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Es miércoles, día de El Espectador le explica. Comencemos este resumen noticioso con unas cuantas cifras: se estima que el Mundial de fútbol de Catar será visto por más de 5.000 millones de personas en los cinco continentes de los 8.000 millones que somos; que las cadenas de televisión, por derechos de transmisión, le dejarán a la Fifa 2.640 millones de dólares de ganancia; que la llegada desde el primer día hasta el día de la final será de 1,2 millones de turistas que le generarían al país organizador unos 20.000 millones de dólares de ingresos y aunque esa cifra parece alta, sin duda, solo hasta cuando se sabe cuánto le costó a Catar organizar este evento deportivo es que se entienden las dimensiones: 220 mil millones dólares, sí, lo que lo convierte en el más costoso de toda la historia. Pero, más allá de los datos, ¿por qué ha sido tan cuestionado?
Como en todos los boletines de El Espectador le explica, les recomendamos entrar a cada uno de los enlaces de los textos escritos por los colegas de Deportes que dejaremos a continuación y allí ahondar en las artistas que iremos tocando a continuación. Entonces, comencemos. “Detrás de los imponentes estadios de Catar hay historias de explotación, abuso laboral y muerte. Las víctimas del Mundial más costoso de la historia se cuentan por miles”, escribía Tariq Panja y Bhadra Sharma, para The New York Times, en este texto publicado por El Espectador. Tan solo India envió a 204.000 personas para ir a trabajar en la construcción de los estadios, pero la dura realidad llega desde los 2.100 ciudadanos de Nepal, un país sumido en la pobreza extrema, que han muerto en Catar desde el 2010 cuando el mundo se enteró de que ese país sería la sede del campeonato del deporte más popular. De los ciudadanos muertos se dice que fue por accidentes laborales, porque no lograban soportar las altas temperaturas y que muchos aparecían con daños renales inexplicables. “Este evento fue construido por completo sobre las espaldas de los trabajadores migrantes, en un total desequilibrio de poder”, opinó Michael Page, de la división de Oriente Medio y el norte de África en Human Rights Watch. Incluso se habla de 200 suicidios por abusos salariales y explotación. Un Mundial manchado por la muerte.
Ahora, hablemos del medio ambiente, de sostenibilidad, otro asunto no menor. Mientras Catar decía que este evento sería el más sostenible de la historia, incluso hablando de neutralidad de carbono, otras son las cuentas de Carbon Market Watch, que argumenta que la huella de carbono de la construcción de los estadios podría estar subestimada, que se debería contabilizar en 1,6 millones de toneladas CO2 y no 0,2 millones, como han dicho las cifras del evento. Incluso con datos de la FIFA, que estima una emisión de 3,6 millones de toneladas de CO2 por motivo del Mundial, mientras que en Rusia esa cifra fue de 2,1 millones de toneladas. Climatizar escenarios no cubiertos “no es una buena señal”, dijo la primera ministra francesa, Elisabeth Borne; o ante el déficit de hoteles, el evidente aumento de vuelos que llegan desde países vecinos, en donde se han alojado hinchas que no consiguieron hospedaje, disparó la generación de carbono que viene de los aviones.
Pero, ¿cómo llegó Catar a convertirse en el centro de la atención mundial con este evento deportivo? “El proyecto es financiado por el gobierno catarí: una monarquía absoluta que ha sido comandada por la familia Al Thani desde mediados del siglo pasado. Catar cuenta con la tercera mayor reserva de gas del mundo, lo que lo acredita como el país con más renta per cápita y mayor índice de desarrollo del planeta. Ningún habitante paga impuestos. Y cuenta con su canal estatal Al Jazeera, cuya señal llega al mundo entero. Una nación con un colosal peso geopolítico que tiene la intención de convertirse en un referente del turismo y de las economías avanzadas. ¿El vehículo? El deporte. Y arrancó siendo sede en 2006 de los Juegos Asiáticos”, nos contaba Thomas Blanco en este completo informe que él tituló “El subsuelo del Mundial de Catar”, que además fue el primer newsletter exclusivamente dedicado a este evento deportivo y que enviamos todos los días. Allí decía: “El éxtasis de la maquinaria catarí llegó a su punto de ebullición el 2 de diciembre de 2010 en las oficinas centrales de la FIFA en Zúrich, Suiza. Cuando el órgano rector del fútbol mundial escogió a dos países con poca tradición en el balompié como sedes de los Mundiales 2018 (Rusia) y 2022 (Catar). Una determinación que años después, luego de conocerse los casos de corrupción de la FIFA, estuvo salpicada de dineros por debajo de la mesa para que los dirigentes cambiaran sus votos”.
