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La noticia estaba en otro lado. Mariana Pajón se estrenaba en los Juegos Olímpicos y toda la atención de los medios estaba puesta en ella. De pronto se supo que Óscar Luis Muñoz Oviedo, un taekwondista más joven que la bicicrosista antioqueña (apenas tiene 19 años), había ganado su segundo combate en la categoría de menos de 58 kilogramos y que estaba cerca de colgarse una medalla. ¡La sorpresa!
Tocó correr. Casi una hora de camino desde el Parque Olímpico hasta el coliseo ExCel, en donde se disputan todos los deportes de combate. En la ronda semifinal, el colombiano enfrentaba nada menos que al doble campeón mundial, el español Joel González, quien hizo valer su experiencia para derrotarlo, pasar a la final y finalmente ganarse el oro.
Pero a Óscar le quedaba una oportunidad de alcanzar la gloria. Por eso siguió ilusionado. Debía enfrentar al tailandés Pen-El Karaket, quien llegó a disputar la medalla por la vía del repechaje.
La barra del asiático estaba alta. Al fin y al cabo el taekwondo es una de las principales disciplinas en ese país. Ninguno punteó en el primer asalto, pero cada intervención del tailandés era ovacionada por sus compatriotas, que intentaban influenciar a los jueces del combate olímpico.
Pegó primero el colombiano, justo al comenzar el segundo asalto de dos minutos. Y aumentó la cuenta un poco después. Se tomó confianza con el 3-1 con el que terminó, pero quedaba un período más. Crecía la ilusión y su entrenador, Álvaro Vidal, le pedía calma. Su rival, en cambio, se quejaba de un fuerte dolor en la rodilla derecha.
Muñoz salió a liquidar, con ímpetu. Se puso 6-4. Pero cometió un error en el último segundo que permitió que su rival le mandara una patada a la cara, que valía tres puntos. Por fortuna Colombia no había utilizado su único derecho a revisión.
El técnico Vidal se paró y lo solicitó, mientras el público gritaba a favor del tailandés, quien se puso a celebrar. Muñoz también tenía fe, pero había que esperar. Finalmente los jueces determinaron que la patada no entró y dejaron el combate 6 a 4 a favor del colombiano.
Feliz, Óscar se tiró al piso. Luego saltó de felicidad. Después se dirigió a la zona mixta, en donde fue el centro de los focos y las miradas. Ahí estaba la noticia.
¿Creyó que se le iba la medalla?
Tenía fe en que había ganado. Fue una acción confusa, pero cuidé mi guardia, aunque cualquier cosa podía pasar. Por fortuna los jueces no dieron el intento como válido.
¿En qué pensó en ese momento, cuando estaban tomando la decisión?
En Dios, en todo el esfuerzo que he hecho. Creo que me lo merecía porque trabajé duro para esto.
Cuando perdió con el español, en la semifinal, ¿se desanimó?
Fue difícil, pero seguí confiando, sabía que tenía un combate más para darla toda.
Ahora, más tranquilo, ¿qué siente?
Una alegría indescriptible, estoy dichoso.
¿Comienza ahora el proyecto para 2016?
Sí, a Río iré por el oro.
¿Por qué el taekwondo y no el béisbol o el fútbol, como la mayoría de los niños costeños?
Porque siempre me gustaron los deportes de combate, veía las películas de Jean Claude Van Damme y Steven Seagal, ellos me inspiraban.
Aún no es bachiller, ¿con esta medalla se gradúa?
Yo sí creo, pero espero que vengan más cosas bonitas en mi carrera.