse. Resolver ese laberinto, cuando no hay mañana, será la primera gran prueba de madurez de la Tricolor en la fase decisiva.

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