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Días antes de la final del Mundial de Corea y Japón, en 2002, Ronaldo le dijo a El Espectador que su mayor victoria había sido volver a jugar tras dos gravísimas lesiones en su rodilla.
Conquistó ese título y volvió a ser el mejor jugador del mundo, pero evidentemente no pudo ser el mismo que brilló en el PSV Eindhoven, en el Barcelona y en el Inter de Milán. Aún así se las arregló para marcar goles y ganar títulos con Real Madrid, Milan y Corinthians antes de anunciar oficialmente que deja las canchas.
Ayer, en São Paulo, el ‘Fenómeno’ confirmó que “estoy cerrando mi carrera como jugador profesional. Fue linda, maravillosa, emocionante; tuve muchas derrotas, muchas victorias, hice muchos amigos y no recuerdo haber hecho ningún enemigo”.
Con la voz entrecortada y lágrimas en sus mejillas, dijo que “es muy duro abandonar algo que me hizo tan feliz, que tanto amé y con lo que quería seguir, porque psicológicamente quiero mucho, pero mi cuerpo ya no me responde igual”.
El mejor futbolista del mundo de la Fifa en 1996, 1997 y 2002, quien es además el máximo goleador en los Mundiales, con 15 anotaciones entre 1994 y 2006, señaló que “todos saben mi historia con las lesiones: de una pierna para otra, de un músculo para otro. Y esos dolores me hicieron anticipar el final”.
Agregó que los problemas físicos causados por el hipotiroidismo que le fue diagnosticado hace cuatro años tuvieron peso en su decisión. “Cuando estaba en el Milan descubrí que sufría de un disturbio que desacelera el metabolismo y supe que para controlarlo tenía que tomar unas hormonas que son prohibidas en el fútbol”.
Eso explica por qué lucía pesado y lento desde hace un par de temporadas, cuando decidió regresar a Brasil y firmar un millonario contrato con el Corinthians, club con el que jugó su último partido oficial ante el Deportes Tolima, en Ibagué, el pasado 2 de febrero.
Ronaldo se va de las canchas, pero su nombre estará siempre ligado a la historia del buen fútbol y se comparará solamente con otros extraordinarios jugadores como Di Stéfano, Pelé, Beckembauer, Cruyft y Maradona.