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Jugar con necesidad en el fútbol es un riesgo innecesario, pero ayer se convirtió en un motivo para que la selección colombiana de fútbol sacara del Maracaná un punto que parecen tres, porque no sólo cortó una racha de tres reveses en línea, sino que le dio de nuevo oxígeno a la tricolor en la eliminatoria suramericana.
Por más que la obligación fuera de Brasil, no sólo por su condición de local sino por la exigencia de ganar y gustar ante su torcida, los dirigidos por Eduardo Lara sabían que necesitaban sumar a como diera lugar y lo hicieron con argumentos de sobra.
Por eso dos palabras resumieron la actuación de los nuestros a lo largo del compromiso: aplicación y criterio. La doble línea de cuatro no sólo cumplía en la misión de taponar la salida auriverde por los costados, sino que al poblar el sector medular, manejó por buenos pasajes el balón y fomentó la desesperación local, que empezó en las gradas y se irradió por el amplio césped del Maracaná.
A los de Dunga, tal y como ha acontecido a lo largo de la eliminatoria, les costó imponer condiciones y dependían de los chispazos de Robinho y las esporádicas incursiones de Kaká, a quien no dejaban ni respirar porque los doblajes en marca funcionaban a la perfección y lo mejor, sin abusar de la pierna fuerte.
Entonces la marcada inoperancia del otrora ‘Scratch’ fue multiplicando la confianza en la tricolor, que tuvo en Gerardo Bedoya y Freddy Guarín la cuota de equilibrio suficiente en la mitad para recuperar y distribuir el balón, al que tuvo mucho acceso Carlos Darwin Quintero, pero sin la suficiente decisión para pisar el área rival, la que sí le sobró a Wason Rentería para disputar todas las pelotas con Lucio y Juan, aunque falló en las pocas que tuvo claras para vencer a Julio César.
Y esa falta de profundidad tricolor contrastó con la del rival, que no llegó mucho, pero cuando estuvo cerca de Julio, generó el
suficiente riesgo, el cual nació por el sector izquierdo de la defensa colombiana, donde Pablo Armero dio ventajas en marca y por momentos careció del apoyo por ese sector de Juan Carlos Toja.
Pero más allá de algunos descuidos, el comportamiento en general fue positivo, razón por la cual Eduardo Lara mantuvo al mismo equipo para el complemento, en el que de nuevo Colombia mostró carácter para apretar a los brasileños en su propio campo y dándole buen uso al esférico para aumentar el desespero de los torcedores.
La angustia también apareció a ras de campo, donde Dunga entonces no tuvo otro camino que el de recurrir a la suplencia y el primero que se quitó el peto fue Mancini para convertirse en socio de Kaká y buscar la profundidad deseada, mas no alcanzada.
Pero ni el del Inter de Milán pudo y por eso la otra modificación fue la de Alexandre Pato por Robinho, y en la primera que tuvo el juvenil atacante, por poco factura frente a Julio, que a esa altura tenía el uniforme impecable porque el cartagenero no había tenido mayor trabajo.
Lara también se movió
Pero así como el seleccionador auriverde le apostó a todo o a nada, de igual forma Eduardo Lara movió paulatinamente sus fichas para evitar que el juego se le saliera de las manos y fue así como quiso refrescar la primera línea con Abel Aguilar y evitar quedarse con 10, porque Bedoya, amonestado desde la inicial, estaba entrando mucho en el roce y podía acumular otra amarilla.
La ausencia de ‘El General’ se sintió un poco, porque Brasil fue adelantando sus líneas, con más ganas que fútbol
propiamente, pero igual tenía la pelota y esa libertad no se les podía brindar a los pentacampeones, que al contar con grandes individualidades, no necesitaban de muchas opciones para marcar diferencia.
Consciente de ello, Lara refrescó el ataque para aprovechar los espacios dejados por los de casa, que cada vez se hacían más notorios. Fue así como Dayro Moreno ingresó por Quintero y Adrián Ramos remplazó a Wason Rentería, que tuvo cómo romper el ayuno anotador y al final le faltó decisión en el último remate.
Faltó poco para anotar y eso impidió un histórico triunfo, aunque al final el empate sin goles sirve y mucho, porque se continúa con vida en la eliminatoria y lo que es mejor, se recobró algo fundamental para cualquier equipo con aspiraciones: confianza en sí mismo.
“Yo acepté sólo para estos dos partidos y quise darle a mi país los cuatro puntos que tenía en mente, apenas pude entregarle uno, pero creo que el esfuerzo de todos los muchachos es para aplaudir porque siembra de nuevo la ilusión”, fue lo único que el llanto le permitió decir a Lara.
Ahora la selección tendrá cinco meses para buscar alternativas que permitan sacudir de nuevo las redes contrarias, porque a finales de marzo próximo recibirá a Bolivia en El Campín por la duodécima jornada.
Y esa tarea le corresponde al actual seleccionador, que llegó de emergencia, pero después de dos partidos mostró credenciales suficientes para quedarse y enderezar de nuevo el rumbo que parecía perdido y anoche con un trabajo colectivo notable parece encontrar una luz de esperanza.