“A medida que se fue acercando el Mundial, los cuestionamientos sobre su realización fueron creciendo. ONG’s, dirigentes, futbolistas y aficionados del fútbol se pronunciaron a lo largo y ancho del planeta para rechazar a Catar. Protestas de todo tipo se vieron en las ligas del mundo. Banderas de hinchadas llamando a un boicot, declaraciones de jugadores y selecciones que hacían un llamado a defender los Derechos Humanos se vieron en los últimos meses”, Andrés Osorio Guillot, periodista de El Espectador.
Para sumar, han surgido versiones y videos de “falsos hinchas”, sobre todo de aficionados asiáticos de India y Pakistán, a quienes les estarían pagando para elevar la temperatura en los días previos a la competencia y en sus primeros días, de tal forma que se asemeje al ambiente que se ha vivido en otros escenarios internacionales. La FIFA, ante dichas críticas, por medio de Gianni Infantino apuntó a decir que todo esto se trataba de “racismo” y que, frente a muchas otras críticas, el mayor órgano rector del fútbol en el mundo ha luchado por la defensa de los derechos humanos:
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Por ahora y, obligados ante la presión global del evento deportivo, las autoridades cataríes han reconocido que necesitan reformas laborales para que no sucedan más denuncias sobre el trato que han recibido los migrantes que llegan a ese país a trabajar. Es un avance, sí, pero no está claro si será suficiente. El asunto va más allá, pues organizaciones no gubernamentales han pedido que a todos aquellos trabajadores y sus familias que sufrieron algún tipo de pérdida, ya sea por muerte o incapacidad, se les reconozco una indemnización.
La política, está claro, sí que ha atravesado el fútbol. Y el fútbol ha atravesado muchas instancias políticas. Aunque muchos no lo reconozcan, existen una relación directa y cercana entre los dos. No es solo una coyuntura con Catar. Por ejemplo, la legendaria Brasil que se hizo campeona en 1970 cuando el mundo estaba en guerra o, para ser más preciso, estaban varios conflictos activos, como el de Honduras y El Salvador con el fútbol como protagonista. O la Argentina de 1978, cuando se quedó con el título en medio de la dictadura -fachada- de Jorge Videla, presidente de ese país bajo la Junta Militar; o el “tricampeonato de Italia -en España 1982- por primera vez sin la influencia de Benito Mussolini y en una tierra que empezaba a dejar atrás la influencia del Generalísimo Francisco Franco”.
También está el registro de Argentina frente a Inglaterra en 1986, con la guerra de las Malvinas de Fondo, y Maradona levantando la copa; en los libros de historia se leen relaciones para los tiempos de Estados Unidos 1994 cuando las potencias se resquebrajaban, o en Francia 1998 cuando en el fútbol se sintieron “los impactos de la caída del bloque comunista, las tensiones entre Estados Unidos e Irán y la primera estrella en el escudo francés” que marcaban el final del Siglo XX. Para 2002, en Corea y Japón, el evento fue atravesado por el temor del terrorismo, pues la FIFA estaba en máxima alerta tras los atentados en Estados Unidos el 9/11. El objetivo, en una decisión diplomática de las países que participarían allí, fue “asegurar que la primera Copa Mundial celebrada en Asia fuese segura para todos”.
“Negar la relación de la política con el fútbol parece ser terquedad. Al ser tan popular, el fútbol suele ser una tentación para el poder, para legitimar en medio de su euforia decisiones que benefician económica y políticamente a una nación. Ignorar los problemas que eso puede traer es hacerle daño al deporte, es manchar la pelota y de paso seguir sumando escepticismo a la política actual, que si de algo carece es de apoyo y de confianza por parte de los ciudadanos del mundo”: Andrés Osorio Guillot, periodista de El Espectador.
