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La vida tiene estas cosas, parece decir Róbinson Zapata: descender con tu equipo y, casi al tiempo, ser convocado, por segunda vez consecutiva, para la selección nacional. La vida tiene estas cosas, y es bueno que las tenga. “Anoche mi cabeza estaba en Pereira”, dice el arquero. “Pero ahora pienso en Colombia”.
Su presente es muy ambiguo, sobre todo por el descenso…
Perder la categoría es muy triste, porque mi objetivo, al igual que el de mis compañeros, era hacer lo imposible por salvarla, sabiendo lo difícil que era desde el principio, pero era nuestra mayor meta, al lado de entrar a los cuadrangulares. Ahora vemos lejos las dos. Quedan 12 puntos por jugar. Matemáticamente todavía tenemos opciones de entrar, que es la forma más decorosa de terminar. Pero es complicado, porque si uno hace un análisis, es un tema que viene desde hace mucho tiempo. Asumimos esa responsabilidad. Dejamos la vida en la cancha en cada partido.
¿Hubo siempre ilusión?
La esperanza, mientras había posibilidades matemáticas, era esa. Por eso adquirimos el reto, se armó un buen equipo y lo llevamos hasta el final. Nos queda entrar a las finales para la satisfacción personal de jugadores, directivos, cuerpo técnico e hinchada.
Su primer descenso como profesional…
Sí, no es fácil, pero bueno…
Sin embargo, usted puede ser campeón todavía. ¿Qué le genera esa posibilidad?
Que hay una esperanza, algo por lo cual luchar, por lo cual trabajar. Como le dije antes, es una responsabilidad del grupo con la gente. Y ¿por qué no?, ser campeones y con el club en la B, jugar una Copa Libertadores sería sensacional, algo muy raro, pero es el anhelo de nosotros. Este torneo es muy extraño y casi siempre en las últimas fechas se define. Cualquier cosa puede pasar.
¿Qué faltó?
Un cachito de suerte, de oficio, o definición, o de saber conservar un resultado, de mantener el balón lejos de nuestro arco. Jugamos muy bien cada compromiso. Creo que ningún equipo nos pasó por encima, ni en Pereira ni afuera. Es más, de visitantes es cuando hemos hecho la mayoría de puntos y los mejores partidos. Nos faltó eso, oficio. Interpretar, leer el partido, saber en qué momento hay que cerrar las líneas, porque nos empataron muchos partidos en los últimos minutos.
Pero se van con la cabeza en alto…
El equipo siempre mostró una actitud aguerrida. Son cosas del fútbol. En la situación en la que empezamos, era muy difícil. Aparte de eso, dependíamos de un muy mal torneo de América e Itagüí. Pero se luchó, se le dio una esperanza a nuestra gente y, lo más importante, el grupo actual, que adquirió el compromiso, hizo hasta lo imposible y respondió. No se cumplió, pero nadie nos puede reprochar falta de compromiso.
¿La hinchada los ha apoyado?
Nos han respaldado, son muy conscientes de la situación. Es un equipo con entrega, y eso hace que la gente entienda, que sepa que sus jugadores se están matando y respetando una camiseta, un color, una tradición de una ciudad.
¿Habría sido diferente con Julio Comesaña de técnico?
Siempre lo hablamos, e intentamos que no. Tampoco sabemos qué nos habría deparado el destino con la presencia del profesor Julio. Son entrenadores diferentes, pero quedó el mismo cuerpo técnico. No tengo una bolita mágica para decir que con él no estaríamos en esta situación. Son circunstancias de la vida. No sé si con Messi o con Cristiano Ronaldo lo habríamos podido evitar.
¿Qué se dijeron después de perder con Tolima?
Entramos golpeados, porque no fuimos a sacar un empate, fuimos a ganar. Hicimos un planteamiento inteligente, buscando un contragolpe. Es más, en el segundo tiempo tuvimos dos y habríamos podido marcar, pero nos faltó definir. Después hablamos de que nos hicieron el gol en la jugada más boba, que un compañero rechaza y le pega a otro y le queda el balón a Castillo, que remata tan rápido que no nos dio tiempo para reaccionar. ¿Qué podés hacer ahí?
¿Su futuro sigue en Pereira?
No, yo fui sincero con la gente. Vine por seis meses, buscando darle la mano al club, para salvar el descenso y entrar a los cuadrangulares. Pero mi objetivo es regresar a Europa, espero que se dé. Confío en que mis actuaciones, y lo hecho con la selección, me abran las puertas nuevamente.
Por otro lado, ¿cómo ve el presente de la selección?
Hemos dado el primer paso. Estamos construyendo con bases firmes ese sueño que tenemos todos. Tenemos una linda oportunidad de revalidar lo hecho.
¿Siente que el proceso va marchando?
Claro. Cuando vi la Copa América, cómo jugaron, me sentí orgulloso de ellos, por el rendimiento, porque íbamos al frente, a jugarle de tú a cualquiera, nunca fuimos pasivos. Nuestro fútbol de ahora es más agresivo, por los jugadores que tenemos afuera. Y eso es muy bueno, por tener al profesor Álvarez como continuidad.
¿Qué aporta jugar en Barranquilla?
Barranquilla ha sido la sede de la selección, y es diferente, casi ningún equipo quiere ir a jugar allá (risas). Además del calor de la gente. Es muy bueno poder vivir eso y tener la posibilidad de estar ahí. Va a ser una fiesta.