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En la fecha 14, Júnior venció a Once Caldas y rompió una racha de casi 18 años sin ganar en la capital caldense. En ese mismo partido, José Amaya perdió la titular como volante de marca. La razón no fue futbolística, de nivel. Fue su expulsión, a los cinco minutos del segundo tiempo, lo que lo dejó fuera.
Ha tenido que remar, Amaya. Y ha tenido que responder cuando ha sido requerido. El domingo, en la primera final, Ringo debió entrar por Luis Narváez (que salió lesionado, con lágrimas en los ojos) y encargarse del mediocampo. Lo hizo. Y, además, tuvo un rendimiento sobresaliente.
“Lastimosamente, me tocó entrar por esa situación”, comenta el mediocampista. “Pero estaba dispuesto a hacerlo, en cualquier momento. En estas instancias, uno siempre quiere tener la oportunidad de jugar, y hacerlo en esta fue importante”.
“Era difícil entrar, por la desventaja”, añade. “No era cualquier partido. Era una final. Por eso ingresé a actuar rápidamente, y me alegra haber aportado con mi trabajo”.
Se conectó tanto Amaya que, cuando debió encargarse él solo de la marca, respondió muy bien. “Lo hablé con mis compañeros de atrás, para que hicieran los relevos, para mantener el equilibrio, y estar conectados, enchufados, concentrados, para que Caldas no encontrara ningún espacio”, agrega.
Luego de pasar por Nacional y Millonarios, Amaya pudo volver a Barranquilla y a su casa. Él, que debutó hace ya más de diez años, todavía siente emoción, cosquilleo por la camiseta. Aunque con el cuadro verdolaga ganó tres títulos en el fútbol colombiano, Júnior es el equipo que va en su corazón.
“Esta campaña, sinceramente, ha sido histórica”, confiesa. “Por todo lo que hemos vivido, por los resultados que se nos han dado, muy luchados, con temperamento, con muchas ganas, sufridos. Y vamos por buen camino. Me siento orgulloso de mis compañeros, de estar en este equipo, porque hemos mostrado que estamos para grandes cosas”.
Lo han demostrado, él y sus compañeros, con ese particular hábito de remontar. “Son las ganas, el amor a la camiseta, el sacrificio. El equipo nunca ha bajado los brazos, siempre ha mantenido la cabeza arriba y ha sacado las cosas adelante”, señala.
Sin embargo, Amaya cree que siempre será preferible intentar ganar sin afugias. En Manizales, las cosas serán a otro precio. “Allá hay que tener un orden importantísimo, una inteligencia para manejar el partido. Llevamos un gol a favor, y eso nos da una garantía fundamental. Pero hay que manejar bien el bloque defensivo, estar muy corticos, que el equipo sea una familia dentro de la cancha y que no haya espacios para ellos”, reconoce.
Y en consonancia con lo que ha predicado José Eugenio Hernández, el barranquillero prefiere no perder la cabeza por la altura. “Todo va en la mente. La motivación, las ganas, poder sacar un partido adelante. Eso ayudará para que hagamos un gran encuentro”.
“Hay que luchar, hay que luchar”, enfatiza Amaya, casi como un coro. “Faltan 95 minutos y vamos a enfrentar a un excelente equipo, porque Once Caldas es un gran conjunto. Hay que trabajar muy bien ese partido”.
De ganar, sería su segundo campeonato con Júnior y su quinto como profesional. ¿Se trata de un amuleto de títulos?
“Dios me da esa bendición de poder ir a los equipos y siempre pelear títulos, porque ya son siete, ocho finales que he jugado”, responde, sacándose de encima cualquier asomo de protagonismo.
Frente a Once Caldas, mañana en el estadio Palogrande, buscará ser eso: un obrero disciplinado, estricto, riguroso. No se le pasa por la cabeza el retiro. Piensa en el título.
“Hay Ringo para rato”, dice él.