Y así fuimos llegando a los más recientes mundiales, en medio de esa relación directa del fútbol con la política y todas las críticas que eso conlleva. Conocer la historia es necesario, más allá de la pasión que nos pueda despertar el deporte más visto y jugado del mundo:
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Alemania 2006: Bombas, divorcios, amenazas y cabezazos
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Sudáfrica 2010: El Mundial que visibilizó una tierra olvidada
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Brasil 2014: Un Mundial envuelto en llamas
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Rusia 2018: Cambia la guerra, cambia el fútbol
Vayamos a Catar porque ya, con el inicio del Mundial, a pesar de todas las críticas, los planes siguieron en pie y el evento más visto del mundo también, como escribió Luis Guillermo Ordoñez, editor de Deportes de El Espectador y quien viajó hasta el epicentro de este nuevo evento deportivo: “Con el Mundial de Catar 2022 se completa un ‘plan maestro’ que se gestó por allá a medidos de 1974, cuando Joao Havelange fue elegido presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado, FIFA. El dirigente brasileño se propuso convertir a la entidad, a como diera lugar, en una multinacional con inmenso poder político y económico”. Y agregó: “Con la idea de la rotación intercontinental, el Mundial se disputó en países sin tradición futbolera, como Estados Unidos (1994), Corea-Japón (2002) y Sudáfrica (2006). Por eso solo era cuestión de tiempo que se hiciera en una nación como Catar”.
El show de inauguración, como todos los de este tipo, fue de primer nivel. Una ceremonia típica llena de luces y muestras culturales locales. Porque al final esto sigue siendo, más allá de lo que ha sucedido, lo que llaman los angloparlantes un ‘show business’ que mueve miles de millones de dólares. Sin sonrojarse, sí, mueve emociones, mueve la herencia que el abuelo le dejó al padre y al nieto en forma de hincha. El actor Morgan Freeman, estuvo allí y dijo que “el fútbol da la vuelta al mundo y el que une a las naciones une también a las comunidades”. En el espectáculo estuvo “el cantante Jung Kook, integrante del grupo surcoreano BTS”, quien interpretó ‘Dreamers’, “canción incluida en la banda sonora oficial del Mundial, junto al cantante catarí Fahad Al Kubaisi, lo que también supone, según los organizadores, una llamada a la unidad de “toda la humanidad, salvando las diferencias a través del humanismo, el respeto y la inclusión””.

Ya, en lo deportivo, Ecuador superó a Catar, que fue considerado como un triunfo histórico por superar a la selección local, y en el que se vio la salida de los hinchas locales en medio del encuentro evidenciando el disgusto con su equipo. Se decía que Harry Kane, el capitán de la selección de Inglaterra, se mantenía firme en su decisión de usar la banda de capitanía que promueve la igualdad, pero al final, ante la amenaza de la FIFA por el lugar en donde se lleva a cabo el evento deportivo, decidió no portarla. Y fue justo en es encuentro que el mundo vio otra escena de protesta, porque la selección de Irán decidió no cantar su himno nacional. Lo hicieron como protesta ante la grave situación que se vive en su país, desde cuando Mahsa Amini, una joven iraní de 22 años, fue arrestada en Teherán por no portar de manera correcta el hiyab, el velo que usan las mujeres para cubrir su cabello. Se registró su muerte días más tarde. “Las manifestaciones no han parado y según la ONG Iran Human Rights (IHR) ya van 378 muertos por la represión en ese país”. Y los jugadores iraníes querían no solo manifestar su voz de aliento al pueblo sino enviar un mensaje al mundo entero.
Los defensores del deporte, en sí mismo, lo han querido separar de todo tipo de relaciones políticas, de asuntos de derechos humanos, de libertades ganadas por distintos grupos sociales en las últimas décadas, pero el fútbol es una vía para comunicar, allí también se ha vivido el racismo ultra radical, se ha visto el impacto de la migración porque por ahí, incluso, se ha creado una autopista para conseguir mejores jugadores y, al final, tener equipos más competitivos y alcanzar la gloria del triunfo. Y eso sí que pesa en un mundial de fútbol. Ni qué decir de la danza de los millones de dólares, que han convertido este deporte en un negocio de transacciones astronómicas a la hora de buscar jugadores o de pagar campañas publicitarias.
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Parecerá extraño que un boletín de noticias, tras cuatro días de inaugurado el Mundial de fútbol, no esté dedicado a hablar de las estrellas que llegaron a los estadios atractivos que remodelaron o construyeron en el país sede, o los mejores goles que ya se han hecho, o los triunfos de equipos inesperados frente a los favoritos de siempre, o de toda la cerveza que se vende por doquier, o de las nuevas camisetas, de los que serán los últimos partidos para los jugadores más viejos, del estreno de los más nuevos, de los técnicos que repiten, de los que llegan por primera vez, del gol más rápido, del técnico más estratega, del partido aburrido o del que ya se considera el mejor encuentro del mundial. Y sería, por decirlo menos, también injusto con nuestros colegas de la sección de Deportes, no reconocer todo el esfuerzo que han venido haciendo sobre el cubrimiento de este evento, tras esperarlo durante cuatro años largos. Así que, aquí vamos con todo este resumen futbolero.
