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Su rostro reflejaba la preocupación por no haber logrado una victoria con la que la selección de México contaba desde el día en el que se sorteó el Mundial.
Su vestido gris todavía estaba mojado por el agua que él mismo se derramó cuando tiró un tarro al piso, tras el gol de Sudáfrica, pero una vez se sentó frente a los periodistas, respiró profundo, saludó con amabilidad y señaló que “cuando juegas tan agresivo como lo hicimos y no tienes premio en los goles, sufres en estas instancias y hoy (ayer) sufrimos más de la cuenta”.
También reconoció que su equipo “así como pudo ganar, pudo perder” y que “evidentemente el empate no era el resultado con el que soñábamos”. Aguirre, quien también dirigió a México en el Mundial de Corea y Japón 2002, antes de irse al Atlético de Madrid, no criticó específicamente a ninguno de sus jugadores, pero sí explicó las fallas que cometieron: “No fuimos contundentes. Pudimos haber marcado dos o tres goles en la primera parte. Ya después del tanto de ellos nos desordenamos y fuimos precipitados”.
El estratega, que tendrá que corregir muchas fallas para el choque ante Francia, el próximo jueves 17 en Polokwane, advirtió, eso sí, que “México seguirá jugando a lo mismo, que es lo que le ha dado resultados, con tres delanteros y la intención clara de proponer, de ir a buscar los partidos, así hoy (ayer) además hayamos regalado muchos espacios en la retaguardia”.
Luego Aguirre pasó al camerino a recoger sus pertenencias y salió con el resto del equipo hacia el autobús que los condujo a su sitio de concentración, apenas a 30 minutos del estadio. Allí, atendió nuevamente a los medios y defendió la actitud de sus dirigidos: “el mal histórico de nuestro fútbol es la falta de personalidad y carácter. Yo no vi que faltara eso en la cancha, así el resultado nos haya dejado un mal sabor en la boca. Pasara lo que pasara ante Sudáfrica, teníamos planeado pelear y ganar los dos siguientes partidos, que es lo que debemos tratar de hacer”.