De las estrellas se ha escrito, por supuesto, lo que significa este Mundial de Catar para ellos. Está el perfil de Neymar, en su nueva búsqueda de la gloria, o la reflexión de Fernando Garzón, cuando escribe que “un libro prestado de Eduardo Galeano me recordó que, a pesar de los contextos, la política que también define al espectáculo, no está mal amar a la pelota. Texto en primera persona sobre la importancia de los mundiales. “Sí, me gusta el fútbol y veré Catar 2022″”; o el espectáculo, fuera de las canchas, que está dando Luis Enrique, el entrenador de España, en su aterrizaje como streamer en la plataforma de Twitch, desde la concentración de la selección y con lo que, decía Hugo Caro, “abrió las puertas a la intimidad del seleccionado que dirige”, creando “un precedente en la forma de consumir información sobre la Copa del Mundo”.
De Messi, por ejemplo, se dice que esta es la última oportunidad para conseguir la única copa que le hace falta, de Francia, que con experiencia y la energía de jugadores como Kylian Mbappé, se busca se tercer estrella; de lo que todos los hinchas de América Latina esperan de las selecciones que allí están presentes, de Gales y su regreso a un mundial después de 64 años, del árbitro colombiano Nicolás Gallo que está presente en el evento deportivo o de la goleada de Inglaterra con una selección joven que ya pinta como favorita a quedarse con título en el Mundial de Catar.
En estos días de partidos, también vamos viendo historias en sus entornos, como la del hincha catarí que en medio de gritos, le pedía a un hincha ecuatoriano que guardara silencio; la rueda de prensa en donde Messi dejaba claro que estaba bien de su tobillo y listo, en ese momento, para enfrentar a Catar; o del triunfo de Países Bajos y el recuerdo de la histórica Naranja Mecánica que muchos recordamos cuando éramos niños, y también la historia de Christian Eriksen, el jugador que el año pasado sufrió un paro cardiaco pero ya está listo para competir en esta Copa del Mundo.
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México empató contra Polonia en un juego donde su arquero, Memo Ochoa, detuvo un penalti y se convirtió en el mejor jugador del encuentro, Francia goleó a Australia en su debut, Croacia empató con Marruecos y en el que ya se considera el segundo gran golpe del mundial, Japón derrotó a Alemania 2 a 1.
Entre las curiosidades que se han visto también allí en Catar, están los hinchas que se fueron desde Francia y los que se fueron desde Argentina en bicicleta; la aparición del cantante colombiano Maluma en la canción del mundial 2022, o la historia de la mujer periodista que tras ser robada cuando estaba ejerciendo su profesión y tras dirigirse a instaurar la denuncia, recibió una respuesta que la dejó aterrada: la Policía le aseguró que capturarían al ladrón y que les dijera qué tipo de pena querían que la impusieran al o la delincuente: si cinco años de cárcel o que si querían que lo o la deportaran.
Cuando terminamos de escribir este boletín de noticias, estaba jugando España contra Costa Rica, este último dirigido por el técnico colombiano Luis Fernando Suárez. También era noticia que los jugadores de Irán podrían ir a la cárcel por no cantar su himno nacional. “Las condiciones de nuestro país no son adecuadas. Nuestra gente no es feliz. La gente tiene que saber que estamos con ellos y que los apoyamos. Somos solidarios”, dijo el capitán de la selección iraní, Ehsan Hajsafi. El máximo dirigente de ese país, Alí Hoseiní Jamenei, les dijo a los jugadores que no deben “no faltar al respeto” al país durante sus participaciones en el extranjero y les advirtió que se exponen a duras sanciones como la pena de cárcel si hacen alguna señal de protesta durante el Mundial.
Los alemanes, antes de comenzar el partido contra Japón, se taparon la boca con sus manos, también en señal de protesta, contra tantos antecedentes evidentes que han dejado huella en la historia deportiva de este campeonato mundial. Es, de nuevo, entendible que los y las amantes del fútbol no quieran que el deporte esté inmerso en diferencias políticas, culturales, de derechos humanos, para ser más directos, que en definitiva que no se manche la pelota, como dirían; pero está claro que tratar de tapar todo lo que ha sucedido en Catar en el marco de este Mundial sí que sería muy vergonzoso y además injusto contra todos los que no han podido, en medio de su propia libertad y autonomía, ser eso, libres, como nos sentimos muchos cuando corremos detrás de un balón.
Todo el cubrimiento, como ya notaron, del Mundial de Catar está alojado es este completo y diverso especial que está disponible para todos ustedes, alimentándose a diario. Los esperamos allí.
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